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Lunes, 29 de octubre de 2007
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Nanga Parbat
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DÍA 7
Desde el Glaciar Diamir



Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.

El gran murciélago blanco
El Nanga Parbat se muestra ya en toda su magnitud y ofrece el aspecto de este mamífero volador con las alas abiertas

EDURNE, en un jepp camino del campo base. / F. J. PÉREZ

Ayer se mostró en toda su magnitud. El Nanga Parbat es considerado como una gran montaña, aquí, entre el Karakorum y el Himalaya, pero en realidad es todo un macizo montañoso. Lo sería en cualquier otra parte del mundo menos en el reino de las grandes montañas.

Su aspecto, según se aproxima uno al campo base es el de un colosal murciélago blanco con las alas abiertas. En total, se extiende a lo largo de casi 30 kilómetros en orientación suroeste-noreste. Según se mira desde la vertiente Diamir (oeste), bajo la que hoy quedará instalado el campo base, la cabeza de murciélago está coronado por las orejas que forman la cumbre secundaria y la principal del Manga Parbat. La de la izquierda sería la arista Ganalo. Y la derecha, la arista Mazeno, quince kilómetros entorno a los 7.000 metros de altitud que se considera uno de los grandes problemas himaláyicos aún por resolver. Aunque hace dos años una expedición eslovena completó por fin la travesía, les faltó ascender hasta la cumbre del Nanga Parbat desde el último collado.

Ese fue el espectáculo del que disfrutaron los expedicionarios de Edurne Pasaban durante toda la jornada de ayer, segunda de aproximación, en su ascensión desde Zangat hasta la cabecera del glaciar Diamir, junto al que instalaron el último campamento antes de llegar hoy al campo base.

Fue otro día de marcha espectacular, que aunque llegó a los 3.700 metros discurrió entre campos de cultivo, bosques de abedul y campas de hierba. Fue el ejemplo más palpable de que a 3.100 metros de altitud se puede establecer una comunidad. Como es el caso de Kutgali. Eso sí, aunque en el Himalaya y con unas condiciones de vida tan duras como inimaginables en occidente. Kutgali es una pequeña aldea situada en la ladera oeste del pico Ganalo (6.006 metros) formada, por una veintena de chabolas perfectamente integradas en la montaña, junto a un arroyo y rodeada de terrazas de cultivo. Allí unos niños corretean junto a las cabras mientras las niñas cuidan de los más pequeños, cargados a sus espaldas, las mujeres trabajan los cultivos, y los hombres sacan el sueldo de todo el año porteando para las expediciones en los meses de verano.

Un centenar de ellos son los que están trabajando para la expedición de 'Al Filo'. El resto, hasta completar las 126 cargas que van a llegar a campo base, son acarreadas por burros. Precisamente ayer se realizó el protocolario acto del pago de la propina, que se suele hacer al llegar al campo base. La razón de este adelanto de un día no es otra que los porteadores realizan la última jornada de marcha lo más rápido posible, sin esperar a los 'members', para tener tiempo de regresar a sus casas valle abajo o incluso en Chilas, en el mismo día.

Edurne fue la encargada de entregar la cantidad al guía en presencia de todos los porteadores, lo que fue acogido por todos ellos con una gran ovación. No es para menos. Al margen del dinero extra conseguido, no es habitual para ellos recibir el pago de manos de una mujer.

Galería de fotografías
La ruta de ascenso GRÁFICO
El equipo de Edurne GRÁFICO
La expedición
Josu Bereziartu Marianne Chapuisat
Ester Sabadell Iván Vallejo
La expedición de Edurne Pasaban la completan Josu Bereziartu, Marianne
Chapuisat, Ester Sabadell e Iván Vallejo.