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Lunes, 29 de octubre de 2007
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Nanga Parbat
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DÍA 35
Desde el Nanga Parbat



Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.

Los otros amantes de la Diosa desnuda
Aunque la crónica del Nanga parece monopolizada por los alemanes, no sólo ellos han hecho historia en esta montaña

La expedición abandona el 'jeep' al pie del Nanga Parbat. / F.J.P.
· Los alpinistas parten en busca de la cima y CB se vacía
· La montaña de los españoles

La Montaña de los alemanes. Así se conoció al Nanga Parbat durante muchos años, sobre todo en las primeras décadas de su conquista. Tanto que en 1938, cuando los británicos Shipton y Smythe planearon su ascensión, la prensa alemana se echó encima de ellos y recibieron cientos de cartas acusándoles poco menos que de que profanar un santuario exclusivamente germano. Desde su primera ascensión, en 1953, hasta la década de los setenta, prácticamente fue el jardín particular del doctor Herrligkoffer, que organizó casi una decena de expediciones a todas las vertientes de la montaña y sus alpinistas abrieron la mitad de las rutas que tiene la montaña.

Pero en los setenta llegó la democratización del Nanga Parbat. Los primeros que osaron romper el monopolio fueron los checos. En 1969 intentaron repetir la ruta de Hermann Buhl sin lograrlo, aunque dos años después volvieron para completarla. Además, ascendieron la cumbre secundaria (8.042 m.), que Buhl en 1953 había bordeado por debajo. Austriacos, polacos, estadounidenses, franceses, holandeses, italianos... En los años siguientes las expediciones comenzaron a poblar el campo base del Nanga, casi siempre el de la vertiente Diamir, confirmada rápidamente como la ruta más factible. Salvo honrosas excepciones. Como los austriacos que en 1976 se empeñaron en completar la ruta que a la izquierda de la vertiginosa vertiente Rupal, en su arista sur-suroeste, había intentado abrir el año anterior una expedición de Herrligkoffer.

Tras montar tres campamentos en la arista, Hans Schell, Siegi Gimpel, Robert Schauer y Hilmar Sturmse, tuvieron que retornar al campo base por una tormenta. Cuando volvieron a la montaña, el C-III estaba sepultado bajo dos metros de nieve. Lejos de achantarse, montaron el C-IV a 7.450 metros, desde donde el 9 de agosto salieron hacia la cumbre. En los dos días siguientes tuvieron que vivaquear a 7.700 y 8.020, justo debajo de la cima, que alcanzaron el 11 de agosto. Ese mismo día descendieron a la seguridad del C-IV, pese a que Schell, líder de la expedición, bajaba con una embolia pulmonar. Acababan de abrir, casi en estilo alpino y sin porteadores de altura, la que a partir de entonces se conocería como vía Schell, gesta que quedaría ensombrecida dos años después por la ascensión en solitario de Reinhold Messner.

Años trágicos

La década de los ochenta puede considerarse la de los japoneses. Sin buscar paralelismos impropios, lo que los alpinistas del país del sol naciente vivieron esos años recuerda las sucesivas tragedias de los alemanes en la década de los treinta. En ocho años murieron once japoneses, nueve de ellos en dos años, 1983 y 1984.

En esa década de los ochenta, el gran protagonista del Nanga Parbat fue el pilar sureste de la pared Rupal. En 1982 el doctor Herrligkoffer acude por última vez a 'su' montaña en pos de esa ruta, su última asignatura pendiente. A mediados de agosto han instalado el último campo, a 7.500 metros, y cuatro hombres parten hacia la cima por el tramo final del pilar, casi vertical. Pero tres se dan la vuelta ante las dificultades y el suizo Ueli Bülher sigue solo. Vivaquea sin equipo y al día siguiente alcanza la cumbre secundaria (8.042 m.), pero no puede seguir hasta la principal y desciende al campo V. Su gesta se saldaría con la amputación, por congelaciones, de casi la mitad de sus dedos. Tres años después, un grupo polaco dirigido por Jerzy Kukuzcka y en el que también estaba el mexicano Carlos Carsolio, ambos camino de completar los catorce 'ochomiles', completó la ruta hasta la cima principal. Aunque también probaron su crueldad. Los dos últimos días escalaron sin comida ni agua, una avalancha arrasó su campo III y tuvieron que aguantar una tormenta con aparato eléctrico colgados en la pared viendo como las chispas saltaban del pitón en el que estaban asegurados a la roca.

Los japoneses tendrían que esperar a la siguiente década, a 1995 para ver hecho realidad su empeño de poner nombre a una vía en el Nanga Parbat. Fue una variante de la original de Buhl, ya que ellos subieron directamente al conocido como Collado Plateado, donde montaron el último campamento a 7.350 metros. Tras respirar oxigeno embotellado durante la noche, Yuko Yabe, Takeshi Akiyama y Hiroshi Saito partieron hacia la cumbre siguiendo el camino de Buhl. La alcanzaron a las cinco de la tarde y en el descenso vivaquearon a 7.700 metros. Finalmente, alcanzaron las tiendas del Collado Plateado 39 horas después de haber partido. Esta ascensión no hizo más que acrecentar la gesta de Buhl, que tardó apenas una hora más en realizar el mismo recorrido, pero 42 años antes, en solitario y sin haber respirado oxígeno artificial.

Galería de fotografías
La ruta de ascenso GRÁFICO
El equipo de Edurne GRÁFICO
La expedición
Josu Bereziartu Marianne Chapuisat
Ester Sabadell Iván Vallejo
La expedición de Edurne Pasaban la completan Josu Bereziartu, Marianne
Chapuisat, Ester Sabadell e Iván Vallejo.