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Lunes, 29 de octubre de 2007
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DÍA 34
Desde el Nanga Parbat



Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.

«Mi espíritu está lleno»
El coreano Lee Hyun Jo llega al campo base tras completar la segunda travesía de la historia al Nanga Parbat

La expedición, en una de las tiendas. / F.J.P.
· Once alpinistas hacen cumbre y abren la veda

A primera hora de la mañana, los miembros de la expedición asturiana que seguían la ascensión de sus compañeros vieron algo que les dejo atónitos. Había una huella que llegaba hasta la cumbre y luego descendía. Pero eso era imposible, su gente apenas llevaba dos o tres horas de marcha desde el C-IV. Tardaron poco en encontrar el motivo: vieron a través de los prismáticos a una persona que descendía desde el C-IV al C-III. Y no era ninguno que se hubiese dado la vuelta.

¿Quién era entonces, ese ser que descendía, a toda velocidad por cierto, por la ruta Kinshofer pero que no había subido por ella? El cocinero de una de la expediciones arrojó algo de luz sobre el misterio. Su agencia le había avisado de que una expedición coreana estaba intentado realizar la travesía del Nanga Parbat y que era posible que alguno de sus miembros descendiese por la vertiente Diamir.

Así pues, esa persona que descendía era el tercer ser humano, tras los hermanos Messner en 1970, que completaba la travesía del Nanga Parbat. Y además había tenido que hacer cumbre en plena noche. Y además había ascendido o por la vertiente Rakhiot o por la Rupal, en cualquiera de los casos, dos paredes de altísimo compromiso. La curiosidad se apoderó del CB, aunque hubo que esperar muchas horas, casi doce desde que se tuvo constancia de su existencia, para resolver todas las dudas. Su llegada al campo base sorprendió casi tanto como su gesta. Con un inseparable gorro de ala ancha y una sonrisa de oreja a oreja, Lee Hyun Jo parecía que venía de dar una vuelta por el glaciar en vez de haber estado casi treinta horas subiendo y bajando uno de los 'ochomiles' más exigentes. Ni un dedo morado por el frío, ni un labio partido por el viento. Sólo su relato daba fe de la gesta ¿y de la existencia de un compañero de cordada!: Kim Chang Ho, que había realizado la ascensión con él, pero durante el descenso de la cumbre sufrió una caída y se tuvo que quedar en el Campo II a pasar la noche.

Sencillez

Las explicaciones de Lee Hyun Jo sobrecogían tanto por su sencillez como por la magnitud de lo que estaba relatando, de lo que acaban de realizar, sin duda la mayor hazaña de la temporada y una de las mayores de los últimos años en el 'ochomilismo'. Su expedición llevaba tres meses en la montaña y había abierto y equipado hasta seis mil metros en una ruta paralela a la realizada (y nunca repetida por su peligrosidad) por los hermanos Messner en el espolón SSE de la pared Rupal, la más alta del mundo con sus cuatro mil metros de desnivel. Por fin, él y su compañero partieron el pasado día 4 hacia la cumbre.

Tuvieron que esperar dos días en su C-III, a 7.100 metros, a que mejorase el tiempo y el jueves, al mediodía, partieron hacia la cima. Escalaron en estilo alpino por el espolón, llegaron a la base del trapecio cimero y lo bordearon hasta llegar al collado Bazhin y pasar a la vertiente Diamir, por donde ascendieron el trapecio cimero. Llegaron a la cima a las once de la noche, «en medio de una nevada con viento muy fuerte y 22 grados bajo cero», e inmediatamente iniciaron el descenso por la vertiente Diamir. En total, desde que salieron de su CB hasta que han llegado al de la vertiente Diamir han transcurrido nueve días. Pero no lo parecía. No quiso comer nada y se limitó a pedir lassi, una especie de yogur líquido típico de estos paises asiáticos y a sonreír y saludar. No tenía frío, ni hambre, ni sueño. Y cuando alguien le preguntaba si necesitaba algo, su respuesta siempre era la misma: «No gracias, mi espíritu está lleno».

Galería de fotografías
La ruta de ascenso GRÁFICO
El equipo de Edurne GRÁFICO
La expedición
Josu Bereziartu Marianne Chapuisat
Ester Sabadell Iván Vallejo
La expedición de Edurne Pasaban la completan Josu Bereziartu, Marianne
Chapuisat, Ester Sabadell e Iván Vallejo.