| DÍA 41 |
| Desde el Nanga Parbat |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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Pasaban renuncia
al Broad Peak
La alpinista tolosarra da por acabada la temporada himalayista
«porque la exigencia del Nanga ha sido muy alta»
«No hay un sólo motivo, es un conjunto de ellos
los que me han llevado a dejar el Broad Peak para otro momento».
Edurne Pasaban desvelaba ayer lo que se rumiaba en el campo base
incluso desde antes de que hiciese cumbre, hace tres días.
La larga duración de la expedición, el gran esfuerzo
-físico y mental- que ha exigido el Nanga Parbat, la previsión
meteorológica, que ofrece una gran incertidumbre sobre
el tiempo que va a hacer en las próximas semanas en el
Karakorum....
Todos estos motivos, y alguno más, han llevado a la tolosarra
a dar por terminada su campaña de los 'ochomiles' por este
año, y con un balance más que positivo. «Creo
que puedo estar más que satisfecha. Menos de un año
después de sufrir las amputaciones de los dedos por lo
del K2 he ascendido otro 'ochomil' y, lo que es aún más
importante, los pies han respondido perfectamente», explicaba
ayer Edurne. Lejos de mostrarse preocupada, la decisión
final parecía haberle quitado un peso de encima.
Por si fuera poco, este año el Broad Peak, y en general
todas las montañas del Karakorum, se están mostrando
muy esquivas, han tenido poquísimas ascensiones y concretamente
el Broad Peak aún no ha sido hollado por ningún
alpinista. A lo más alto que han llegado ha sido a la antecima.
«Por si tenía pocos motivos para tomarme las cosas
con tranquilidad creo que esta circunstancia es el remate. Mi
idea era realizar una ascensión muy rápida y ligera
aprovechando la aclimatación del Nanga, pero si la montaña
está en muy malas condiciones y la ruta ni tan siquiera
está abierta hasta la cima no merece la pena que vaya»,
remataba la 'ochomilista' guipuzcoana
En cuanto a próximos proyectos himalayistas, Edurne aplica
la filosofía que le ha caracterizado hasta ahora. Ir paso
a paso. Por eso, de momento no se ha planteado cuál será
su próximo 'ochomil' ni cuando. «No me gusta hacer
planes a largo plazo. Ahora estoy aquí, en el Nanga, preparando
los bidones para la marcha y disfrutando de la cumbre y para mí
es ahora lo importante. Ya tendré tiempo de pensar que
voy a hacer el año que viene», explicaba.
Sin embargo, tampoco va a estar parada. En los próximos
días llegará a Islamabad, pero no retornará
a casa con el resto de la expedición. Allí esperará
a su compañero, Oriol Rivas, que también está
escalando en el Karakorum, y entre agosto y septiembre emprenderán
una nueva aventura: recorrer en bicicleta más de mil quinientos
kilómetros entre Ulam Bator y Pekín, capitales de
Mongolia y China. «Era algo que quería hacer desde
hace tiempo. Algo distinto a los 'ochomiles' y como también
me ilusionaba hacer algún proyecto con bicicleta esta idea
nos pareció muy bonita».
Mientras tanto, ayer se conocieron más detalles de la
ascensión de la austriaca Gerlinde Kalterbrunner al G-II
y éstos no hacen más que confirmar, frente a la
tranquilidad de Edurne, que Gerlinde sí que está
empeñada en la carrera de los 'ochomiles'. Ella estaba
ya en los campos de altura de la montaña, junto con otros
expediciones, cuando llegó la noticia de un cambio inminente
de tiempo. Mientras los demás alpinistas daban media vuelta
y descendían hacia el campo base, ella decidió jugárselo
todo a una carta y partió en solitario hacia la cumbre
desde 7.100 metros de altura. Tras trece horas de ascensión
con muy mal tiempo, hollaba su octavo 'ochomil'.
Y con esos ocho 'ochomiles' continuarán vasca y austriaca
por lo menos hasta el año que viene, ya que Gerlinde también
ha renunciado a escalar el Broad Peak -los motivos son prácticamente
los mismos que los de la tolosarra- y, al igual que Edurne, tampoco
tiene, en principio planes para este otoño en el Himalaya
tras haber ascendido este año el Shisha Pangma y el G-II
y haber intentado el Everest.
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