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  TESTIMONIOS
«Contra la mentira de los trenes de la muerte»
C. Calvar

 
«No soporto que la gente hable de ‘trenes de la muerte’. Yo conducía uno, pero no llevé a nadie a la muerte; no fuimos ni nosotros ni los trenes, fueron los terroristas». Roberto Martín es uno de los cuatro maquinistas de Renfe que el 11-M conducían los convoyes atacados. El suyo hacía el trayecto Alcalá de Henares-Chamartín. Cuatro bombas en los vagones 1, 4, 5 y 6 mataron a 59 personas. Incrustadas en su cerebro, las imágenes de restos humanos desperdigados junto a la calle de Téllez y de los heridos que pedían ayuda, atormentaron su pensamiento durante el tiempo en que fue incapaz de sentarse a los mandos de una locomotora. El regreso, dice, «ha sido duro. Lo voy superando, pero no lo podré olvidar en la vida».

El tren, recuerda, estaba parado. Bajó a las vías y una mujer, convencida de que habían chocado, le espetó: «‘¿Qué es lo que has hecho?’ Sabía que no era un choque porque no había nada delante. Me fui a reconocer el tren, pero al llegar al quinto coche me vine abajo, era horroroso. Ayudé en lo que pude».

Su compañero, Antonio Delgado, sevillano de 41 años, guiaba el tren atacado en El Pozo. «Vi por el espejo cómo reventaba el coche y salían los cuerpos despedidos. Ahí me di cuenta de que eran bombas. Los cuerpos parecían muñecos ¡y eran personas!». Delgado admite que lo dominaron «los nervios y el pánico», pero fue capaz de reaccionar para comunicarse con el puesto de mando. Hoy asegura que no tiene miedo, pero cada vez que pasa con su convoy por El Pozo le resulta «inevitable» recordar. Es de los que piensan que pudo haber «hecho más».