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Jose Mari Elosegi | Viajero
«No hago apología de la aventura,
pero viajar te enseña que la tierra es un solo
país»
Está acostumbrado a recorrer el mundo desde que terminó la carrera de Derecho. José Mari Elósegui
(San Sebastián, 1958) y la serie de televisión 'La ruta de Samarkanda', en la que participó de forma activa, han recibido múltiples premios. Defiende una TV con más viajes y menos fútbol, y no perdona
un partido de pala en Ondarreta
-¿Para qué se viaja?
-Mi viaje nace del interior de mí mismo. Es curiosidad.
No lo hago ni para ganar dinero ni para hacerme famoso ni para conquistar nada,
sino por ganas de conocer el mundo.
-¿Qué es lo mejor de los viajes?
-Suelen
decir que después de dar la vuelta al mundo uno se conoce a sí mismo. Yo he
aprendido a conocer a la familia humana, a saber que la tierra es un solo país
y que entre los esquimales y nosotros las diferencias no son tan grandes. Aprendes
a prescindir de muchas cosas y a vivir de forma más sobria.
-¿Y lo peor?
-Cuanto
más conoces más te das cuenta de que te faltan muchas cosas por conocer y la
inquietud se te acrecienta. Otra cosa mala son las trabas, tasas y límites que
algunos gobiernos ponen para entrar y que no tienen que ver con la gente del
país.
-¿Qué podemos aprender de Asia?
-Su filosofía y sabiduría de la vida.
Son civilizaciones muy antiguas y muy evolucionadas, con religiones pioneras.
-¿De Africa?
-La espontaneidad, la jovialidad, la naturalidad y la alegría..
-¿De América?
-La forma en que la gente se aferra a sus antiguas tradiciones,
desde los Mayas a los Incas. De Estados Unidos, su profesionalidad y su seriedad.
Aquí te dan algo por ser hijo de alguien o por tener un contacto. Allí, o eres
bueno o nada. Son gente sin doblez. Son como niños, para lo bueno y lo malo.
-¿De Oceanía?
-Un neozelandés es como un americano más serio, y un australiano,
como uno menos evolucionado. Oceanía es la tierra de la aventura por descubrir.
Para nosotros, Nueva Zelanda es el punto más remoto.
-¿De Europa?
-Europa es
nuestra casa, por eso ahora tiene un menor atractivo para mí.
-Maruja Torres dice que el verdadero viaje es al interior de uno mismo.
-Yo no hago el viaje
hacia mí mismo, pero al viajar te reconoces, estás todo el día cuestionando
tu individualidad. Es un ejercicio de acoplamiento.
-¿Sabe que siempre regresará a Donostia?
-Yo creo que sí. La idea es volver. Otra cosa es que un día te quedes
por el camino, algo que resulta muy fácil. Más de una vez he estado a punto
de morirme. Muchas. Es normal. No lo vas buscando. Pero la curiosidad te puede
llevar a naufragios, accidentes de coche, volcanes, riadas, enfermedades. Y
a lo más peligroso, los bandidos, los piratas o asaltantes. Eres un reclamo
para muchos.
-¿Qué aprendió de las malas experiencias?
-Que tienes que tener
cuidado. Es una profesión peligrosa, como la del torero, pero no puedes dejar
de hacerla. Cuanto más en peligro está tu vida más la valoras y más te das cuenta
de que no puedes malgastarla ni perderla. Si me quedara aquí me moriría de estrés,
de aburrimiento.
-¿Qué tiene de bueno y de malo Donostia?
-De bueno, la familia,
los amigos y el estar en casa. De malo, que es una ciudad demasiado cerrada
en sí misma. Culturalmente, también le falta algo.
-¿Entiende a la familia de Hondarribia que pasó 17 años viajando en un velero?
-Perfectamente. Han sido nómadas modernos. El
hombre siempre lo ha sido. Es lo mejor que podían
haber hecho. No hago apología de la aventura,
pero hay que animarse a salir.
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