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La Agencia Espacial
Europea demuestra que las olas gigantes no son
un mito
La información
de los satélites muestra que se pueden
producir también lejos de las corrientes
EFE./MADRID (22-ViI-2004)
La Agencia Espacial Europea (ESA) ha conseguido
demostrar que las olas gigantes de hasta diez
pisos de altura capaces de hundir navíos
«no son un mito», sino que verdaderamente
existen, como se desprende de los resultados obtenidos
de su nave espacial ERS.
La ESA informó ayer de que esos resultados,
que han ayudado a determinar la existencia de
estas olas, se usan ahora para estudiar sus orígenes,
que estarían vinculados con corrientes
y remolinos oceánicos, cuya fuerza concentraría
la energía de la onda, ampliando su volumen.
Esto es especialmente cierto en el caso de la
peligrosa corriente de Agulhas, en la costa oriental
de Sudáfrica, pero también pueden
encontrarse olas gigantes vinculadas a otras corrientes
como la del Golfo en el Atlántico Norte,
en interacción con las olas que bajan del
mar de Labrador.
Por otro lado, la información muestra
que las olas gigantes también pueden producirse
lejos de las corrientes, a menudo en la vecindad
de frentes atmosféricos de alta o baja
presión.
Los vientos sostenidos de tormentas prolongadas,
de más de doce horas pueden amplificar
las olas que se mueven a una velocidad óptima
en sincronismo con el viento: si van demasiado
rápidamente se adelantan a la tormenta
y se disipan; si van demasiado lento, quedan retrasadas.
Durante las pasadas dos décadas, las tormentas
hundieron más de 200 superpetroleros y
barcos de contenedores de más de 200 metros
de eslora, y se cree que las olas gigantes fueron
la causa principal.
Los marineros que han sobrevivido tales sucesos
cuentan historias notables, como cuando en febrero
de 1995 el trasatlántico Queen Elizabeth
II se encontró con una ola gigante de 29
metros de alto durante un huracán en el
Atlántico Norte, a la que el capitán
Ronald Warwick describió como «una
inmensa muralla de agua».
En diciembre de 2000, la UE inició un
proyecto científico llamado MaxWave para
confirmar la frecuencia y localización
de olas gigantes, modelar cómo se producen
y considerar sus implicaciones para los criterios
de diseño de barcos y plataformas petrolíferas.
Censo mundial de olas
Como parte de MaxWave, los datos de los satélites
de radar ERS de la ESA fueron los primeros utilizados
para efectuar un censo mundial de olas gigantes.
«Sin cobertura aérea de sensores
de radar no teníamos posibilidades de encontrar
nada», según Wolfgang Rosenthal,
quien encabezó el proyecto de tres años
MaxWave, y es un científico senior del
centro de investigaciones GKSS Forschungszentrum
Gmbh, con sede en Geesthacht, Alemania.
«Todo lo que teníamos para avanzar
eran datos de radar recogidos de plataformas petroleras.
Así que estábamos interesados en
usar ERS desde el principio», añadió.
Los dos satélites gemelos de ESA, ERS
1 y 2, lanzados en 1991 y 1995 respectivamente,
tienen un radar de apertura sintética (SAR,
siglas en inglés) como instrumento principal.
El SAR trabaja en varias modalidades, y cuando
está sobre el océano lo hace a modo
de ola, adquiriendo «pequeñas imágenes»
(imagettes) de 10 por 5 km de la superficie del
mar cada 200 km.
Estas pequeñas imágenes son luego
transformadas matemáticamente en desgloses
promediados de la energía y dirección
de las olas.
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