Imagen del espectáculo / Cirque Du Soleil

Varekai, el espectáculo

Más difícil todavía (Jon Fernández. GPS)

CARLOS BENITO

Hace mucho tiempo que el circo convencional tiene dificultades para engañar incluso a los niños. La imagen mítica de este espectáculo –el mayor del mundo, ya saben– no logra ocultar los costurones de las carpas, la dura realidad de las fieras enjauladas, lo anacrónico del show. Quizá siempre fue así y no nos dábamos cuenta, o quizá lo que ocurre es que ahora sí tenemos con qué compararlo: el Circo del Sol viene a ser la encarnación perfecta de esa magia y ese sobrecogimiento que siempre se han atribuido a este antiguo arte. Sus espectáculos sí logran abolir por un rato todas las leyes físicas y obrar uno de los trucos más difíciles que existen: convertir a los adultos en niños fascinados.

Los bilbaínos ya han tenido tres ocasiones de experimentar esta maravilla sin salir de la ciudad –en 2000 con 'Quidam', en 2003 con 'Saltimbanco' y en 2005 con 'Dralion'– y a finales de marzo recibirán de nuevo a la troupe del Circo del Sol con 'Varekai', una historia basada libremente en el mito de Ícaro: el joven de las alas fundidas por el sol no cae en esta ocasión al mar, sino a un bosque habitado por criaturas fantásticas. El título significa 'En cualquier lugar' en lengua romaní, y este recurso al idioma de los gitanos no es una ocurrencia neutra, ya que el show pretende rendir tributo al espíritu nómada de la tradición circense.

El espectáculo se ajusta a los patrones establecidos por el Circo del Sol desde su fundación en 1984 en Québec: las acrobacias increíbles no sólo causan pasmo por su dificultad, sino que también persiguen conmover el ánimo gracias al apoyo de la iluminación y la música. Además del propio vuelo de Ícaro, un momento de especial emotividad en esta gira es el 'Solo sobre muletas', el baile del coreógrafo estadounidense Bill Shannon sobre los bastones que debe utilizar para desplazarse. Tampoco faltan los malabares ni los peculiares payasos Mooky y Steven, pero, como siempre, no hay animales.

Las cifras del Circo del Sol imponen: tiene 4.000 empleados y, en este cuarto de siglo, ha sumado 800 millones de espectadores en los cinco continentes. Este año lleva por el mundo 17 shows de manera simultánea. En la caravana de 'Varekai' que llegará a Bilbao viajan 180 personas, de las que 56 actúan en el espectáculo. Se trata de una comunidad cosmopolita con miembros de 20 nacionalidades distintas, un 'dream team' de la acrobacia, la encarnación perfecta de ese circo mítico que, hasta ahora, quizá sólo existía en los sueños.