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AULA DE CULTURA VIRTUAL

DÍAS DE RUIDO Y FURIA
LA TELEVISIÓN QUE ME TOCÓ VIVIR

D. Alfredo Urdaci
Ex director de Informativos de TVE

Bilbao, 21 de marzo de 2005


Días de ruido y furia es un ejercicio del derecho de réplica. Parafraseando a Camilo José Cela en La familia de Pascual Duarte –que dicho sea de paso es el Cela que más me gusta– debo anunciar que quienes más han hecho por este libro son mis enemigos, puesto que la gran curiosidad que ha despertado se debe a la campaña de promoción que han hecho contra mí. De mí se ha dicho casi de todo –menos que maté a Kennedy–, y se ha dibujado un retrato que no corresponde con la realidad. Si, como decía Ortega y Gasset, "la verdad es una construcción que se hace de forma colectiva", yo he visto cómo a esa verdad le faltaba una voz.

De todos modos, este libro no es una venganza. Mientras que la venganza es una respuesta de una intensidad y de una injusticia siempre superior al ataque, mi respuesta es civilizada, en forma de palabra: quien quiera leerlo, que lo lea, y quien no tenga interés, que no lo haga. Asimismo, el libro tiene un enorme interés para los periodistas (así me lo han manifestado) porque se habla mucho de la vida interna de una redacción, de cómo se preparan grandes coberturas ante una noticia urgente como, por ejemplo, la del 11 de septiembre o la del 11 de marzo. Igualmente, puede concitar la atención de todos aquellos que quieran conocer buena parte de la historia reciente de este país, vivida, sobre todo, desde una redacción.

El libro arranca con el 11 de marzo porque creo que los atentados de Atocha marcan con una huella imborrable el futuro de este país. Asimismo, considero que seguimos instalados hoy día en la conmoción que provocaron los atentados de esa mañana, y que, además, el horizonte político, social y mediático cambió de una forma profundamente radical a partir de ese día. Desde la perspectiva política, ya al final de ese fatídico 11 de marzo, la izquierda enmarca los atentados dentro de una estrategia de agitación callejera que llevaba puesta en marcha desde prácticamente marzo de 2000, tras la victoria por mayoría absoluta del Partido Popular (PP); al mismo tiempo, el Gobierno vuelve a incurrir, también a partir de las primeras horas de ese 11 de marzo, en algunos de los mismos errores de comunicación y políticos que llevaba cometiendo desde hacía mucho tiempo, prácticamente desde la crisis de la huelga general y, sobre todo, desde la del Prestige.

A partir de las ocho y algunos minutos de la mañana del día 11 de marzo, hay dos certezas apresuradas que, en una carrera angustiosa y desesperada, corren por llegar vivas al 14 de marzo, día de las elecciones generales. Hay que volver siempre sobre el 11 de marzo hasta que conozcamos realmente la verdad. Ahora bien, no me refiero a aquella verdad ("¡Queremos la verdad!") que se gritaba en las manifestaciones del día 13 ante las sedes del PP y que estaba escrita en aquellas pancartas urgentes que exigían que el Gobierno confesara en ese momento todo lo que sabía. Estoy aludiendo a la verdad cierta, a la verdad a la que cuesta llegar, a la verdad de los detalles.

Recuerdo que, desde la primera hora de ese 11 de marzo, nosotros pusimos en práctica un protocolo de actuación que teníamos ensayado desde hacía mucho tiempo. Cuando hace tres meses –en noviembre de 2004– tuve la suerte de asistir en la Universidad de Navarra a un coloquio con otro responsable de informativos de cadenas de radio y televisión nacionales, me sorprendió que ellos afirmaran que no había protocolo para actuar en un caso como éste. Por su puesto que lo había, y estaba designado desde el 11 de septiembre de 2001 y mucho antes, ante tantos atentados de la banda terrorista ETA.



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