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AULA DE CULTURA VIRTUAL

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Transcripción de la conferencia de Mercé Rivas

Y ya que he mencionado la invasión rusa, tendremos que plantearnos por qué y cómo surgen los talibanes. En principio, desde el momento en que comienzan a entrar los soviéticos, paralelamente, nace un movimiento contrario y, como parte del mismo, aparecen los talibanes. Se asoman al panorama bélico afirmando que son la interpretación de El Corán, lo cual no es cierto puesto que este texto también habla de muchas otras cosas que poco o nada tienen que ver con las brutalidades que llevan a cabo. Uno puede estar o no de acuerdo con él, pero es un tratado de buenas intenciones que, efectivamente, no tiene que ver con los talibanes. Entonces, ¿de dónde proceden? Pues nada más y nada menos que de la orfandad que provoca esa guerra contra los soviéticos. Cuando surgió este movimiento, todo eran niños que quedaron huérfanos, que emigraron a Pakistán y que fueron captados por las denominadas madrasas, escuelas en las que sólo se estudia una interpretación muy sui generis de El Corán y en las que está terminantemente prohibida cualquier tipo de relación con las mujeres, incluso con las de la propia familia. Esto significa que crecen completamente solos, con la única compañía de sus profesores en materia coránica, que les inculcan una forma de ver la vida por la que toda mujer, en cualquier momento y en cualquier aspecto, representa la tentación. Pues bien, desde ahí se fue gestando el movimiento talibán.

Claro que dicho movimiento talibán no hubiese sido nada si no hubiesen estado una serie de países detrás; países que les apoyaron, que les proporcionaron fondos económicos y que patrocinaron en cierto modo su ideología. Por eso mismo fueron creciendo. Mas ¿qué ocurre cuando comienzan a entrar en el país y lo van conquistando? Que la mayoría son de la etnia pashtun, la más importante de Afganistán y situada en el centro y en el sur de éste; el resto de las etnias, tayicos, uzbecos, algunas de origen hindú e incluso las judías de Kabul y Herat, forman la Alianza del Norte y se sitúan en contra de los anteriores, representados por los talibanes (no todos los pashtunes son talibanes, pero sí que todos los talibanes son pashtunes). De esta manera, se crean dos bloques cuyo enfrentamiento se basa en la falta mutua de respeto, en la negación de los derechos humanos de ambos; y digo «de ambos» porque solemos hablar de cómo los talibanes han arremetido contra los derechos fundamentales del hombre, pero nunca nos referimos a la actuación de la Alianza, que, realmente, se ha comportado similarmente. Efectivamente, no se ha quedado corta para nada, en ningún momento; de hecho, los de ese bloque fueron los que comenzaron con las lapidaciones, y también han cometido verdaderas atrocidades en nombre de no se sabe muy bien qué.

Así las cosas, los talibanes fueron haciéndose con el país hasta que, en el año 1995, tomaron la capital, Kabul. Y, a partir de ese momento, lograron mantenerse; pero ¿por qué? Porque tenían las armas, no porque controlaban la sociedad. Debemos tener en cuenta que más del 50% de esa sociedad, como ya comentaba, era femenina, por lo que podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que casi toda estaba en contra de la invasión. Las mujeres comenzaban a enclaustrarse por obligación en sus casas, para salir, tenían que llevar el tristemente conocido burka (y, a estas alturas, ya sabemos de sobra lo que es ver pasar la vida desde semejante atuendo, desde una rejilla que tan sólo permite ver lo que se tiene justo enfrente, ni a derecha ni a izquierda, y en gris, lo cual es sumamente duro y despiadado) y se les negaba absolutamente todo: no sólo el poder ir a trabajar, sino incluso acudir a un hospital, hecho que queda reflejado en la novela, cuando la abuela de Nassima está a punto de morir porque está gravemente enferma y, sin embargo, no pueden ingresarla en un centro médico. La verdad es que esto es el pan nuestro de cada día, puesto que, hace tan sólo unos pocos días, podíamos leer en un periódico que un médico de Kabul explicaba el caso de una mujer a la que tuvo que extraer una muela a través del burka, haciéndole un agujero en el vestido, porque el marido no consentía que se lo quitasen. Por tanto, es algo que ya viene durando demasiado tiempo, y me temo que aún le queda mucho más para ver el final.

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