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Transcripción de la conversación entre Arturo Pérez-Reverte
y Félix Linares el 13 de junio de 2002
Arturo Pérez-Reverte: Claro. Pero es que en realidad
hay muchos miserables que no tienen la culpa de serlo. La vida
es muy perra, entonces, por mucho que el valor y la dignidad
sean fundamentales, si tú tienes cinco hijos a los que
tienes que dar de comer como a los pajarillos del nido, aunque
tu jefe siempre sea el malo, no le puedes mandar a hacer puñetas,
porque si no a ver quién va a alimentar a Aitor, o a Gorka.
Ésa es la puñetera trampa de la vida. Siempre te
atrapan por ahí y te hacen vulnerable. Así que
cuando retrato a los miserables siempre me digo que quizá
lo sean porque las circunstancias les obligan a serlo. Es decir,
siempre les trato con piedad, aunque no sé si es la palabra
oportuna, siempre trato de reflejar que no hay cosas blancas
ni negras. Ahora, cuando hay un miserable perfecto, absoluto,
si puedo le escupo a los ojos.
Félix Linares: Vayamos con la estructura de la novela, que
es verdaderamente diferente a lo que tú habías
hecho antes. En principio, es la primera novela que no tiene
anclajes en el pasado, ¿no?, porque según todos
tus libros anteriores, o bien ocurren en el pasado o bien hay
una referencia que lleva a los protagonistas a él. ¿Qué
te ha sucedido aquí?
Arturo Pérez-Reverte: En efecto, creo que es la única, y el
motivo es que esta vez no necesitaba utilizar el pasado. Esta
vez, teniendo en cuenta que una novela es un conjunto de cosas
al servicio de una idea, la historia que quería contar
no tenía precedentes, lo que supone un peligro porque
quizá pierda a los lectores a los que les gusta el pasado.
Félix Linares: ¿De verdad crees que un autor pierde
lectores?
Arturo Pérez-Reverte: No sé. Creo que llega un momento
en el que tienes un territorio propio que el lector que te sigue
sabe que es tuyo, y si te sigue es porque le gusta ese territorio;
entonces, te puedes permitir ciertas incursiones, ampliaciones,
pero nunca puedes abandonar la base de partida. Siempre debe
haber un hilo conductor entre tus novelas, por muy diferentes
que sean, que una las primeras con las últimas. Al menos
yo, como lector, siento que eso sucede con otros autores, al
tiempo que imagino que lo mismo pasará conmigo.
La verdad es que ésta es una
novela revertiana, muy revertiana. Los personajes son
típicamente míos, incluida ella. Y si bien es cierto
que cambian el escenario, el mundo y por tanto el lenguaje, más
bien lo hago por no aburrirme. De hecho, yo ya he dicho muchas
veces que escribo siempre la misma novela; cambio el corazón,
el punto de vista, el territorio, sí, pero es siempre
la misma novela. Esos cambios los hago por no caer en la monotonía,
lo acabo de decir, y porque no necesito dar con la fórmula
para escribir una más, y otra, y otra y otra. Yo ya tengo
lo que quería tener: una casa, libros, un velero, que
es mi único lujo, y poco más. O sea, que ya me
da igual, y si hago novelas es porque me apetece, porque me siento
bien con esas historias, porque soy feliz, en definitiva. Sería
ridículo, entonces, estar fabricando "churros"
por año.
Félix Linares: Si asumes que todas tus novelas son revertianas
¿por qué te niegas a aceptar que esa especie de
narrador que aparece circunstancialmente en la novela eres tú?
Arturo Pérez-Reverte: Por muchas razones. Primero, porque no soy
yo, porque es la novela, es ficción, y nada de lo que
hay dentro es verdad. En esta novela salen muchos nombres propios
que existen en la vida real, mas una vez en la novela son personajes
de ficción, porque me lo invento todo, porque manipulo
y porque soy yo pero en realidad podía no ser yo, podía
ser cualquiera. Tan sólo es un punto de vista, es alguien
que cuenta, un narrador. ¿Sabes qué sucede? Que
cuando escribo una novela lo primero que hago es una estructura
muy definida, muy clara, muy precisa, para poder montar o ensamblar
en ella. Mis novelas son muy complejas, aparentemente sencillas
pero complejas, y para que haya una armonía y el lector
fluya por ellas, hay que dotarles de una estructura subyacente
que las sostenga. Esta vez, en cambio, no tenía una estructura
clara, así que cuando empecé a viajar para recopilar
datos que me sirvieran para crear la ambientación de la
novela, me di cuenta de que mi misma gestión, ese mi mismo
viaje, valía como estructura del texto. Entonces, pensé
que si iba a hacer un trabajo ¿por qué no utilizar
mis entrevistas, mis conversaciones, mis viajes, como cañamazo
para tejer en torno a él?
Félix Linares: Luego eres tú.
Arturo Pérez-Reverte: Soy yo, sí, porque
es un tipo que ha sido reportero y que es escritor, pero nada
más. Quiero decir que no me hago responsable ni me solidarizo
con nada; ninguno de sus puntos de vista tienen por qué
ser míos. A lo mejor coincide que lo son, pero no tienen
por qué serlo.
Félix Linares: Entonces, quizá eso venga de la época
de Territorio Comanche, ¿no?, de la que también
decías que era una obra de ficción.
Arturo Pérez-Reverte: Territorio Comanche
es autobiográfico. Todo lo que aparece en ese libro, salvo
el nombre del protagonista, es real. Eso sí que es un
pedazo de mi vida absolutamente traspuesto, y además estoy
muy contento con ese libro. Yo quería irme del periodismo
porque estaba cansado de hablar de Sarajevo mientras aquí
se zapeaba con el fútbol, harto de ver a Solana riéndose
en los telediarios, entonces decidí largarme, abandonar
la profesión; sin embargo, antes quise que supierais cómo
lo veía, qué había detrás de la cámara,
qué era lo que no os había contado e incluso qué
estaba pensando sobre vosotros, sobre el espectador, así
como sobre mí mismo, y por eso escribí ese libro.
En definitiva, fue una especie de testamento, de despedida del
periodismo, y realmente es el libro del que estoy más
orgulloso, quizá porque es el más sincero que nunca
he escrito.
Félix Linares: Incluso con la edición quisiste marcar
la diferencia, porque tú eres un autor fiel a Alfaguara
y en este caso el libro lo publicaste con otra editorial.
Arturo Pérez-Reverte: Bueno, no veas el rebote que se cogieron. Uno
de los privilegios de un autor de éxito, como dice mi
editora, es que a veces puedes hacer esas faenas, y no pasa nada.
La verdad es que me propuse que ese libro no tuviera nada que
ver con el resto de mis novelas, quería que quedara muy
claro que era otra cosa, y por eso lo publicó un amigo
mío. Además lo escribí en unas dos semanas,
quince días, más o menos.
Félix Linares: Más víscera que mente.
Arturo Pérez-Reverte: Absolutamente víscera. Ni calculé
las consecuencias. Claro que tampoco imaginé que iba a
ser lo que fue, que se iban a publicar 60 ediciones, o que me
iban a venir con el libro unos chicos de la facultad, como me
sucedió el otro día en Barcelona. Para mí
se trataba de un desahogo personal que, según lo que yo
pensaba, sería un libro marginal. Nunca imagine que iba
a tener tanto éxito ni que se iba a montar el jaleo que
después se montó.
Félix Linares: O sea que tanto trabajo para elaborar las estructuras
de libros como El Club Dumas o La Tabla de Flandes
y de repente, el que escribes a bote pronto es el que...
Arturo Pérez-Reverte: Para que veas lo que es la vida.
Félix Linares: Bueno, no. Con El Club Dumas ya te habías
convertido en una estrella, con perdón.
Arturo Pérez-Reverte: Hombre, sí es cierto que ya no
me jugaba nada porque mi nombre ya funcionaba. Ya sabía
que podía vivir de la literatura, entonces renuncié
a una antigüedad, a una pasta que me hubieran tenido que
pagar, etc., ya que la verdad es que me daba igual. Estaba harto
de la tele y por eso me fui. No me gustaba nada Televisión
Española, no me gustaban mis espectadores, estaba harto
de contar inútilmente una guerra que había contado
200 veces. Yo siempre me acuerdo del día en que cayó
una bomba en un barrio de Sarajevo y le reventó a un chiquillo
pequeño. Márquez estaba conmigo y por una vez en
su vida filmó un poco y después se puso a ayudar
al crío. Lo metimos en el coche y lo llevamos al hospital.
Conducía Márquez. Íbamos por la ciudad a
toda pastilla. Llevaba al chiquillo encima, que estaba sangrando
por todos lados y me puso perdido. Yo le decía: «No
te duermas», evitaba a toda costa que se durmiera. Pero
se nos murió y llegamos al hospital con él muerto;
entonces, allí lo dejamos. Márquez, como hacía
siempre, filmó impasible y cuando se quedó solo
se apoyó en la pared con la cámara, fumando un
cigarrillo, callado. Volvimos al hotel y no había agua
para lavarnos, así que estuve tres días con la
camisa manchada de sangre. Me acuerdo de que la llevaba hasta
en las uñas, que estaban largas porque no tenía
cortaúñas.
Pues bien, por esas mismas fechas,
en Madrid, salía Solana por la tele diciendo que no pasaba
nada; por eso lo odio tanto. Te doy mi palabra de honor si te
digo que no tengo nada personal contra Solana, ni siquiera políticamente,
pero es que el tío estaba negociando en Sarajevo dándole
besos a Milosevic. Entonces, como yo le veía sonriendo
mientras todo aquello pasaba, llegué a odiar su sonrisa.
Además simbolizaba justamente lo que me hizo aborrecer
el periodismo, lo que me hizo vomitar por dentro y decidir que
se había acabado, que todo era una mierda y que no tenía
sentido seguir metido en aquello. ¿Para qué iba
a soñar? Todo se terminó, y abandoné el
periodismo porque, entre otras cosas, me di cuenta de que 21
años haciendo lo mismo para nada eran más que suficiente.
Era hora de que se encargaran otros que todavía tenían
fe, aunque yo sabía que no iba a cambiar nada, que estábamos
haciendo el gilipollas y que acabaríamos todos muertos
(de hecho, en esa guerra mataron a 56 compañeros, 12 de
los cuales eran amigos míos). ¿Qué sucede?
Que con 20 años te matan por tus sueños, por la
aventura; con 30 años, por la profesión. Pero con
40 años ¿para qué me van a matar? ¿Para
que Solana se ría y diga que no pasa nada? Por eso le
tengo tirria al pobre hombre, que tampoco me ha hecho nunca nada.
Quizá se pregunte por qué simboliza tantas cosas
horribles para mí, pero es que ahí estaba, dándole
besos en la boca a Milosevic -que, por cierto, mira dónde
está ahora-.
Félix Linares: Bueno, como no queda mucho tiempo, no te vas
a marchar de aquí sin hablarnos un poco de Alatriste,
ése que a lo mejor es Arturo Pérez-Reverte.
Arturo Pérez-Reverte: No, no soy yo porque, entre otras cosas, yo
nunca mataría por dinero. Quizá sí por otras
cosas, pero no por dinero. Lo que sí es cierto es que,
salvando todas las distancias históricas, personales,
morales y demás, porque yo tengo otros códigos,
Alatriste ve el mundo como yo lo veo. Efectivamente, es el personaje
que más se parece a mí por su forma de mirar, por
su manera de ver más de lo que quiere ver, que por otra
parte es muy española. Coincidimos en ver igual este país,
este lugar llamado España, este callejón, esta
plaza pública en la que nos hemos juntado históricamente
tanta gente diferente, de lenguas y razas distintas. Un lugar
que siempre ha estado gobernado, hasta la saciedad, por curas
fanáticos e hijos de puta, por reyes incapaces, miserables
y cobardes, y por ministros corruptos y canallas que siempre
nos han tenido a todos enfrentados, analfabetizados, encadenados,
puteados, siempre ocultos, bajo la losa que nos pisa el cuello.
Así ve España Alatriste y así la veo yo
también, y ésa es, en realidad, mi manera de ver
el mundo y la vida en general.
Félix Linares: Aunque su carácter es muy diferente,
ya que él es un hombre aplastado.
Arturo Pérez-Reverte: No tiene nada que ver. Él es un tipo
que maneja silencios y yo soy callado -ahora hablo porque si
no ¿quién iba a hablar?-. Es decir, en la vida
normal no soy nada hablador, mis amigos lo saben. De hecho, me
gusta navegar porque puedo estar 20 días sin abrir la
boca para nada. No obstante, sí es cierto que esa visión
dolorosísima de lo que es el lugar que llamamos España
la comparto. España me produce una desazón y una
incomodidad terribles, así como una falta de esperanza
espantosa. Es un país insolidario y cainita, y siempre
caemos en los mismos errores. Por cierto que este año
le he dicho a mi asesor fiscal que no le ponga la cruz a la Iglesia.
Félix Linares: Bien. Aprovechando el aplauso, creo que lo
podemos dejar aquí. Muchas gracias a todos.
Arturo Pérez-Reverte: Sí. Muchísimas gracias.
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