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AULA DE CULTURA VIRTUAL

 

PRESENTE Y FUTURO EN EL TRATAMIENTO DE LA DIABETES

Fernando Gómez Peralta

3 de noviembre de 2003



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Me referiré para terminar a los tratamientos curativos. Es evidente que, al tratarse de una enfermedad tan prevalente, tan frecuente, casi todos tenemos, por ejemplo, alguna persona en nuestra familia que ha sido diabética. Es decir, es una cuestión que evidentemente preocupa a toda la sociedad, y, hoy por hoy, todos los avances de los que hemos hablado siguen siendo pocos para una persona con diabetes, de la misma forma que para los profesionales sigue siendo muy poco el hecho de que no podamos al menos intentar hacer un tratamiento curativo. Voy a hablarles de dos posibles tratamientos curativos, y me estoy refiriendo en este caso a la diabetes tipo I. Irían dirigidos a sustituir ese órgano dañado, a sustituir esa hormona que nos falta. Son tratamientos sustitutivos. Idealmente deberíamos intentar obtener tratamientos preventivos. No voy hacer referencia a ellos porque, desgraciadamente, y a pesar de que el esfuerzo investigador en este campo es grandísimo, los resultados han sido hasta ahora malos. A pesar de las múltiples vías por las que se ha intentado, todavía no hemos conseguido prevenir la diabetes en su comienzo, el desarrollo de esa destrucción de las células productoras de insulina. Con todo, sí que hay algunas vías de futuro en lo que se refiere a sustituir esas células de una u otra forma.


Actualmente, el trasplante de páncreas completo constituye una realidad. El páncreas es un órgano complejo que está situado entre el duodeno y el intestino delgado, por debajo del estómago y por delante de la aorta. A pesar de que muchas veces hacemos alusión al páncreas como a un órgano con un algún defecto en las personas con diabetes, tengo que señalar que, sin embargo, sólo el 2% de todo ese volumen de páncreas se dedica a la producción hormonal. Concretamente, dentro de todo el tejido del páncreas, existen unas células agrupadas ­y por eso al mirarlas por el microscopio se describieron como islotes perdidos en ese mar que supone el páncreas­; sólo el 2% se encarga de producir insulina y otras hormonas. Esto es realmente lo que no funciona bien en la diabetes tipo I, lo que se destruye en la diabetes tipo I y podemos intentar subsanar con el trasplante del páncreas completo. Ahora bien, el trasplante del páncreas completo es una cirugía compleja. Hoy por hoy, en la mayor parte de los casos se realiza en combinación con el trasplante de riñón. Es decir, el riñón es trasplantado conjuntamente con el páncreas. ¿Por qué se hace así? Porque hoy día el gran problema del trasplante tanto del páncreas como de islotes, de los que después hablaremos, es la inmunosupresión. La inmunosupresión es un mecanismo que utilizamos mediante fármacos para evitar el rechazo de los órganos trasplantados.


A pesar de la sensibilidad para la donación de órganos y la solidaridad con el enfermo existente en España, el trasplante del páncreas es absolutamente minoritario. Esto es así porque en la diabetes tipo I se suman dos rechazos: el rechazo al páncreas de otra persona, que ocurre igual que con el riñón y es parado por la fármacos inmunosupresores, junto con el rechazo que constituye la propia diabetes tipo I. En pocas palabras, el rechazo es muy posible. Además, el páncreas es un órgano complejo de manejar y de trasplantar en sí mismo, técnicamente. El primer trasplante se hizo en 1966 en humanos y, desde entonces, se han intentado muchas técnicas; y, cuando se intentan muchas cosas, es porque son mejorables. Como digo, hoy por hoy el mayor número de trasplantes de páncreas completos se ha realizado porque esta persona ya va a recibir inmunosupresión porque está recibiendo un riñón y, entonces, se hace el trasplante combinado, bien en el mismo acto quirúrgico ­colocar el riñón y el páncreas en la misma operación­ o bien primero el riñón y después el páncreas. Sin embargo, yo creo que, en general, el futuro en el tratamiento de la diabetes es prometedor y que debemos ser optimistas. Según las estadísticas manejadas por el Instituto de Trasplante de Páncreas Mundial, después de las experiencias iniciales de los años setenta y ochenta, desde 1990 en adelante el número de trasplantes de páncreas ha aumentado mucho. Y no sólo eso, sino que la pérdida del injerto se ha reducido notablemente gracias a la mejoría en los fármacos inmunosupresores desde el año 1995 en adelante. Tanto es así, que el injerto dura más de un año en más del 90% de los casos, lo que creo, sinceramente, que está muy bien. Y los datos de los años 2001, 2002 y 2003 son todavía mejores. Por su parte, estamos hablando del concepto de éxito en términos de una persona que durante más de un año no requiere un tratamiento insulínico, que es el que ha necesitado durante toda su vida para su superviviencia.


Por tanto, el trasplante de páncreas completo es una realidad y es utilizable, y, desde luego, hay varios centros en España donde se puede realizar. Hablemos ahora del trasplante de islotes, cuestión que también ha salido reflejada en los medios de comunicación. La ventaja de trasplantar islotes ­y por eso se pensó en ello hace muchos años­ consistiría en seleccionar los islotes productores de insulina de todo el volumen grandísimo de páncreas y transfundir sólo esos islotes, que son los únicos que necesitamos. Teóricamente, es un procedimiento más seguro, menos costoso y menos agresivo, puesto que se puede introducir a través de un catéter o de un trocar, como se hace para cateterismos, que es una técnica más o menos "rutinaria" en los hospitales. También tendremos que utilizar inmunosupresión de por vida para que no se rechacen esos islotes.


Ahora bien, hasta hace muy pocos años, el registro internacional de trasplantes daba una supervivencia media del injerto a un año inferior al 6%. La realidad es que no funcionaban, aunque se intentaban desde hace muchos años. Lo que ocurrió fundamentalmente es que, en el año 2000, un grupo canadiense de Edmonton publicó este trabajo, que ha dado la vuelta al mundo y ha sido muy comentado. En él se demostraba una supervivencia del injerto buenísima utilizando un sistema de inmunosupresión mucho menos agresiva y tóxica que la que se utilizaba anteriormente. Insisto en que no era una técnica nueva; pero mimaron o cuidaron alguno detalles hasta tal extremo, que consiguieron una supervivencia de estos islotes mucho mayor de la que lográbamos previamente.


En este estudio, el protocolo que se sigue (protocolo Edmonton) ha cambiado porque realmente no es un protocolo definitivo. Quiero señalar que las indicaciones actuales no son generalizadas: no cualquier persona sería candidata a un trasplante de islotes. ¿Por qué esas limitaciones para generalizar esta técnica? Porque, insisto, también con el trasplante de islotes hay que utilizar fármacos inmunosupresores. Como veremos ahora, los fármacos inmunosupresores tienen efectos nefrotóxicos (son tóxicos para el riñón), son fármacos que en algunos casos generan por sí mismos diabetes o resistencia a la insulina y, sobre todo, tienen un riesgo de malignidad asociada al uso prolongado de estos fármacos. Con el término malignidad me refiero al desarrollo posible de tumores. Aunque sea un riesgo inferior al 1%, que es bajo, una persona con una diabetes bien controlada mediante los métodos actuales tiene un riesgo de muerte inferior a ese 1%. No compensa ese balance.


¿Cuál es el obstáculo para el trasplante de islotes? ¿Por qué hoy día la realidad sigue siendo el trasplante orgánico completo y, desde luego, la primera opción en la mayor parte de los candidatos a trasplante? Para que este trasplante funcione, en la mayoría de los casos hay que utilizar al menos para cada implante dos páncreas y, en la mayoría de los casos publicados en este grupo, durante los dos-tres años de seguimiento máximo que se llevan hasta ahora, estos pacientes son reimplantados dos y tres veces. En resumen, si este tratamiento fuera efectivo, no existirían páncreas suficientes para utilizarlo. Esto trae a colación la cuestión del desarrollo de células beta productoras de insulina provenientes de células madre o de otros tipos celulares. Sería necesario generar estas células para poder generalizar este tipo de trasplante de islotes. La realidad es que resulta muy difícil conseguir un páncreas funcionalmente aceptable para un trasplante y, de hecho, el número de trasplantes de islotes en todo el mundo sigue siendo muy bajo. Asimismo, en medicina, un dato muy importante para la seguridad de los pacientes es que todos los fármacos y técnicas sean probadas multicéntricamente. Es decir, no se acepta que un tratamiento pueda ser utilizable cuando sólo ha dado resultados en un centro en todo el mundo; esta técnica debería ser exportable y, si se realiza de la misma forma, funcionar igualmente en otros centros. Pues bien, después de estos trabajos del grupo de Edmonton se está trabajando en ensayos multicéntricos. Fundamentalmente Canadá y Estados Unidos, y también Europa, tienen varios centros probando este protocolo. La realidad es que los datos provisionales de esos ensayos multicéntricos dicen que no en todos los centros funciona todavía por igual este protocolo, el cual es tremendamente difícil y preciso, y exige gran pureza en la purificación de los islotes. Es una técnica realmente muy compleja, aunque esperemos que en el futuro sea extendible al resto de las personas con diabetes.


Por consiguiente, es muy importante saber que, en relación con el trasplante, hoy día sigue habiendo que sopesar la decisión. Por una parte, hay que tener en cuenta los riesgos técnicos de la cirugía (en el caso del trasplante orgánico es una cirugía compleja, en el caso de islotes mucho menos); los riesgos inherentes al tratamiento inmunosupresor; y, a la cabeza de todos ellos, el riesgo de desarrollo de neoplasias, fundamentalmente, de tumores cutáneos y de tumores de estirpe hematológica (leucemias y linfomas). Y por otra parte, hay que tener presentes los mejores resultados que nunca hemos tenido al hablar de diabetes: muchas de las personas en las que el trasplante tiene éxito consiguen durante toda la vida de ese injerto niveles normales de glucemia sin inyectarse insulina, y obtienen, por tanto, una mejora notable en su calidad de vida y en el riesgo cardiovascular. Sobre la valoración de estos pros y contras habrá que fundamentar la decisión definitiva. Muchas gracias.




 

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