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AULA DE CULTURA VIRTUAL

 

PRESENTE Y FUTURO EN EL TRATAMIENTO DE LA DIABETES

Fernando Gómez Peralta

3 de noviembre de 2003



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Entremos en materia con la primera de las cuestiones que quiero exponer hoy. En relación con los nuevos fármacos para el tratamiento de la diabetes tipo II, quizá en los últimos años lo más importante ha sido la aparición de estas tiazolidindionas o glitazonas. En concreto, en el mercado actual, existen en España la rosiglitazona y la pioglitazona. Estos nuevos fármacos se caracterizan, especialmente, por que, a diferencia de todos los anteriores que actuaban en su lugar de acción de una forma química, estimulando por ejemplo la secreción de insulina o compitiendo con los receptores de hidratos de carbono al intestino, se unen al genoma, al DNA de la célula. Se unen a un receptor específico que estimula la expresión de los genes en cada una de las células afectadas ­y, sobre todo, en las células que están interviniendo en esa resistencia a la insulina­ y la producción del RNA mensajero, es decir, la transcripción de los genes, para la producción de las moléculas de la membrana celular que se van a encargar de responder a la insulina y de absorber la glucosa. Concretamente, van a estimular la producción de receptores de insulina en la superficie celular que permite la entrada de glucosa en estas células, que es, como hemos visto antes, uno de los mecanismos más importantes implicados en la diabetes tipo II. Por tanto, son fármacos que tienen ­y están a la cabeza en general en la farmacéutica actual­ un mecanismo farmacogenético: es un estímulo de la producción genética, de la producción proteica procedente de los códigos genéticos, y actúan en la causa del problema de la diabetes tipo II. Esto permite no sólo que tengan efectos en cuanto a controlar la glucemia, sino que además actúen en el tejido muscular, en el tejido adiposo y en las células del hígado, con lo que, de esta manera, además de conseguir reducir los niveles de glucosa en sangre, disminuyen también los niveles de triglicéridos y de colesterol, e, incluso, tienen efectos colaterales muy positivos en todo lo que es el síndrome de la diabetes tipo II, puesto que producen la tensión arterial y factores relacionados con el riesgo cardiovascular que se asocia a la diabetes tipo II.


A continuación me gustaría hablar de las BICIS. Con este término nos referirnos a las Bombas de Infusión Continua de Insulina Subcutánea ­o Infusores de Insulina Subcutánea­. Se trata de un pequeño dispositivo que, fundamentalmente, es un sistema de administración constante ­pero preprogramada por nosotros­ para la administración de insulina. Se aplican fundamentalmente a diabetes tipo I, aunque teóricamente las bombas podrían ser utilizadas por algunos pacientes tipo II. En torno a estos sistemas me gustaría introducir un concepto, y es que estudios con numerosos pacientes nos han dado la evidencia científica para saber cómo tendríamos que tratar la diabetes actualmente. En este caso, un estudio terminado en los años noventa en Estados Unidos mostró claramente cómo todas las complicaciones directamente derivadas de la diabetes, las que denominamos microangiopáticas y la neuropatía, eran prevenibles por el control estricto o intensivo de la diabetes, el control de la glucemia, y cómo, por el contrario, dichas complicaciones aumentaban cuando incrementaba la hemoglobina glicosilada, que, como saben, es un marcador similar a una media del control glucémico de los últimos tres meses.


Pues bien, conseguir llevar a cabo ese control glucémico intensivo sólo con inyecciones de insulina se hace, en ocasiones, muy difícil. Por ello, en los años setenta, se ideó en Inglaterra un sistema que era absolutamente inviable para la práctica diaria, y, desde ahí, se ha ido avanzando progresivamente a lo largo de los años hasta diseñar un sistema que es del tamaño de un móvil. Estos sistemas que han ido evolucionando notablemente en su apartado técnico actualmente permiten infundir insulina de una forma constante pero preprogramada las 24 horas del día, además de la insulina administrada de forma muy precisa a demanda del paciente para las comidas o en otras situaciones. El infusor está cargado con insulina en un depósito y, por medio de un catéter, introduce la insulina en el tejido subcutáneo. Se trata de sistemas habitualmente muy poco llamativos por su tamaño, y, en general, las personas que lo utilizan están de acuerdo en que es un sistema cómodo, sobre todo actualmente, puesto que los sistemas de inyección son flexibles y realmente no suponen una molestia excesiva.


Básicamente, lo que pretendemos siempre con el tratamiento con insulina es imitar la secreción insulínica del páncreas normal. Se producen picos de insulina para cubrir las necesidades de las comidas y después, durante las 24 horas, se producen, sobre todo durante la noche, cantidades muy pequeñas de insulina de forma constante, pero no a los mismos niveles durante toda la noche. La mayor parte de los sistemas actuales nos permite diseñar pautas señalando de media hora en media hora del día cuánta insulina queremos que sea administrada, con lo que se logra simular o remedar esa producción de insulina por las células metapancreáticas de una forma mucho más precisa de lo que consiguen las inyecciones habituales de insulina. Además ­insisto en que actualmente estos sistemas han avanzado muchísimo técnicamente­, son descargables en un ordenador y programables, y tienen multitud de alarmas y de información adicional. Todos estos avances son los que, desde ese modelo histórico de los años setenta en Inglaterra, han permitido que haya cada vez muchos más usuarios de bomba de insulina en el mundo y, sobre todo, en Estados Unidos, donde en el año 2000 ya eran más de 100.000.


Al hilo de las bombas de infusión continua de insulina, quiero hablarles de algunos de los sistemas que actualmente tenemos en el mercado para determinar de forma constante los niveles de glucosa en plasma. Como he dicho antes, la glucosa en la sangre es el elemento de diagnóstico y de control más importante para una persona con diabetes, por lo que para estas personas ­y, desde luego, para los profesionales que nos encargamos de su tratamiento­ resulta tremendamente útil disponer de información sobre lo que pasa a lo largo del día. Habitualmente, como muchos de ustedes sabrán, las personas con diabetes utilizan glucómetros o reflectómetros, que son pequeños aparatitos capaces de determinar rápidamente los niveles de glucosa en sangre a partir de una pequeña gota de la yema de los dedos. No obstante, esto, además de molesto, es costoso, y resulta inviable estar constantemente midiéndose los niveles de glucemia de esta manera.




 

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