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Transcripción de la conferencia
de Paloma Gómez Borrero- 4
También existe otra profecía
relacionada con el intento de asesinato de Juan Pablo II. En
esta ocasión, se trata de un santo contemporáneo,
muy querido en Italia y en otros muchos países: el padre
Pío de Pietralcina, capuchino. El padre Pío es
una figura extraordinaria a la que acaban de beatificar hace
muy poco; sufrió la aparición de estigmas que desaparecieron
inmediatamente después de morirse, como pudo comprobar
un médico que le quitó las vendas que llevaba,
tuvo fenómenos de bilocación que pudo presenciar
muchísima gente, por los cuales, mientras le estaban viendo
decir misa, también le estaban viendo confesar en uno
de los confesionarios del Santuario de San Giovanni Rotondo,
y además tuvo curaciones inexplicables para la ciencia.
Pero aparte de todos estos detalles, todos sus biógrafos
coinciden en contarnos -y nadie lo ha desmentido todavía-
la conversación que mantuvo con un sacerdote joven llamado
Karol Woijtila, que fue a visitarle a ese convento de San Giovanni
a primeros de noviembre de 1947, desobedeciendo, incluso, lo
que le habían dicho sus superiores. Éste estudiaba
entonces en el Angélicum, en Roma, y yo creo que se sentía
muy atraído por la fama del capuchino, quien desde joven,
desde que le aparecieron aquellos estigmas, era considerado todo
un santo y recibía numerosas visitas que deseaban conocerle
personalmente-y ahora que ya le han beatificado, no saben ustedes
la cantidad de gente que ha venido a la ceremonia, procedente
de los rincones más perdidos de Italia-. Parece ser que
era un hombre brusco, de un carácter bastante difícil,
pero el caso es que nada más ver a Karol Woijtila, le
dijo: «tú llegarás a ser papa después
de un brevísimo pontificado, pero tu reinado será
breve y lo quebrará la violencia y la sangre». Hombre,
breve, lo que se dice breve, no ha habido nada más breve,
efectivamente, que el pontificado de Juan Pablo I, de 33 días
de duración; ahora bien, de ahí a que también
sea breve el pontificado de Juan Pablo II... Desde luego, el
pobre padre Pío se equivocó con este dato; 22 años
no significan, ni mucho menos, brevedad, así que no podemos
calificarlo como adivino. Quizá lo que sí era cierto
es que, desde la fecha de su elección a la realización
del famoso complot por parte de la Unión Soviética,
se iba a tratar de un tiempo breve, como vaticinaron algunos
intérpretes, porque, efectivamente, tras dos años
y medio de reinado, el Pontífice sufrió el intento
de asesinato. Entonces, los que así lo vieron si se puede
decir que acertaron, aunque ya se trate de matizaciones del mensaje
inicial.
De todos modos, parece ser que Juan
Pablo II también ha abatido otro mal augurio en su visita
a la ciudad colombiana de Popayán, que fue destruida por
un terremoto el Jueves Santo de 1983. El Papa viajó allí
en Julio de 1986, es decir, tres años más tarde
de semejante suceso, y la historia relativa al vaticinio es muy
curiosa. Dicen que todo es obra de un famoso jesuita del siglo
XVII que vivió en dicha ciudad, Bartolomé Marqués
Polo, autor de una serie de epigramas proféticos bastante
enigmáticos. Uno de ellos ocurrió en Popayán
y se fue transmitiendo de padres a hijos, por lo que entró
a formar parte de la tradición popular colombiana. Lo
que dicho augurio contaba era que Popayán quedaría
arrasada en un día de Semana Santa, y como así
sucedió, la fama de adivino del padre Bartolomé
corrió por toda Colombia y se empezó a temer que
se cumpliera la segunda parte de la profecía, en la que
se decía que, tras la reconstrucción de la ciudad
derruida, llegaría un hombre vestido de blanco que sentiría
un inmenso dolor en el pecho y cuya túnica se mancharía
de sangre. Por eso, durante el viaje de Juan Pablo II, la gente
no dejó de rezar para que esto último no ocurriera.
Gracias a Dios, estuvo en Popayán, edificaba sobre las
ruinas de aquel terremoto, y la verdad es que no tuvo lugar ninguna
desgracia; ahora bien, hay que tener en cuenta que la catedral
había seguido en pie después del terremoto, con
lo cual, la ciudad no había sido destruida totalmente.
Quizá eso de la catedral medio destruida y no completamente
arrasada es lo que le ha salvado al Papa.
Les contaré una anécdota
precisamente vinculada a esa visita de Juan Pablo II a la ciudad
colombiana, ya que nos da una bonita idea de cómo defiende
los derechos de los que no tienen voz, de los más pobres,
de los desheredados. Tenía que recibir la bienvenida del
pueblo indígena --que allí es numerosísimo-;
en concreto, de uno de ellos, Guillermo Tenorio. A éste,
su gente le había pedido que tuviera el valor de denunciar
lo que hacen con ellos; la matanza de varios sacerdotes, la destrucción
de sus campos, que les obligan a plantar coca, que a sus niños
les tienen horas y horas pisando descalzos las hojas de coca
para sacarles el ácido más rápido --por
lo que imagínense el panorama; esos pobres niños
tienen sus piececitos llagados y sangrantes todo el día,
y para soportar semejante dolor, les drogan. Se convierten en
auténticas piltrafas humanas a los pocos años-
y otra serie de abusos. Guillermo Tenorio aceptó hacerlo,
porque era para lograr el bien de su pueblo. Entonces, al presentar
el discurso de bienvenida, al empezar a leerlo, de pronto, dejó
el papel a un lado y comenzó a denunciar los hechos. No
había dicho más que unas cuantas frases cuando
alguien le advirtió: «cuidado, Tenorio, que tienes
familia». Acorralado por el miedo, calló sus quejas
y volvió otra vez al discurso oficial. Terminado el discurso,
era el turno del Papa, que debía saludarles y comenzar
el suyo propio; pero lejos de hacer lo esperado, para asombro
de todos los presentes, Juan Pablo II les dijo: «estoy
muy contento y agradezco la bienvenida que me dais; sin embargo,
quisiera que volviera Guillermo Tenorio para que siga relatando
lo que no le habéis dejado terminar de contar».
Así fue como el Papa, si bien no delante de todos sí
en una entrevista personal con Guillermo, pudo enterarse de lo
que allí ocurre.
Y ahora, dejando las anécdotas
aparte, me gustaría hablarles de las profecías
de Malaquías ¿Cuántas veces hemos hablado
de este personaje y sus augurios, siempre relacionados con los
papas? Cada vez que un pontífice muere y en el cónclave
se elige al sucesor, todos echamos mano de lo que escribió
Malaquías. Sus profecías están reunidas
en un volumen no muy grueso. Son 111 lemas muy breves que escribió
en latín y que están dedicados, cada uno de ellos,
a un pontífice, comenzando por Celestino II, que vivió
en el siglo XII, y llegando hasta el fin del mundo, según
él. Cada una de las frases latinas deben identificar a
un papa en concreto, o bien referirse a un acontecimiento particular,
o estar relacionadas con algo muy característico de cada
uno de los pontificados.
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