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ANOREXIA-BULIMIA. ¿CÓMO NACEN, SE DESARROLLAN Y...?
D. Ángel Padierna Acero
13 de octubre de 2003
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Y al hilo de esto último, quiero aclarar que no sólo existen factores de riesgo, de los que ya les he hablado algo, sino también factores de protección. Según una serie de estudios, queda demostrado que hay ciertos aspectos que sirven de "repelente". Así, aquellas chicas que poseen una autoestima elevada parece que corren menos riesgo de desarrollar un problema alimenticio. O quienes pertenecen a una familia que no insiste excesivamente en el peso (nuevamente, la influencia del entorno familiar). O quienes poseen habilidades sociales. Y a propósito de esto venía yo pensando que, curiosamente, la imagen que se nos ofrece de la gente anoréxica es la de personas muy estudiosas y trabajadoras, más bien empollonas y lo digo con todo el respeto del mundo; la de aquéllos que rinden mucho en un área determinada pero que, sin embargo, suelen ser un poco sosos, retraídos, sin saber relacionarse (claro que quizá la culpa de que sean así la tenemos nosotros mismos, por relegarles a un segundo plano). Entonces, parece claro que quienes saben desenvolverse pronto en su entorno social tienen menos posibilidad de sufrir trastornos alimenticios que aquellas personas que hasta los 10, 12 años eran las mejores de clase, vivían con los padres, no parecían necesitar relación alguna con los demás y, en cambio, con 13, 14 años descubren que tienen que meterse en una cuadrilla en la que, posiblemente, el ser muy estudiosas no necesariamente es un mérito, sino que puede ser hasta un obstáculo. Claro que todo esto sólo son suposiciones.
También parece que ayuda hacer deporte, siempre que no sea de competición. Parece que en el mundo deportivo de élite hay más riesgo; sin embargo, en un nivel inferior es del todo sano, porque permite al individuo socializarse. No obstante, otro aspecto curioso en esto de la protección es que, exponiendo programas de prevención en las escuelas, tanto hablar de anorexia y bulimia ante grupos en los que al menos un 95% no tiene estos problemas parece, en mi opinión, contraproducente. Para mí es como el contrasentido de esas campañas contra la droga cuyo eslogan es «la droga mata», que lo único que consiguen es hacer desear el objeto prohibido, verlo como un reto. Por tanto, creo que no habría que mezclar este tipo de cosas.
Pero, volviendo a los factores de riesgo, que no quieren da a entender que necesariamente vaya a nacer el problema, sino simplemente que hay más probabilidades, me gustaría comentar que es prácticamente imposible sufrir un trastorno alimenticio si no se hace dieta. Y ahí está un poco lo complicado, porque hoy día hace dieta todo el mundo. Por supuesto que no todas las personas que la sufren este problema, pero se podría decir que, para un adolescente, hacer dieta innecesaria puede ser una conducta de riesgo. Es como lo siguiente: no todas las personas que beben van a ser alcohólicas, mas existe un 3, 5% de la población que, bebiendo lo mismo que los demás, lo acaba siendo. ¿Por qué? Porque quizá tenga algún tipo de predisposición personal, genética, de carácter, que facilite su adicción, sea del tipo que sea ésta. Y ocurre lo mismo con la propia insatisfacción corporal. Hay mucha gente que no está a gusto con su cuerpo, y a todos nos acaba afectando no cumplir ese ideal social de delgadez; sin embargo, algunas se lo creen más.
También la impulsividad es otro factor peligroso, pues en ella tienen su origen conductas como las que desatan un comportamiento bulímico, derivado de la falta de autocontrol. Así como otros asuntos más crudos: los abusos sexuales en la infancia, por ejemplo. No obstante, todo esto no está ni tan estudiado ni tan comprobado como el aspecto de la dieta, muy en boga. De hecho, ya estamos empezando a oír hablar del problema de obesidad que hay en EE UU, y aquí también llegarán las campañas para eliminar este problema. Y si, por un lado, están muy bien, por el otro, si se lo aplicamos a toda la población y damos por hecho que todo el mundo debe tomar leche desnatada, por ejemplo, acabaremos tratando a la gente que no está enferma, lo cual siempre es un poquito peligroso.
De esta manera, podríamos clasificar todos estos aspectos en tres grupos: factores predisponentes, factores desencadenantes y factores de mantenimiento. Con respecto a los primeros, el exceso de peso es el principal, aunque no siempre las personas que comienzan con la anorexia o la bulimia estén precisamente gordas, sino que incluso algunas están hasta delgaditas. Un claro ejemplo de esto es el de la chica que se ha pasado toda la vida haciendo dietas porque quizá tenía un exceso de peso real y, cuando llega a la pubertad, su autoestima se hunde por completo, lo que hace que acabe enfermando ante su obsesión por bajar más kilos. También hemos hablado del perfeccionismo, de factores familiares, genéticos e incluso sociales, etc. Todos ellos redundan en el ideal de la delgadez. Y, desde luego, hacen falta unos factores desencadenantes. Es decir, tiene que pasar algo para que todo eso pueda empezar a ponerse en marcha. Acabamos de hablar de las dietas, de la pubertad y la insatisfacción corporal experimentada en esa etapa, de ciertos deportes, de situaciones estresantes e incluso cuadros depresivos que luego continúan como anorexia. Pero ¿y los factores de mantenimiento?
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