<<<ANTERIOR
/ SIIGUIENTE>>>
Pregunta:
Hace poco tiempo fue invitado a Crónicas Marcianas, el conocido
programa de Javier Sardá. ¿Cómo fue la experiencia?
Óscar Terol: La palabra que mejor la describe es "intensidad",
quizá algo parecido a esos romances de una noche. Crónicas
Marcianas es un programa tan asentado que a todos nos impresiona
mucho, y Javier Sardá es como un dios de la televisión.
Recuerdo que entré en un camerino, y rápidamente llegó
una chica de producción que me llevó a toda velocidad
a hablar con Sardá. Él me dio a elegir: o media hora
al final para hablarlo tranquilamente, o los diez minutos del principio
y a toda velocidad. ¿La diferencia? La posibilidad de que
me viera un millón de personas más al principio que
al final.
Lógicamente, elegí los diez minutos del principio.
Entonces me dio las preguntas para que me las leyera y tachara las
que no me gustaran. También me indicó que me preparara
las respuestas porque quería que todo resultara brillante.
Y ésa fue toda mi relación con él.
Por tanto, no llegué a disfrutar. En programas como ése
se crea un estado de ansiedad tal, que, cuando te has dado cuenta,
se han acabado los diez minutos de entrevista. En cierto modo, el
programa me resultó lo más parecido que hay al circo
romano en la actualidad. Antes de salir al plató, sabes que
hay dentro de él un león comiéndose a un cristiano
y que a continuación vas tú con el tridente para pelearte
con otro gladiador que tiene una red. Oyes los ruidos, abres la
una puerta... y sales.
Fernando García de Cortázar: Mi experiencia
en televisión a través del programa Memoria de España
ha hecho que conozca la presión que imponen la medición
de las audiencias y la entrega de los datos. ¿Supone también
para vosotros una fuente de ansiedad?
Óscar Terol: Sí, en efecto. De los datos depende
ser contratado, ser una persona a la que se tenga en cuenta o alguien
a quien se critique constantemente. Además, los datos son
terriblemente despiadados, se desglosan por minutos y por sexo,
se dividen en franjas de edad, etc., y quienes los interpretan los
llevan siempre al extremo. Es descarnado.
Pregunta: ¿Cómo trabaja un humorista? ¿Cómo
cultiva su humor y prepara los gags? ¿Cuál es el secreto?
Óscar Terol: De modo general, es necesario un buen
equipo de guionistas. Los nuestros trabajan muchísimo y,
aunque ya llevemos dos años, mantienen las ganas de hacer
un buen trabajo sin que de momento nos hayamos acomodado. En cuanto
a los gags, los guionistas nos reunimos los jueves y pasamos todo
el día juntos. Ese día comemos juntos, estamos desde
la mañana hasta la noche juntos y hacemos la tormenta de
ideas. En esa tormenta de ideas hay que decir todo lo que se te
ocurra, y además es bueno no cortarse, aunque sea una barbaridad
inconfesable, ya que el resultado es privado. Lanzamos ideas y procuramos
divertirnos mutuamente. De ahí salen las ideas en bruto,
y esas ideas se reparten después entre los guionistas, cada
uno de los cuales se las lleva a su casa para trabajarlas, añadiendo
o limpiando. De ese trabajo se obtienen los guiones, que incluso
nos repartimos para que cada uno tenga la oportunidad de dar al
guión del compañero otra vuelta de tuerca. Por tanto,
se trata de un trabajo muy elaborado que, sin embargo, ha nacido
de ocho amigos que se han juntado a lanzar ideas.