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Si no tenemos curiosidad es como si
nos anulamos, no estamos en el mundo, nos desconectamos de los
demás, no tenemos nada de que hablar, no podemos compartir
conversaciones. Cuando damos algo, cuando trabajamos para los demás, tenemos que disfrutar cuando les hacemos felices, no esperando que algún día nos devolverán el favor. La soledad tiene muchas caras. Podemos estar solos físicamente por muerte de nuestros seres queridos; estar solos por que los hijos se han ido o también por que nosotros nos hemos emancipado. Yo tengo un hijo que no se iba "ni con agua caliente" y al final yo me he emancipado. Nosotros los mayores necesitamos generalmente la ayuda física, eso está bien. Pero no debemos necesitar siempre y de manera constante la ayuda del afecto, del cariño, por que además de hacernos daño a nosotros mismos, también hacemos sufrir a los que nos rodean. Seguramente recibimos más afecto y atenciones si nosotros no estamos permanentemente reclamando y buscando cariño. Entre otras cosas "no nos volvemos pesados" y no facilitamos el que nuestros seres queridos más cercanos "se escapen de nosotros". Esto es a lo que me refiero con el término soledad positiva. Finalmente tenemos la "s" con la "u", la SUPERACION, más concretamente el espíritu de superación. De superar las malas rachas, superar esas adversidades o dificultades que nos encontramos. Tenemos que llegar a ser supervivientes, que también es la "s" con la "u". Nosotros somos personas del siglo XXI con esas condiciones o limitaciones que tenemos de salud, de movimientos, de trabajo y que gracias a la sociedad tenemos instituciones que nos ayudan a superar esas adversidades. Hoy tenemos grandes hospitales donde fallecen pocas personas, apenas encontramos personas que se mueren, son más las que superan ese bache de salud con la ayuda de profesionales sanitarios. Estamos en una sociedad con una amplia esperanza de vida. Ahora mismo podemos leer con frecuencia en los periódicos cosas como "Una anciana de ochenta años ha sido atropellada por una moto". Ahora nos parece corriente y normal que una persona tenga ochenta años. El año pasado se murió una prima mía con ochenta y nueve años y algunos familiares me comentaban "mira hija, tenía ya ochenta y nueve años" La verdad es que a mi no me parece que ochenta y nueve años sean demasiados. Claro, es que nosotros no nos sentimos viejos por que nuestro espíritu no lo es. Yo siempre cuento a este respecto la anécdota de Picasso que cuando cumplió los ochenta años muchos de sus amigos y discípulos se acercaron a el y le decían: "maestro, ¡que alegría!, ya tiene usted ochenta años, esperamos que cumpla muchos más y que siempre esté tan joven". El solía responder: "una persona es joven hasta que se muere". Eso es lo importante, la sensación de experimentar sentimientos y deseos de juventud aunque no nos acompañe el físico. Es decir, aunque tengamos setenta u ochenta años, a efectos de emocionarnos, a efectos de enamorarnos, a efectos de tener capacidad para alegrarnos, de necesitar relaciones de todo tipo, incluso sexuales, deben ser los mismos sentimientos que cuando teníamos treinta, cuarenta o cincuenta años. En la práctica, en el día a día y aunque tengamos estos sentimientos y sensaciones, muchas veces tenemos que disimular por que no nos pegan con el aspecto que tenemos. ¿Por qué no vamos a desarrollar psíquicamente, en el pensamiento y en los sentimientos todas esas capacidades, todos esos sentimientos maravillosos que tenemos?. Ese espíritu es el que nos permite estar vivos, nos permite entender los sentimientos de las novelas de amor aunque no seamos jóvenes. Ese espíritu es el que nos hace entender una película aunque esté elaborada con los últimos procedimientos tecnológicos o sea muy revolucionaria. Ese espíritu es el que nos hace saber los gustos de la gente joven y nos permite entender sus preferencias y acercarnos a ellos. No nos neguemos a tener sentimientos
y recordar que tenemos las capacidades para conocer bien esa
dicotomía que hay entre la mente, el pensamiento y el
físico con sus más o menos achaques. Aunque sufrimos
por algunas enfermedades físicas no debemos permitir que
ese dolor inunde nuestros sentimientos y que nuestro espíritu
se ahogue. Entonces no funcionamos.
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