a

AULA DE CULTURA VIRTUAL

EL CIELO DE MADRID
El éxito y el fracaso en el arte
D. Julio Llamazares
Escritor

D. Félix Linares
Periodista

Bilbao, 11 de abril de 2005

<<<ANTERIOR / SIIGUIENTE>>>

F.L.: En la novela haces un retrato bastante duro de la gente que rodea la fama y el éxito. Me refiero no tanto a aquellos que lo consiguen como a los parásitos o, incluso, a profesionales como los periodistas. ¿Existe esa fauna que rodea el éxito? ¿Es tan grande como tú la plasmas?

J.Ll.: Sí, existe, evidentemente. Hablar del éxito de un escritor en un país en el que casi nadie lee es casi ridículo o pretencioso, pero es verdad que el éxito, como el poder o la fama, despierta un atractivo. De todos modos, incluso el escritor de mayor éxito (y no es mi caso) es bastante poco al lado de un empresario o de un cantante de moda.

En cuanto a la gente que pulula alrededor del artista, siempre he pensado que cada uno se rodea de la gente que quiere que lo rodee. A este propósito hay un personaje que presento muy de pasada en la novela y que se nutre de experiencias propias. En aquellas noches del Madrid de los ochenta se daban arquetipos muy diferentes, pero uno en especial era la persona que daba consejos sin tener ni idea de lo que decía. Y si el artista es tierno y verde porque está empezando, queda subyugado por esas opiniones.

F.L.: Pero ¿no crees que la imagen del escritor de éxito ha cambiado con el tiempo?

J.Ll.: Últimamente sí. Camilo José Cela –personaje que no me es muy grato– tenía razón cuando decía que, cuando él empezó a escribir, lo peor que le podía pasar a una señora decente era tener un escritor por yerno. En ciertos ambientes, que un hijo saliera escritor constituía casi un desprestigio familiar. Sin embargo, sin que yo sepa muy bien por qué, existe hoy día cierto glamour, y, de hecho, mucha gente (políticos, periodistas, etc.) quiere ser escritor. Funcionan, muy probablemente, una serie de clichés creados por los medios de comunicación, por el mercado, etc. que abonan cierta imagen del escritor. Sin embargo, vuelvo a la definición que antes he dado: ser escritor y escribir no es ni un oficio ni una profesión, sino una forma de entender la vida, una vocación.

A pesar de ello, hoy día todo el mundo "es lo que quiera ser". Vivimos en una sociedad donde todo es posible y donde, además, ni siquiera cabe hablar de intrusismo. Es más que probable que, si en la Feria del Libro de Madrid pusiéramos caseta con caseta a Sánchez Ferlosio (para mí el gran escritor español vivo) y a Boris Izaguirre, delante del segundo se formaría una cola mucho más larga. Y cuando vieran al primero, todos exclamarían: "¡Pobre hombre! ¡Qué solo está! ¿Quién será?".

El día en el que Rodríguez Zapatero ganó las elecciones, dijo que el poder no le haría cambiar. Es casi seguro que lo decía con sinceridad, pero resulta que es imposible. El problema no es que el poder haga cambiar a una persona en concreto, sino que hace cambiar a todos los que están alrededor de esa persona. De repente te empiezan a ver con otros ojos.

Con mi modesta limitación, yo he notado eso mismo, y en la novela también sucede: su protagonista, un chico asturiano que llega a Madrid para pintar, cosecha de repente muchos éxitos, como una especie de Barceló, y súbitamente ve que la familia lo trata de distinta manera, lo mismo que los amigos o las chicas que antes lo rechazaban. Entonces comienza a verse descolocado no tanto porque él haya cambiado como porque lo ha hecho el entorno.

Por consiguiente, hay que tener muy claro qué es lo que uno busca en la vida, para que la consecución de cualquier cosa de este tipo no transforme a la persona. La fama, el poder o el éxito pueden hacer tanto daño al cerebro de la gente como el sol a la piel de los alemanes. No hay más que encender la televisión para ver auténticos trastornados sólo porque salieron dos minutos en la televisión.



<<<ANTERIOR / SIGUIENTE>>>

subir


info@diario-elcorreo.es
Pintor Losada 7
Teléfono: +34 1 944870100 / Fax: +34 1944870100
48004BILBAO