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AULA DE CULTURA VIRTUAL

IMPERIO
La forja de España como potencia mundial
D. Henry Kamen


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Ahora bien, si todos sabemos algo del heroísmo de los españoles durante la primera época del Imperio, no menos impresionantes que los logros de los conquistadores fueron los de un puñado de aventureros españoles e indios que se internaron hacia el desconocido corazón del Nuevo Continente, de América. Un ejemplo muy especial de heroísmo fue el de aquellos hombres, y también algunas mujeres, que arriesgaron sus vidas cruzando el Pacífico. Desde mediados del siglo XVI, los españoles de las Filipinas mantenían sus lazos con el mundo europeo a través de los viajes de un navío comercial, el famoso Galeón de Manila. Sus travesías son únicas en la historia universal, pues cruzó el Pacífico por primera vez en 1565 y, por última, en 1821; esto es, durante dos siglos y medio, toda la vida del Imperio español. Además, dichos viajes se realizaban casi sin descanso y eran peligrosos y solitarios, porque recorrían el vasto océano y su duración era de cuatro o cinco meses, más o menos, sin tener otro contacto con la gente que el habido en el propio barco. Cuando llegaban a Acapulco organizaban una feria y ponían a la venta los artículos transportados, y allí cargaban sus bodegas de plata y pasajeros para atravesar de nuevo el Pacífico en el mes de marzo. Muchos de los barcos de la flota desaparecieron por completo en el Pacífico puesto que, como digo, el viaje desde Manila era la navegación continua más larga del mundo y, por tanto, siempre se veía acompañado de una gran mortandad. Por no hablar del alto riesgo de tormentas en alta mar que corrían, respecto a lo cual hay muchos casos terribles de desaparición, como el del barco Santa Margarita, que en 1600 fue sacudido por varias tormentas y, en consecuencia, en ocho meses sólo consiguió llegar a las islas Marianas desde Manila, con tan sólo 50 hombres vivos de los 260 que llevaba a bordo. O como el San Antonio, que en 1603 transportaba el cargamento más valioso conocido hasta esa fecha y el océano se lo tragó sin más en algún lugar desconocido del Pacífico. O como un barco que en 1659 llegó a Acapulco desde Filipinas tras más de 12 meses en el mar, con lo que sólo llegaron cadáveres porque todos habían muerto.

 Pero dejemos estas anécdotas a un lado porque, para concluir, quería dirigir unas pocas palabras tanto a los primerizos en la historia de España como a los que han aprendido una historia clásica y ahora se sorprenden con las nuevas interpretaciones de la historia del país. En primer lugar, deben tener en cuenta que la función del historiador es descubrir la verdad, no encubrirla. Al estudiar la historia descubrimos una evidencia y nuevas maneras de entender el pasado, y si privamos a los españoles del monopolio de la gloria de haber creado un imperio, también les eximimos del monopolio de la culpabilidad. Piénsenlo. Así, deja de existir de golpe la leyenda negra, por lo que entonces los malos no sólo fueron Cortés y sus hombres, sino muchos más, como los mejicanos que les ayudaron, por ejemplo. Y por esa misma regla de tres, no sólo los españoles fueron culpables de lo malo que sucedió en Europa, sino también, y quizá más, los italianos, los holandeses, los alemanes y hasta algún inglés, loco y católico, aunque me cueste decirlo, que estuvo en la Gran Armada y que quería luchar por España contra Inglaterra.

 Con todo ello, quiero decir que a pesar de que la historia del Imperio español es muy apasionante, sólo algunos pocos han intentado estudiarla. Por supuesto que hay excepciones como las de ciertos autores norteamericanos, cuyos libros sobre el tema son toda una notoriedad. No en vano, ¿quién fue el primer historiador que analizó el desastre demográfico ocurrido después de la llegada de Colón, esto es, la desaparición de millones de indios? Un norteamericano. ¿Quién fue el primer historiador que estudió la vida de Bartolomé de Las Casas? Un norteamericano. ¿Quién fue el primero en estudiar el impacto ecológico de la presencia española? Otro norteamericano. Entonces, lo que quisiera dejar bien claro es que ya es hora de que nosotros empecemos a estudiar nuestra propia historia, a estudiar las raíces de nuestro propio pasado. Desde luego, es una historia difícil pero fascinante, y espero que mis palabras sirvan de inspiración a quienes me escuchan y se dediquen a estudiarla.



 

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