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Transcripción de la conferencia
de Jorge Lozano
Claro que, por desgracia, esta imposición
de modas y modos se transforma en el modo más eficaz,
culturalmente hablando, de afrontar la estética y la ética
social. Siempre estamos con eso de «¡qué horror!,
¡cómo va vestido!», «¡qué
vergüenza!, ¡vino sin corbata!», o «vino
con corbata, ¡qué ostentoso!». Así,
a través de la moda, calificamos a alguien de discreto,
prudente, o de todo lo contrario, lo que significa que ha generado
un fenómeno verdaderamente interesante: la importancia
del punto de vista del observador. Por tanto, la moda no es sólo
vestirse para uno mismo, sino también, y sobre todo, para
los otros; de hecho, exige un observador. Napoleón vestía
horriblemente mal, pero no tuvo más que llamar a un asesor
para cambiar de aspecto. Habrán visto en un montón
de sitios cómo iban vestidos los mariscales, los cortesanos,
etc.; pues bien, él iba de dar pena. ¿Qué
ocurría? Que él observaba a los demás y
eran los demás los que debieron observarle a él
y cambiar su estética. Por eso mismo digo que la moda
establece puntos de vista.
Y dicha imposición es la que,
además, origina la distinción entre lo que es escandaloso
y lo que no. En una de las películas de Fellini, Casanova,
salen unos españoles inequívocamente de negro,
por si teníamos duda, y con la gola; pues bien, el único
comentario al respecto solía ser: «¡Qué
escándalo!» Esto demuestra que el límite
entre lo escandaloso y lo prudente está fijado por ese
"metrónomo" cultural que es la moda. Hoy día,
en una playa, el topless no es desnudo; pero, fuera de
ésta, adopta otro sentido. Por cierto que, con respecto
a este asunto, actualmente, se hace difícil discernir
entre lo que es desnudo y lo que no. En principio, todo se resume
en una perversión meramente lingüística, ya
que las playas son nudistas y la gente se desnuda.
Señores, pongámonos de acuerdo: o quitamos
o ponemos el prefijo des-. No obstante, si atendemos a
las perversiones estrictamente culturales, el desnudo existe
únicamente si hay un observador que así lo considera.
Y si no me creen, tomen, por un lado, un cuadro de un desnudo
de cualquier museo. ¿Qué es? Belleza platónica.
En cambio, si, por otro lado, a una postal de dicho cuadro le
añaden la foto de un señor desnudo, ya no lo consideramos
igualmente bello. ¿Por qué? Porque la moda nos
está advirtiendo de que, si es capaz de establecer la
lógica del cambio, la lógica de la muerte -si seguimos
a Leopardi- y la necesidad de ser seguida, también lo
es de controlar otras cuestiones como ésta. Por esa regla
de tres, cuando observamos Las Meninas, a ninguno
se nos ha ocurrido preguntar qué es lo que está
pintando Velázquez, puesto que sabemos que retrata a los
reyes, tal y como nos muestra el espejo del fondo, que los refleja.
Además, éste es el caso perfecto para ejemplificar
este problema de perspectivas, ya que sólo podemos interpretar
el cuadro formando parte del mismo cuadro. De hecho, estamos
incluidos en el punto de vista del mismo, y algo de esto ocurre
con la moda interpretada fuera del vestido; moda que no es otra
cosa que observación estética y social.
A modo de conclusión, me gustaría
señalar, por último, que si la moda despierta simpatía
es porque nos permite estudiar fenómenos interesantes.
Así, por ejemplo, sabemos que mi bisabuela podía
seguir la moda a través de los figurines parisinos y que,
en España, existía el petit metre,
aquel ciudadano que algunas damas mandaban a París para
que se informara de lo que se llevaba y de lo que se hablaba
en los salones. También sabemos que, después de
eso, se puso de moda el prêt-à-porter, que
se pasó a hablar del look y que, hoy día,
se habla de trend, de "tendencia". Además,
dicho estudio de la moda nos ha permitido conocer las normas
de urbanidad, con el cardenal Segura y los grandes tratados de
la moda, así como lo que se lleva gracias a las
actrices de cine, por ejemplo. Y, sobre todo, nos ha hecho comprender
que es capaz de "contagiar" de una manera sorprendente.
Sólo así se explica que tanto en Bilbao como en
Nueva York, Torrelodones o Nepal se conozcan la misma música,
los mismos jeans o palabras propias de la jerga como fashion.
Por tanto, esto nos permite hablar de una especie de "lógica
de la epidemia" por la que la moda se expande sin depender
necesariamente de un centro como París, como ha demostrado
ya Yves Saint Laurent, y es difícilmente evitable. Y,
si no me creen, les recuerdo que precisamente los jeans
surgieron como antimoda aunque, sin embargo, acabaron imponiéndose
hasta el punto de ir tomando forma según la época.
Sigan ustedes la historia del vaquero y comprobarán que,
así como en el vuelto de los pantalones tradicionales
de caballero llevamos 80 años con los mismos centímetros,
hay diversos tipos: vaqueros con vuelta, con raya, etc. Esto
demuestra que, al igual que la ciencia, la moda presta especial
atención a los detalles. Por eso se fija tanto en el complemento,
que no es ninguna estupidez; pero, en fin, ése es otro
asunto. Lo que yo quería que quedara claro es que, independientemente
de que la moda cambie, su importancia estriba en que absolutamente
nadie puede escapar a su dictado.
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