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AULA DE CULTURA VIRTUAL

EL DESCUBRIMIENTO DE LA VOCACIÓN LITERARIA
El inútil de la familia

D. Jorge Edwards
Premio Cervantes 1999



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Por lo tanto, mi comienzo fue también clandestino. Sin embargo, escribir también representaba, en contrapartida, una aventura fascinante, ya que significaba salir del orden, de un mundo impuesto. Yo me eduqué con los jesuitas de los años cuarenta, que no eran nada conciliares –como los que vinieron después–, sino que educaban "a la antigua", imponiendo unos castigos feroces, como agarrarte de las patillas y levantarte del suelo. A mi padre saber que yo era escritor no le gustó nada, así que me dijo que terminara los estudios de Derecho, que me recibiera de abogado, que me dedicara a ejercer la profesión y que escribiera los fines de semana; es decir, un programa que a mí no me convencía. Al poco de publicar mi primer libro (un libro de cuentos de corte medio poético), mi padre me preguntó un día por qué, si me gustaba escribir, no escribía cosas interesantes, a lo que le pregunté: "¿Como qué?". "Por ejemplo", respondió, "una historia de la industria del cobre en Chile, que es muy interesante". Evidente, aquello podría haber resultado interesante, pero en lo que yo creía, por desgracia, era en la literatura y en la imaginación.

El tema de la imaginación me lleva a otro asunto importante que tiene que ver también con el género de la novela y con El inútil de la familia. Cuando un escritor escribe sobre otro escritor, el cual además existió y pertenece a su propia familia, hace un simulacro de biografía, porque se ficcionaliza, se construye un personaje a partir de los materiales reales de este personaje. Además, que el personaje sea escritor hace que uno entienda los mecanismos mentales y psicológicos que llevaron al otro a hacerse escritor, y con más razón todavía si uno entiende incluso el ambiente familiar con el que chocó el otro y en el que, a pesar de todo, consiguió llevar adelante su vocación de escritor. Por tanto, una novela así tiene elementos autobiográficos confesionales fuertes.

Volviendo al protagonista de la novela, Joaquín era un novelista prolífico y, sobre todo, autobiográfico, puesto que siempre se retrataba, aun parcialmente y de forma semidisimulada, en muchos de sus personajes. El personaje principal de una novela de Joaquín siempre se parece mucho a él; son jugadores, tipos de la mala vida, aficionados a los bajos fondos de la ciudad... Rescribí a mi manera algunas de las historias de Joaquín y me serví de esos personajes para tratar de entender cómo fueron algunos episodios de la vida de Joaquín. En la cubierta de la novela aparecen un caballo de carreras y dos dados, imágenes con las que se quiere ilustrar que Joaquín era jugador –algo que me diferencia completamente de él, porque yo no he jugado casi nunca–. Joaquín jugaba a todo porque su padre, que murió relativamente joven, tuvo una enfermedad muy larga que lo arruinó, y Joaquín –que pensaba heredar una cantidad considerable de dinero– heredó bastante poco. Existe un testimonio real confirmado por varias fuentes de que Joaquín, después de la muerte de su padre, confesó a un hermano suyo, llamado Emilio, que se iba a jugar la herencia: si la doblaba, se quedaba tranquilo; y si la perdía, se dedicaba a escribir artículos de diario.

Joaquín, en efecto, se jugó esa herencia; y en un momento determinado la tuvo doblada y hasta más que doblada. Sin embargo, al final se le dio vuelta el carro de la suerte, perdió y se dedicó a escribir artículos de diario, y estuvo en Chile viviendo en situaciones muy oscuras (pensiones baratas) y sin poder cobrar los artículos, que no eran muy fácil de cobrar en aquellos años. Creo que el juego fue para él una pasión enfermiza. No en vano, más adelante heredaría de una tía y también se jugaría la herencia; y, a pesar de tenerla doblada, también la perdió.

En 1910 salió publicado su libro El inútil, una gran provocación al mundo chileno de su tiempo, puesto que en él se declaran todas las cosas que eran imposibles de admitir entonces. Dice que él es socialista, si bien no creo que fuera socialista, sino más bien un anarquista con nociones políticas más o menos contradictorias y confusas. Después se declara ateo, y es lo más "comefrailes" que hay a lo largo de todo el libro.


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