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El filósofo judío que habla de la libertad necesitada, Hans Jonas, se pregunta algo parecido desde su propia perspectiva judía, cuando se cuestiona si se puede seguir creyendo en Dios después de Auschwitz, y contesta diciendo que sí, a condición de creer en un Dios débil, en un Dios que no mora en lo absoluto y en la perfección, sino en la debilidad y el sufrimiento. La libertad conquistada de la que da testimonio Hans Küng en sus memorias, una libertad que la conquista en lucha permanente no en provocación permanente con las estructuras de una Iglesia que se tiene por administradora única no de la gracia que justifica al pecador, sino de la perfección absoluta de Dios, implica que la confianza básica de la fe que proclama tan claramente el propio Küng, y sin la cual no hay libertad alguna, sino inseguridad e incapacidad de acción para la vida, tenga que hacer sitio en sí misma a este modo de presencia de Dios que es el de la ausencia, a un Dios débil y sufriente: así se abre espacio para la libertad necesitada de la que es capaz el hombre, sin ahogarlo con la perfección absoluta, porque siendo él mismo Dios en Jesucristo-contradicción-presente en la ausencia, Dios en el hombre, resucitado porque muerto en la cruz le capacita para aguantar la contradicción humana propia de su libertad, pero necesitada, dependiente. Todo lo cual requiere que la comunidad que vive de esa palabra de contradicción Jesucristo asuma su propia naturaleza contradictoria de ser, a la vez, justa y pecadora, una idea que recorre toda la memoria de la vida de Hans Küng. Por esto escribe en Ser cristiano "lo cristiano no es una superestructura ni una infraestructura de lo humano, sino que es en el mejor sentido de la palabra guardando, negando y superando la superación de lo humano. Ser cristiano significa, por lo tanto, una superación de los demás humanismos: éstos son reafirmados en cuanto afirman lo humano; son negados en cuanto niegan lo cristiano en cuanto niegan a Cristo y son superados en cuanto el ser cristiano es capaz de integrar lo humano demasiado humano incluso en toda su negatividad". He leído con mucho interés estas memorias de una historia y de una vida en la que, respetando toda la distancia radical no tanto de edad sino de capacidad, importancia y repercusión, he podido reconocer algunos detalles de relación: un compañero suyo de estudios en el Germánico fue mi director de tesis, el ritmo de vida y la estructura de estudios en Roma marcaron también el seminario conciliar por Trento en el que cursé mis estudios, pero sobre todo una relación que quizá marque una diferencia: Hans Küng conversa sobre todo con Karl Barth, también con Bultmann, con Käsemann entre otros. Todos ellos representan la revuelta de toda una generación de teólogos protestantes jóvenes contra el protestantismo cultural que, a partir de Schleiermacher, tomó cuerpo a lo largo del siglo XIX en Alemania, caracterizándose estos rebeldes por su oposición a Hitler desde una Iglesia que profesa su fe en Cristo, la bekennende Kirche, con su declaración de Barmen en contraposición al gran Harnack, representante del protestantismo cultural que celebró la declaración de guerra de Guillermo II contra Francia. Como tema de mi tesis doctoral elegí yo un momento anterior al de estos rebeldes, al último gran representante del protestantismo cultural, pero representante en todas sus contradicciones y fracasos, Ernst Troeltsch, quien dejó la teología para asumir la cátedra de filosofía de la historia en Berlín, siendo el primero que volvió a impartir esa materia después de Hegel. También la teología protestante, después de la radical separación barthiana entre la cultura, la historia y la religión frente al dato positivo de la revelación de Jesús, tuvo que volver a descubrir que la revelación se produce en la historia humana y no fuera de ella (Pannenberg/Rentdorff), de la misma forma que el canon del Nuevo Testamento, como lo defiende Küng frente a sus colegas protestantes, incluye los textos católicos que hablan de la instauración de un ministerio episcopal, y no sólo los textos paulinos que hablan del carisma libre. De cualquier forma, como un dubitativo en la secuela de Troeltsch, me he dejado interpelar por unas memorias de una vida de fe en la Iglesia a pesar de la Iglesia encarnada por algunos eclesiásticos y que hablan desde la alegría y la confianza. Gracias por su testimonio de vida,
por sus libros, por sus memorias, pero sobre todo por el valor
para la libertad.
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