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AULA DE CULTURA VIRTUAL

PINTURA Y PSIQUIATRÍA

D. José Guimón Ugartechea
Catedrático de Psiquiatría de la UPV

Bilbao, 13 de diciembre de 2004

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En un reciente trabajo de investigación se hacen públicos distintos casos de sujetos que, no habiendo pintado nunca, después de sufrir trombosis cerebrales frontales izquierdas comenzaron a pintar de una manera compulsiva y con calidad en la forma y en lo pictórico, incluso alguno de ellos llegando a exponer a edad madura. Aunque esta reacción, naturalmente, iba asociada a otro tipo de sintomatología de desinhibición, de hostilidad, etc., parece ser que esa zona del cerebro se desinhibe de sus contactos, y que predomina la otra parte del cerebro que hasta entonces estaba inhibida.

Por consiguiente, parece que el proceso de desinhibición cerebral por lesión puede facilitar en algunas ocasiones la creatividad artística. Eso es lo que buscan los artistas cuando toman drogas como el LSD, puesto que son productos que pueden activar unas zonas y desactivar otras, y que les producen una mayor capacidad creativa en algún momento determinado. Ahora bien, esto no significa que esa capacidad creativa sea de gran calidad, como lo pone de manifiesto la experimentación de, por ejemplo, Michaux o Huxley, cuya producción bajo tales circunstancias –aunque tenían muchas capacidades– fue más bien mediocre, estereotipada y de baja calidad. Por su parte, lo anterior explica en buena medida la drogadicción tan frecuente (en su tiempo el alcoholismo, después la absenta y actualmente el éxtasis, la cocaína, etc.) a la que ciertos autores son tan proclives.

Parece ser que, si uno está bien, tranquilo y sin ansiedad, no tiene necesidad de crear, sino de pasearse, ver el campo y sentir placer. También parece ser cierto que, para obtener una cierta tensión creativa, hace falta una cierta reverberación de unos circuitos cerebrales que tienen que ver con la ansiedad y la depresión. Es decir, intervienen los mismos circuitos cuyo equilibrio está desarreglado en los trastornos depresivos y en los trastornos psicóticos. Frecuentemente, los artistas sufren pequeños grados de desequilibrio de esos neurotransmisores que les inclinan a crear; y, si no los tienen, se los buscan con drogas, insomnio o una vida agitada y tormentosa. Entonces la creatividad les calma y les relaja, y disminuye su ansiedad o depresión; y ese desequilibrio les produce un nuevo arreglo homeostático.

Sabido es que la enfermedad de Alzheimer destruye la personalidad y trastorna todas las actividades cerebrales. El famoso pintor Willem de Kooning, uno de los grandes expresionistas norteamericanos, atesora cuadros excelentes y una producción muy parca porque era tan perfeccionista que trabajaba durante meses en cada cuadro. Llegó a ser uno de los quince mejores artistas según las grandes revistas internacionales, pero padeció Alzheimer. A los setenta años, tras dos años de sequía creativa, empezó a pintar de forma distinta. Tras su tratamiento empezó a crear enormes cuadros en tan grandes cantidades (más de doscientos en un año), que inundó el mercado del arte durante los tres últimos años de vida, mientras que antes de la enfermedad, paradójicamente, le costaba meses enteros pintar uno solo. Quizá la calidad de esta pintura última no iguala a la anterior, pero la desestructuración del Alzheimer permitió una hiperproductividad.

En cuanto a los trastornos psicóticos, la despersonalización es un fenómeno que todos hemos vivido en algún momento determinado. Por ejemplo, al entrar en un lugar nos ha parecido que el sitio nos sonaba de algo, que habíamos estado allí antes; o hemos asegurado ante una melodía que escuchábamos que esa canción nos sonaba, o que conocíamos a determinado personaje sin que jamás lo hubiéramos visto; o nos hemos mirado al espejo y hemos dicho "no me conozco, qué extraño estoy".

Todo ello constituye faltas de percepción. Despersonalización y desrealización son fenómenos caracterizados por creer que se conoce (o no) lo que no se conoce (o sí). Son fenómenos que todos sentimos en algún momento (por cansancio, por ejemplo); que sufren más los epilépticos; y que experimentan algunas personas llamadas "esquizoides", sujetos que tienen tendencia no a la esquizofrenia, pero sí a algo parecido.



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