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AULA DE CULTURA VIRTUAL

LA ESPAÑA QUE VIVIÓ CERVANTES
Y PENSÓ DON QUIJOTE

Dr. D. Ricardo García Cárcel
Catedrático de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Barcelona
Bilbao, 23 de mayo de 2005


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Sin embargo, en Cervantes –y de ahí el rasgo de complejidad al que antes aludía– también cuenta lo nacional en el sentido estricto de la palabra, es decir, lo nacional con contenidos intelectuales y emocionales. Es importante que tengamos en cuenta que la España que vive Cervantes, esa España antes descrita de, sobre todo, finales del reinado de Felipe II, es un momento histórico en el que, ciertamente, podemos asistir al nacimiento de una conciencia nacional española. Simplemente para explicarlo repasaré las variables a las que, tradicionalmente, todos los expertos en realidades nacionales apelan para definir cualquier fenómeno de este tipo. Veámoslas a continuación.

En primer lugar, se suele hablar de un territorio definido. Pues bien, el territorio español estaba tan definido que, unos años antes de la publicación de la primera parte de El Quijote, se había conformado el sueño ibérico de anexionar Portugal a España, por lo que la Península Ibérica estaba conformada en toda su extensión. Como todos sabemos, esta situación se prolongaría hasta 1640, momento en el que empieza la separación portuguesa.

En segundo lugar debe considerarse la lengua. La España que vive Cervantes es el momento en el que se produce –y hay multitud de referencias documentales sobre ello– la ecuación "castellano igual a español". Se lleva a cabo un proceso de absoluta y total identificación del castellano con el español, y ello a caballo del prestigio extraordinario que la literatura castellana alcanza en ese momento. Es enorme la cantidad de textos de exaltación de las maravillas de la literatura castellana, editada a lo largo de la segunda mitad del siglo XVI, significativamente, en las principales lenguas europeas.

La tercera variable mencionable es el carácter o temperamento nacional. Hay que decir que, en los años inmediatamente posteriores a la obra de Cervantes, se publica la obra de Carlos García, que constituye la primera contrastación del carácter español con el carácter francés. Es decir, hay ya una conciencia de identidad caracterológica o antropológica, la cual se contrapone a otros países como Francia. No hay que olvidar que en esos años finales del siglo XVI estamos asistiendo a la gran contraofensiva a la "leyenda negra", que tiene su momento estelar a partir de 1568, y que a finales de los años ochenta se desarrolla una estrategia defensiva de los valores hispánicos frente a esa leyenda negra europea.

En cuarto lugar, en cuanto a la conciencia de una determinada misión, función o destino, España la tiene desde finales del reinado de Felipe II. Es, naturalmente, el sentido religioso, el sentido de "luz de Trento" y "martillo de herejes".

Otro tanto cabe decir, en quinto lugar, con respecto a la conciencia de una memoria histórica común a los españoles. Las primeras obras sobre la Historia de España que llegan hasta los coetáneos que las escriben y que tienen, además, carácter de globalidad son las de Garibay –cuya familia, por cierto, mantiene relaciones extraordinariamente amistosas con Cervantes– y, desde luego, la del padre Mariana.

Por lo tanto, no se puede negar que a finales del siglo XVI existe una serie de ingredientes que permiten hablar con propiedad de un concepto nacional que no es sólo geográfico o territorial, sino que, además, alcanza el más pleno sentido de la palabra. Asimismo, Cervantes refleja esta coyuntura. Los textos alusivos a la euforia iberista de Cervantes no están, desde luego, en El Quijote, pero pueden encontrarse en diferentes Novelas ejemplares. En efecto, para referirse a la anexión de Portugal hablará en una de ellas de "zurcir el jirón cortado de los vestidos de la ilustre Castilla".

Asimismo, Cervantes posee conciencia de la misión y función históricas de la nación española. La prueba está en que tiene muy presente ser frontera de cristiandad frente a los infieles, hacia los que muestra un recelo muy claro. Igualmente, un buen montón de testimonios avala perfectamente el "narcisismo" lingüístico que siente al respecto del prestigio de la lengua española. Tampoco hay que olvidar el gusto de Cervantes por la Historia, el cual deja entrever en su obra. Concretamente, la Historia de España de Cervantes se remonta a los orígenes prerromanos en el cerco de Numancia, de la que exalta su épica; también aflora el famoso concepto de pérdida de España, que ya esgrimen las crónicas mozárabes del siglo VIII, y el de reconquista como paréntesis desde la pérdida de España en el siglo VIII hasta el XV, en el que se recupera. Del mismo modo, está presente en su obra el culto a Santiago. Es decir, se nota claramente que Cervantes estaba impregnadísimo de esa conciencia intelectual nacional de España.

 

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