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Transcripción de la conferencia
"Cristianismo y Tercer Milenio" de José Ignacio
González Faus 3
Quiero citar ahora, porque luego aparecerá
como un elemento positivo de la Historia europea ótambién
está la democracia griega, todo hay que decirlo, aunque,
en sus orígenes, era muy relativa y limitada, pues no
votaban ni extranjeros, ni mujeres, ni esclavosó, lo que
supone la aparición de la Orden franciscana. Algunos dicen
que se trata de la gran y mejor herejía de toda la Historia
del cristianismo ódigo herejía porque siempre ha
estado un poco marginadaó. Esta congregación podría
ser comparada con el grito y lema de la revolución francesa.
En primer lugar, la esencia de la experiencia franciscana es
la libertad: Francisco se da cuenta de que las riquezas de su
padre esclavizan a los que trabajan para él, así
que se libera de todo aquello. En segundo lugar, y como consecuencia
del paso anterior, nuestro protagonista descubre la igualdad:
en la época de las cruzadas, cuando era un acto casi santificador
el ir a matar moros, Francisco comprende que no hay que matarlos,
por lo que decide ir a dialogar con el sultán. Y, en tercer
lugar, de resultas de dicha experiencia, intrínseca al
franciscanismo, surge la idea de la fraternidad: el canto de
las criaturas es la hermandad saliendo de los hombres hasta llegar
a la naturaleza. Por todo esto, hay aquí un anucio del
ideario de la revolución francesa, aunque, en esta ocasión,
es contra Cristo.
El cristianismo, en el tercer milenio,
como ya he mencionado, tiene que intentar rescatar lo mejor de
Europa y evitar lo peor, porque el viejo continete es esa bipolaridad
del holocausto y los derechos humanos. Y tiene que hacerlo sin
peleas de paternidad. Ésa sería una gran tarea.
Un tercer obstáculo es la institución
eclesial. Dicho así, claramente y sin miedos, puede resultar
un poco sesgado, pero es Juan de Dios Martín Velasco,
que escribe libros sobre la mística y esas cosas, quien,
en uno de ellos, Increencia y evangelización, dice
expresamente: ´El mayor obstáculo para la evangelización,
hoy en día, es la institución eclesial'. Con esa
cita quiero explicar que, si el cristianismo quiere suponer algo
en el Tercer Mundo, ha de estructurarse de alguna manera. Hemos
de intentar caminar, no sé cómo, hacia una Iglesia
más ágil, laica, comunitaria, femenina y de fermento.
Una Iglesia más ágil
quiere decir una Iglesia menos centralizada. No puede ser que
todo vaya a Roma y venga de allí también, porque
todos los problemas caerán en ese centro. Y ¿cuál
será la reacción de la institución central?,
pues evitar los problemas, no resolverlos ¿Cómo?,
pues premiando y fomentando espiritualismos, movimientos de esos
que no crean conflictos; eso es lo que le gusta al centro. Porque,
para resolver los problemas hay que correr riesgos, y dichos
riesgos puede generar, a su vez, nuevos problemas ósería
el cuento de nunca acabaró.
También quiere decir una Iglesia
más laica. Y cuando digo laica quiero decir no clerical.
El clericalismo vuelve a resurgir hoy, desdichadamente, desgraciadamente,
y se nota en, por ejemplo, cómo utilizamos una expresión,
´los eclesiásticos'. Cuando ustedes la oyen ¿en
quién piensan?, ¿en los cristianos? No, ¿verdad?;
piensan en los curas, en los obispos, etc. Esto es lo frecuente,
pero, en realidad, los eclesiásticos son todos ustedes,
somos todos los cristianos, porque es la fe la que nos constituye
en Iglesia. La Iglesia no es el Papa y los obispos, ni muchísimos
menos. La Santa Madre Iglesia ópreciosa expresiónó
no la constituyen los señores que están en Roma
ni los que llevan la mitra; es toda la comunidad de creyentes
que nos ha precedido y camina con nosotros en la voluntad de
la fe. Ésta es la matriz. Yo, por mi parte, no tengo ningún
inconveniente en decir ´la Santa Madre Iglesia', con tal
de que se entienda bien a quién me refiero. Es parecido
a lo que ocurre en la misa, con la oración que reza: "No
mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia" ¿Qué
entienden ustedes cuando oyen lo dicho? ósi es que llegan
a oirla, ya que a lo mejor la dice el cura en voz baja ó,
pues lo que todos: soy un pobre cristiano pecador, pero los señores
de Roma son muy buenos, mira qué fe tienen. Así
que, siempre que rezo esa oración, digo ´No mires
nuestros pecados, sino la fe de tu pueblo, la Iglesia', porque
la Iglesia es el pueblo de Dios, el poseedor de toda la fe que
a dichos señores les falta. Éste es sólo
un ejemplo de los muchos que podría poner, sin embargo,
es suficiente muestra de la llamada involución eclesial
ócosa que yo lamentoó, de que se está volviendo
a un cierto clericalismo. Me duele cuando veo en Barcelona, tan
secularizada, que los alumnos más jóvenes vuelven
otra vez con la etiqueta ésta, con el clergyman,
y piensan que están dando una señal de la transcendencia,
como si ésta estuviera, no sé, en el pasado, en
ese tipo de cosas.
He hablado además, cambiando
de tercio, de una Iglesia más comunitaria. Cuando digo
comunitaria quiero decir que es necesaria la democratización
de la institución, y elijo, para ello óporque así
lo prefieroó, la palabra del Nuevo Testamento, Koinonía,
comunidad. Es una idea que siempre se desautoriza muy fácilmente,
y que, en el fondo, subliminalmente, nos transmite otra bien
distinta: si no es una democracia, es una monarquía absoluta.
Efectivamente, la Iglesia no es democrática en el sentido
de que no es ella la dueña del destino de nadie. Tiene
una Constitución que es el Evangelio, anterior
a ella, y que el pueblo no puede cambiar, por lo menos en lo
fundamental óahora se discute sobre si hay que cambiarla
o no, aunque un pueblo democrático podría hacerlo
sin cuestionárseloó. De la democracia forman parte,
entonces, casi más que ese poder último, que esa
fuente última de poder, los procedimientos, que deberían
ser más comunitarios, más integradores, más
escuchadores, por decirlo de alguna manera. Esto se lograría,
simplemente, no imponiendo, aun a sabiendas de que tiene que
haber una autoridad; así, dichos procedimientos podrían
ser muy diferentes.
Por otra parte, debe resultar una Iglesia
femenina. Con esto, estoy corroborando que las mujeres han estado
y están marginadas ósi hubiera más tiempo
hubiese explicado cómo buena parte de una determinada
concepción no muy cristiana de la mujer tampoco viene
de la tradición bíblica, como se empeñan
en afirmar hoy nuestros medios de comunicación un poco
baratos, sino que viene del citado mundo griegoó. Tampoco
quiero decir que las mujeres deban tener más derechos
de los necesarios, entiéndaseme bien; simplemente creo
que hay una serie de valores pertenecientes a todos, dentro de
los cuales parecen estar más del lado de lo que pudiera
ser el estereotipo femenino aquéllos que ponen cosas como
la gratuidad y el respeto por encima de la eficacia.
Finalmente, debe tratarse de una Iglesia
de fermento. Si la Iglesia no sabe situarse hoy en el mundo del
futuro es porque todavía no acepta, aunque teóricamente
diga que sí, que aquello que llamábamos la cristiandad
se ha terminado. La cristiandad era una situación de la
Edad Media en la que Iglesia y mundo prácticamente coincidían.
No cabe duda de que, hasta cierto punto, hay en el ser eclesial
un dinamismo, una fuerza que parece abarcar al segundo de ambos,
pero, junto a esa visión que podemos encontrar incluso
en el Nuevo Testamento -donde, en lugar de la palabra mundo,
de repente, aparece la Iglesia-, hay, también, una misión
para el cristiano: ser fermento. Los primeros cristianos no pretendían
identificarse con el mundo conocido; eso vino diez siglos después
y gracias a Carlomagno ódel que ahora compruebo que, aunque
lo he citado, no he comentado nadaó. Todavía se
sigue pensando en las altas esferas, en el ensueño de
una nueva cristiandad, cuando lo cierto es que se trata de una
tarea que debe empezar desde mucho más abajo, como el
poner la levadura en la masa, y desde un cierto anonimato que
asusta mucho, porque entonces no se sabrá quiénes
somos, pero que, a la larga, es lo que acaba haciendo crecer
más la masa. Luego, si ésta es fecunda en valores,
tanto da si se les pone la etiqueta de cristianos como si no;
lo importante será que estén en vigor y actúen.
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