LOS VALORES DEL AUTONOMISMO
D. Iñaki Ezkerra
Escritor
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Sí. Hay demasiado marxista en la derecha española
al que le convendría leer a Freud de vez en cuando y entender
que el ser humano -en soledad o en grupo- puede actuar a veces contra
sus propios intereses movido por unas pulsiones autodestructivas y
oscuras que a Marx se le escapaban. Esas pulsiones son en este momento
y en este caso concretos el nacionalismo rupturista y su ofensiva
estatutaria que poseen un innegable componente ideológico que
el PSOE y el PP desdeñan, el primero porque es un partido que
se ha desideologizado en nombre de los intereses electoralistas, el
segundo porque en sus filas pesa más el criterio económico
de la derecha liberal que la ideología. Ni el PSOE ni el PP
se percatan de la envergadura ideológica del nacionalismo porque
la ideología ha dejado de ser importante para los primeros
y nunca tuvo un gran peso para los segundos. Es así cómo
el discurso constitucionalista lo ha tenido que hacer el Movimiento
Cívico del País Vasco intentando arrastrar al PSOE y
al PP al mismo huerto táctico en una ardua labor de celestinaje
teórico no siempre comprendida. Es así cómo la
desactivación del Movimiento Cívico ha producido un
vaciamiento ideológico que hace avanzar ideológicamente
a los nacionalistas. Y mientras tanto el marxista de derechas sigue
diciendo que el Estatut y el Plan Ibarretxe son sólo una cuestión
de dinero. Sí, el marxista de derechas es más marxista
que todos los que fuimos comunistas hace tres décadas y que
al menos habíamos leído a Freud o éramos -como
decía Machado- "demasiado románticos para creer
que el factor económico sea el más esencial de la vida
humana". La ofensiva ideológica del constitucionalismo,
que consiste en socavar en un plano ético y estético
los prestigios de la bisutería doctrinal e intelectual de los
nacionalistas oponiendo otros prestigios distintos, como son los de
los valores no sólo constitucionales, sino también autonomistas
y europeístas, es imprescindible porque es en el campo ideológico
donde debe librarse la batalla fundamental que aún no se ha
librado.
Si el problema sólo fuera económico, bastaría
con desalojar a los nacionalistas del poder en Cataluña y el
País Vasco efectivamente. Pero ¿y si hubiera otros ingredientes
que los económicos en el nacionalismo? ¿Y si la necesidad
de una utopía que rellene el vacío dejado por el descalabro
de la izquierda o que supla a "la esperanza en el desastre"
que ya no pueden representar la fantasía de la "dictadura
del proletariado" ni la extinta Unión Soviética
constituyeran fuerzas inconscientes o no tan inconscientes, impulsos
de carácter idealista o puramente autodestructivo que hay que
tener en cuenta? Entonces el problema no se arreglaría "cerrando
los grifos del dinero" -aunque ése sea, en efecto, un
factor importante- en el caso vasco. Si hubiera un ingrediente ideológico
potente en el nacionalismo sabiniano, éste podría volver
reforzado tras el 155 y, por lo tanto, la verdadera "guerra",
al margen de que el 155 se aplicara o no a corto plazo, debería
librarse a medio y largo plazo en el mismo plano. Sólo venciendo
ideológicamente al nacionalismo, sólo socavando su prestigio,
tendríamos la garantía de su caída y de que no
volverá el desafío. Ni es sensato decir que un artículo
de la Constitución "se hizo para no ser aplicado jamás"
ni es sensato calentarse la boca amenazando con él. Ni es eficaz
banalizar la suspensión de la autonomía vasca a base
de invocarla con una retórica de taberna ni dejar de esgrimirla
con contundencia aunque con prudencia contra un nacionalismo dispuesto
a sacar ventaja de todas las debilidades del Estado, así como
sensible a la fuerza y la salud disuasorias de éste. Ambos
casos supondrían una renuncia a la ideología en nombre
de la claudicación o en nombre de la arrogancia. Lo sensato
y lo eficaz es arropar de ideología no sólo una medida
extrema de restricción de la autonomía, sino también
la misma aplicación ordinaria de las leyes, las actuaciones
normales del poder judicial y la propia reforma penal que abordó
el último Gobierno del PP y que quedó no sólo
inconclusa sino cuestionada. También avances democráticos
como el Macrojuicio contra la ETA social, financiera, cultural e internacional
deben ser explicados, amparados y arropados por la cobertura ideológica.
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