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AULA DE CULTURA VIRTUAL

LOS BUENOS HÁBITOS EN LOS NIÑOS

D. Eduardo Estivill
Pediatra y neurofisiólogo (creador del famoso método Estivill)

Dña. Montse Doménech
Pedagoga y psicóloga

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Montse Domènech

Como ha indicado Eduard Estivill, el hábito de la alimentación está basado en la adquisición de unas rutinas a través de unos elementos asociados y de una actitud de los padres. Pensemos en un caso extremo: un niño de tres años se acostumbra exclusivamente a comer puré de patatas durante todo el día: para desayunar, comer, merendar y cenar. Cuando llega el momento de llevarlo al parvulario, no quiere comer nada porque el niño sólo tolera el puré de patatas.

Para solucionar una situación así, tenemos que inculcar seguridad a los padres para el momento en que tengan que enseñar el hábito al niño. Concretamente, el hábito de la alimentación consiste en escoger unos elementos básicos para que el niño los asocie al momento de comer. Hay que tener en cuenta que ningún niño se muere de hambre si tiene un plato lleno delante. El hábito de la alimentación consiste en elegir los elementos asociados (el plato, los cubiertos, el babero, la mesa y la silla), pero nada de juegos, televisión, cuentos o lápices o cualquier otro elemento que el niño pueda interpretar como elementos asociados a este hábito. Evidentemente, siempre hablamos de niños que tienen ciertos problemas en el momento de adquirir estas rutinas; es decir, cuando un niño ya ha aprendido correctamente el hábito, algún día podemos ser más flexibles sin que, seguramente, vayamos a distorsionar el buen hábito.

También es importante pensar que el niño tiene un estómago muy pequeño. Por tanto, es mejor empezar por dosis muy pequeñas y por alimentos que a él le gusten para, poco a poco, ir introduciendo sabores nuevos. No está descrito ningún caso de algún niño que rechace un sabor sin probarlo. Los niños deben probar cualquier sabor, y tenemos que intentarlo -eso sí, sin forzarle-.

Por eso es bueno colocar, al lado de un alimento que a él le gusta mucho, una cantidad muy pequeña de algo que vamos variando día a día, de manera que podamos acostumbrarle a nuevos sabores. Igualmente, no existe ningún dato que indique que los niños prefieran los sabores dulces a los salados o los sabores amargos a los ácidos. Es decir, cualquier niño se puede ir acostumbrando a cualquier sabor con el modelo que le dan los padres.

Otro detalle es que, cuando un niño no sabe todavía comer de forma correcta, haya sólo una persona que le dé la comida, sin nadie más interfiriendo en la acción. Suele suceder que la madre está dando de comer, pero pierde la paciencia, por lo que va el padre, quien le pega un grito, ante lo cual la abuela le dice "déjame, que ya le doy yo, porque sé más". Realmente, esto no es nada bueno al principio. Por el contrario, resulta muy aconsejable crear un espacio relajado y sin ningún ruido donde esté una persona sola con el niño al que necesita enseñar a comer.

También es muy importante no destinar demasiado tiempo a la acción. A veces, muchos padres cuentan que se tiran horas y horas intentando dar de comer a su niño. Pues bien, si no se logra un resultado exitoso en treinta-treinta y cinco minutos como máximo -que es lo que puede durar una comida-, se aparta el plato y se le dice: "Bueno, a la hora de cenar, cenarás mejor". No se debe insistir, porque comer no es ninguna tortura, y tenemos que enseñar que es algo que tiene que gustar y que resulta placentero y agradable. Por ello, resulta relevante que los padres sepan transmitir esta sensación a los niños, para que coman con ganas.

Si el niño no quiere comer, no hay que aplicar nunca fórmulas represivas, es decir, no hay que gritarle (ni pegarle, por supuesto), porque lo que nos interesa es que para él este espacio sea divertido y que los padres sepan transmitirle cariño mientras le dan la comida o come solo. Es bueno que estén charlando y que no se muestren urgencias del tipo "¡Venga, come!".

En conclusión, resulta primordial que los padres sepan si el niño come bien. Si es así, es necesario saber reforzarlo positivamente, y decírselo ("Hoy estás comiendo fenomenalmente", "Perfecto", "Luego podremos pintar o cantar canciones"). Por el contrario, si no come bien, no se le riñe ("La próxima comida comerás mejor"). Finalmente, también es muy importante, si los niños no han desayunado, comido o cenado bien, no dar complementos, con el fin de no saltarnos los horarios y para que el ritual sea lo más estricto posible.

 

 

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