![]() |
|
| a | |
|
|
Félix Linares: Mencionaremos Melocotones helados porque esto sí constituyó un punto de inflexión muy importante en tu vida literaria, y supongo que hasta en tu vida personal. Sorprende que a una autora con dos libros publicados y tan joven -porque sigues siendo la más joven de los ganadores del Premio Planeta- le concedan este galardón. Espido Freire: Sí, sorprendió en su momento. Desde luego, a mí me sorprendió muchísimo. Hay gente que todavía no se lo cree, pero yo puedo asegurar que no tenía ninguna certeza -y, de hecho, estuve a punto de perder el avión para Barcelona porque había habido un error-. Mis padres estaban "cardiacos". Mi madre sí que tenía cierta fe en que yo tuviera alguna posibilidad; pero mi padre, ninguna. Melocotones helados partió nuevamente de otra reflexión. Yo, entonces, estaba bastante involucrada y bastante volcada con la idea de los refugiados, con los refugiados que estaban viniendo de la guerra de Bosnia. Tenía algunas amigas que estaban dando clases de español y de inglés a refugiados y comencé a plantearme qué ocurría, qué era de una persona cuando todo lo que la definía como tal -como persona, como médico, como ciudadano de tal ciudad, como padre de familia- había desaparecido, cuando no podía decir su nombre, cuando tenía que virtualmente ser absorbido por la nada. ¿Qué pasaba cuando los grupos de presión, las ideologías, deshacían la trama de una vida normal? A partir de ahí fui tirando del hilo. Pensé que transcurría en una familia, porque siempre me ha fascinado, dentro de una familia en la que hubiera una confusión de nombres, y esta confusión de nombres me llevaba a unas relaciones determinadas, a madre e hija, o a tías y sobrinas... Ésa fue la novela que ganó. Tuvo mucho éxito -vendió catorce ediciones en tapa dura y no recuerdo cuántas en quioscos, y se sigue vendiendo- y, posiblemente, más repercusiones de cara al público que lo que después fue para mí. A mí me supuso una cantidad inmensa de trabajo que llegaba de pronto, pero yo creo que, quizá, por la experiencia con la música, ya estaba acostumbrada a la avalancha de prensa, a ser el foco de atención, con todo lo bueno que eso conlleva y todo lo malo. Representó mucho trabajo durante nueve o diez meses, porque creo que era agosto y seguía de promoción -y el premio se gana el 15 de octubre-, y fue la sensación de que o tenía mucho cuidado o ésa podía ser la lanza definitiva para convertirme en una outsider, para convertirme en alguien totalmente al margen de lo que era mi edad, de lo que era mi circunstancia. Y eso me daba miedo. Félix Linares: Y al mismo tiempo, ¿no te daba una cierta
seguridad pensar "bueno, hasta ahora estaba en la cuerda
floja de los autores que publican, pero un Premio Planeta es
ya incontestable"? Espido Freire: No, ¡qué va!, de incontestable, nada. De hecho, no siendo un Premio Planeta que recibiera malas críticas, la novela que ha resultado más criticada y más cuestionada de las cinco que he publicado fue Melocotones helados. Y fue, precisamente, por el Premio Planeta. Más tarde me he encontrado con muchos lectores que me han dicho "no te leí hasta Diabulus y música o hasta el ensayo de la bulimia porque habías ganado el Premio Planeta, y no lo compro". Hay gente que es exactamente todo lo contrario. La mayoría cree que es un aval. En Latinoamérica, por ejemplo, se ve con muy buenos ojos un premio de ese tipo, y la novela fue recibida con mucho respeto. No obstante, yo tenía además el agravante de ser muy joven y de no estar del todo bien ubicada; por un lado, ser del País Vasco, no estar controlada en los dos gran centros, que eran Madrid o Barcelona; por el otro, no tenía tampoco una apariencia que pudiera enclavarme dentro de la generación Kronen, que era lo que entonces marcaba. El único referente femenino cercano, era Lucía Etxebarría, con quien se intentó por todos los medios enfrentarme, pero la relación es buena y con ella no lo lograron. El otro referente era Juan Manuel de Prada, también Premio Planeta con, creo, el tercer libro. Y pasamos a ser dos grupos enfrentados, más o menos: por un lado, la generación Kronen, que eran más simpáticos, más malditos (Mañas, Loriga y compañía), y que por lo general gozaban más de la simpatía del público, pero que recibían unos vapuleos tremendos de la crítica; y, por el otro, estábamos los empollones, que éramos los formalitos, los que no bebíamos, los más gorditos, los menos atractivos para el gran público, pero, por el contrario, mucho más respetados por la crítica, que éramos Juan Manuel y yo. Después, unos se han ido uniendo, mientras que otros han desaparecido. Félix Linares: Ya se sabe: lo que tienen las generaciones es que no existen. Espido Freire: Sí, son una faena, porque a la mínima te quedas descolgada. Félix Linares: Mientras tanto, tú sigues publicando más novelas, novela juvenil, volúmenes de cuentos y poesía. Aland la blanca es un libro de poesía muy rara que ya casi nadie practica y que entronca con cierta poesía épica. Además, yo no sé si también proviene de tus lecturas, que, seguramente, han condicionado tu carácter. Espido Freire: Mira, ésta es una noche de confesiones. Sí, por un lado, viene de las lecturas y por una fascinación hacia el mundo mítico, por lo que es la creación de universos paralelos, que me ha acompañado siempre. Yo recuerdo desde muy pequeña ser una pedante insoportable y hablar a mis compañeros de Afrodita, de Zeus, de Neptuno y de todo lo que fuera. Y yo creo que, durante la carrera, de lo que más disfruté fue de, por ejemplo, la lectura de Beowulf junto con un semestre que dedicamos a Hamlet y a Macbeth. Por otro lado, ese libro, que a mí me sigue gustando mucho y que creo que no es un mal libro, también oculta una de mis carencias más graves. Es el hecho de que a mí, como poeta, me falta la capacidad de transcendencia. No sé si la obtendré ni si es algo que se va encontrando o no. Además, me falta también un ritmo determinado, un ritmo cadencioso, que no tiene por qué ser el endecasílabo u otro cualquiera, sino una especie de aliento del que va naciendo el propio verso. Eso no lo tengo y no sé si algún día lo obtendré. Estoy leyendo mucha poesía y, de hecho, casi todos mis amigos son poetas; pero de una forma natural no lo tengo. En cambio, sí que creo que estoy bien dotada para crear atmósferas; y para lo que es la narración, en todas sus vertientes. ¿Solución? Yo quería escribir poesía narrativa, y ahí sí que llamo la atención por el salto de la narrativa a la poesía; y, además, porque hacía mucho tiempo que no se publicaba un poema épico, un poema épico en diez cantos y con un corte argumental. Como digo, fue en parte por afición y en parte porque "de donde no hay no se puede sacar".
|
info@diario-elcorreo.es Pintor Losada 7 Teléfono: +34 1 944870100 / Fax: +34 1944870100 48004BILBAO |