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Transcripción de la conferencia
del psiquiatra Enrique Rojas - 5
En cuarto lugar, están los síntomas
cognitivos. La palabra cognitivo -quiero hacerles una pequeña
advertencia- significa la manera en que nosotros almacenamos
todo lo que recibimos en nuestra cabeza, a través de esquemas.
Es decir, muchas veces la gente funciona con éstos. Hace
un rato, una periodista me decía ´¿Ir al
psiquiatra es sinónimo de estar loco?´ Bueno, esto
ocurre en la gente con muy poca cultura. Ésa es una idea
que todavía deambula y circula por la calle, pero esto
no es así. Conceptos esquemáticos como ´Me
han dicho que las depresiones, una vez que tienes la primera,
ya no se arreglan´ o como ´ésa tiene que tener
depresiones siempre´, son falsos, negativos. Es como si
uno habla de los políticos y dice ´todos los políticos
son corruptos´. Conocemos muchísimos políticos
que son extraordinarios.
Es evidente que la generalización de cualquier cosa da
lugar a estos esquemas falsos. Pues bien, el depresivo, en los
síntomas cognitivos, lo que hace es una falsa interpretación
de sí mismo. Entonces, si yo pierdo, por ejemplo, la funda
de mis gafas ótoda la conducta humana se mueve entre un
binomio estímulo-respuestaó, la reacción,
la respuesta a la pérdida de la funda de las gafas tiene
que ser proporcionada al estímulo. El depresivo permanentemente
deforma la realidad, la agranda, la hipertrofia, y se produce
esta situación tremenda. Me decía un enfermo mío
´Doctor, no sé qué es lo que me pasa que,
cuando subo al autobús en Madrid, siempre me fijo en alguien
al que le pasa algo negativo, una persona que está coja,
que tiene un defecto en la cara, que tiene...´. Hay una
capacidad selectiva para captar lo negativo.
Y en quinto y último lugar,
están los síntomas asertivos. La palabra ëasertividadí
óëasertoí, en castellano, significa ´afirmación´ó,
en este contexto, significa que la depresión afecta a
la habilidad en el contacto interpersonal. Es decir, una persona
depresiva no está especialmente florida para hablar, para
comunicarse con la gente, sino que está callada, en silencio,
introvertida, con pensamientos negativos que circulan en su cabeza
y que no salen al exterior. Hay, por lo tanto, un cierre hermético
en el contacto con el otro.
Esto sería, a grandes rasgos,
el paisaje, los síntomas, las manifestaciones clínicas
más importantes, pero sí quisiera hacer, llegado
este punto, un diagnóstico diferencial con tres entidades
clínicas que, aunque muy parecidas, no son depresión.
Lo haré de manera sencilla, para que ustedes lo entiendan.
No hace falta que sean médicos ni personas expertas.
En primer lugar, tenemos la personalidad
depresiva, aquélla cuya conducta, desde siempre, desde
que se conoce, tiene las características fundamentales
del pesimismo, la introversión, la tendencia patológica
al orden, vivir hacia el pasado, dificultad para hablar con los
demás; es minuciosa, obsesiva, hipersensible, etc. Hace
unos días, veía en Madrid a un señor de
sesenta y tantos años largos; venía con su mujer
-tienen varios hijos y están todos casados-, y ésta
me decía: ´Mire usted, doctor, ha tomado de todo.
Le he traído a usted una lista. Yo creo que ha tomado
50 pastillas; todo lo que está en el vademécum´.
A raíz de esta conversación, durante dos días,
nos dedicamos a estudiar su personalidad con entrevistas directas,
hablando con él, preguntándole qué tipo
de vida hacía. Me impresionó cuando yo entré
dentro de este hombre y ví que él, de siempre,
ha sido un hombre triste. Ya me lo indicaba la mujer: ´Mire
usted, yo me enamoré de él porque me sorprendió
un hombre tan callado, que no hablaba nada; entonces pensé
"algo tendrá dentro" ó-Ortega y Gasset
decía que una de las cosas que más enamoran es
bucear en la intimidad del otro-, y luego proseguía ´Yo
fui buscando y vi que no había nada. Cuando ya me casé,
dije, "bueno, este hombre es así"´ -en
concreto, lo calificaba de ´soso integral´-. Entonces,
yo le aclaré: ´su marido no tiene nada, el tratamiento
no es farmacológico. Hemos estado dos días trabajando
con él y su marido tiene una personalidad depresiva´,
a lo que ella contestó ´ya decía yo que mi
marido no era normal´. Para terminar, le expliqué:
´lo que vamos a hacer es darle unas pautas psicológicas
para intentar, a pesar de los sesenta y tantos abriles que tiene,
cambiar un poco su personalidad´. Éste es un ejemplo
claro de ese primer tipo de personalidad, a la que se le trataba
de forma incorrecta.
El segundo tipo, la vida depresiva,
se refiere a aquella vida que está presidida por la monotonía.
Y esto lo ve uno en gente de todas las clases; puede ser de pueblo
o puede ser de ciudad. Piensen ustedes en una ciudad como Madrid,
con cinco millones de habitantes. La persona que en Madrid está
sola, está supersola. Porque uno está solo en un
pueblo de Zamora y sale a la calle, y hay mil habitantes, o tres
mil, y uno conoce a la gente; sin embargo, en Madrid es dramático
ódigo Madrid como podría decir Nueva York o las
grandes ciudades del mundoó. Entonces, hay que tener claro
que dicha vida depresiva no se arregla con pastillas; hace falta
cambiar en ese tipo de vida, llenarla de contenido. La felicidad
consiste en ilusión, pero, -ojo!, no es su contenido,
sino su envoltorio: metas, retos, planes, objetivos, cosas por
delante que hacer...; ésa es la felicidad. Normalmente,
pasamos el tiempo pensando en el día de mañana,
cosa muy necesaria que no ocurre en la vida depresiva: no hay
día de mañana, hay hoy y ahora. A una persona que
le da lo mismo que sea lunes que fin de semana, siempre se le
ocurrirá hacer lo mismo, por lo que hay que hacerle comprender
que esta clase de vida forma, ya, parte su conducta y es muy
negativo.
Por último, está la tercera
modalidad de la confusión, que también requiere,
como digo, un diagnóstico preciso por parte del psiquiatra;
es lo que se ha dado en llamar la distimia depresiva. La palabra
distimia es una palabra antigua retomada por la American Psyquiatric
Association desde hace unos años, a través de los
glosarios psiquiátricos que utiliza, que se llaman en
inglés DSM4. Son las siglas, en inglés, de Disismental
Estatistical Four óla cuarto ediciónó,
es decir, un glosario en el que vienen todos los síntomas.
Y la distimia se define de la siguiente manera: ´dícese
de aquel cuadro clínico que alberga en su seno dos cuadros
clínicos: uno, una depresión propiamente dicha,
y, otro, un trastorno de la personalidad´. La verdad es
que, en estos casos, hay un fenómeno muy curioso: yo veo
muchas personas con distimia, muchas, y me impresiona cuando
le pregunto al paciente ´oigame, el médico anterior,
los médicos que le han visto, ¿le han hecho psicoterapia?´,
y me responde, ´no, mire usted, el médico decía
que no tenía tiempo mas que para darme pastillas´.
¿Qué es lo que ha ocurrido aquí?, pues nada
más y nada menos que una hipertrofia de lo que yo llamaría,
con cierto desdén, la pastilloterapia. Si tienes
depresión, una pastilla; si estás arriba, otra
pastilla; si estás decaído, otra; si esto, si lo
otro, otra pastilla.
Cuántas veces va a la consulta un chico con un fracaso
escolar, tres o cuatro años sin hacer nada, y te dice
la madre: ´Doctor, ¿no habría alguna pastilla
para que mi hijo estudiara?´. A eso le respondo yo ´Sí,
una que se llama voluntad´. La voluntad es la joya de la
corona. Una persona sin voluntad es un desastre, mientras que
otra poseedora de la misma, llega en la vida más lejos,
incluso, que una persona inteligente; por eso hay que fomentarla.
Mutatis mutandi, hechos similares ocurren aquí
con la distimia, así que ø por dónde empezar?,
øqué hacer? Pues hay que hacer dos cosas. En primer
lugar, ver qué tipo de personalidad tiene. Los síntomas
más importantes de la personalidad o del transtorno de
la depresión son los siguientes óa grandes rasgos,
como digo, porque habría mucha tela que cortar aquíó:
en primer lugar, el síntoma más importante es el
complejo de inferioridad, ya que una persona que tiene un desajuste
de la personalidad suele ser una persona acomplejada óhaciendo
un inciso, hay que aclarar que el complejo es mental; o sea,
yo puede tener complejo por ser demasiado alto o demasiado bajo,
o por tener demasiada delantera, en el caso de la chica, o demasiado
trasero. No hay más que ver la desgraciada moda de la
anorexia: todas, incluso las escuálidas, se encuentran
gordasó; en segundo lugar, la inseguridad, síntoma
clave en la personalidad no ajustada y aspecto subjetivo.
Hace unos días veía yo a un chico de un pueblo
de Toledo que trabaja en el campo óel padre tiene una
vaqueríaó y no sabe leer ni escribir, y se justificaba
de la siguiente forma: ´Mire usted, yo no sé más
que firmar, pero yo no soy tonto. Tengo una gran seguridad en
mí mismo porque yo he tenido un negocio de vacas. Empecé
con tres o cuatro y tengo hoy cuarenta en el pueblo´. Es
decir, una persona puede ser médico, ingeniero, arquitecto
o profesor de algo y estar acomplejado porque se compara con
el otro. Pero continuemos señalando otros síntomas,
como la hipersensibilidad psicológica, propia de individuos
que necesitarían estar al lado de un diplomático
de carrera para que dijera la frase, la palabra justa óes
casi imposibleó, o como aquel otro, bastante frecuente,
en el que la persona queda atrapada en los recuerdos negativos
del pasado. Nosotros, en estos temas en concreto, hacemos una
psicoterapia de apoyo; es decir, una persona que no supera el
pasado negativo se convierte en neurótica, y una persona
neurótica es una persona agria, amargada, resentida, torcida,
echada a perder. Sabemos, además, que esta patología
se contagia: en una familia donde hay varias personas neuróticas
o una gran neurótica, hasta el perro se convierte en neurótico.
El perro, de pronto, le da un bocado al amo, o a alguna de las
personas que más quiere, porque ya no sabe qué
hacer. En todo caso, y dejando ya aparte esta enumeración,
en consecuencia con estos síntomas que acabo de mencionar,
nosotros hacemos una psicoterapia, que es restablecer, mediante
una serie de pautas de conducta, el equilibrio; además,
le asociamos medicación, pero nunca hacemos de ésta
primer y único elemento. Como las depresiones que se dan
en las enfermedades somáticas pueden ser, como decía
antes, muchas y diversas, la asignación de una pequeña
medicación puede ser suficiente.
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