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Transcripción de la conferencia
de César Vidal- 3
Otra nota significativa es que tuvo
una tremenda importancia en la forja de algunas naciones, no
sólo en el último tercio del siglo XIX, sino también
en el siglo XX. Por supuesto, los dos casos más importantes
son los de Alemania e Italia. El hecho de que la formación
de Alemania implicara un sinnúmero de guerras de mayor
o menor envergadura debería hacernos recordar, por otra
parte, que el nacionalismo siempre implica la creación
de conflictos internos y que siempre suele tener un carácter
de tipo milenarista. Por cierto que posiblemente una de las obras
más escandalosamente nacionalistas que se han redactado
a lo largo de la Historia es Mi lucha, que Hitler escribió
durante su estancia en prisión antes de ser canciller
y en la cual expresa su idea de Estado nacionalista para el futuro
alemán. Pensaba que le quedaban pocos años de vida,
quizá incluso meses, lo que provocó que fuera tremendamente
sincero. Llegó a reconocer ante algún amigo cercano
que se había expresado con una tremenda transparencia
porque creía que no iba a vivir mucho; por lo tanto, tenía
que dejar un testamento muy claramente establecido sobre cuáles
eran sus intenciones. Ahora bien, lo que realmente sorprende
de su libro no es el tono político, sino el tono milenarista,
prácticamente religioso. Sus resonancias apocalípticas
son muy claras, por ejemplo, cuando se hace referencia a un nuevo
orden mundial, y por supuesto todo esto queda concebido dentro
de un lenguaje que en algunos casos es prácticamente místico.
En el siglo XX, los milenarismos o,
si ustedes lo prefieren, las utopías de carácter
milenarista se han convertido posiblemente en el primer peligro
con el que se enfrenta el género humano, al menos en cuanto
a peligro de carácter ideológico, y esto se debe
a varias razones: la primera, que niega por definición
al individuo. Éste, como tal, carece de valor; sólo
tiene un valor en la medida en que está incluido dentro
de un grupo, bien en el proletariado redimido y redentor, bien
en la nación que se piensa emancipar. Aquellos seres humanos
que se definen en categorías personales son pasados absolutamente
por alto, no tienen ningún valor, porque lo que se persigue
es un objetivo que va mucho más allá del individuo;
un objetivo nacionalista, marxista o de carácter sectario.
La segunda, que asienta una visión
discriminadora, por la sencilla razón de que no parte
de la igualdad de los seres humanos, sino del hecho de que los
hay que forman parte de colectivos condenados a la derrota, incluso
al exterminio, y los hay que están destinados al éxito,
a disfrutar de un futuro luminoso, por pertenecer a otros determinados
grupos. De ello nace un pensamiento liberalista que no en pocas
ocasiones ha intentado precipitar la llegada de ese futuro luminoso
recurriendo a la violencia, a los golpes de Estado e incluso
a las guerras, como la Segunda Guerra Mundial. El internacional-socialismo
es buen ejemplo de las consecuencias que conllevó dicho
pensamiento.
A estas alturas de la Historia nos
encontramos con cinco tipos de milenarismos que continuarán
entre nosotros durante las próximas décadas -lamentablemente
temo que no me equivoco al respecto-. El primero de ellos es
el de las sectas derivadas de las clásicas del siglo XIX.
Son sectas de origen norteamericano a las que se han sumado grupos
más pequeños, o bien de carácter autóctono,
es decir, que han aparecido en países que no son de Estados
Unidos, pero cuyo contenido ideológico comparte esa visión
milenarista, o bien sectas como las relacionadas con el movimiento
de Nueva Era, que son absolutamente legión. En realidad,
hoy en día cualquier persona puede crear una secta de
este tipo, porque siempre encuentra algún grupo de adeptos
dispuesto a seguirle. La verdad es que su repercusión
social no es muy grande; estamos hablando de grupos que en todo
el mundo pueden llegar a ser 5 millones de personas, o como los
Testigos de Jehová, que podrían andar rayando los
4 millones de personas, cifras no muy numerosas para hablar de
formaciones religiosas. Y su repercusión social coincide
con la universal, que no es que sea infinitesimal, pero desde
luego es muy reducida. Su impacto parece quedar reducido a determinadas
situaciones individuales, como lo que ocurre en familias donde
se produce una fractura de la convivencia porque uno de los miembros
entra en una secta.
El segundo milenarismo lo siguen constituyendo
los movimientos marxistas. Ahora bien, también es cierto
que desde el año 1991 se encuentran, al menos en apariencia,
en un proceso de retroceso innegable. A la caída de la
Unión Soviética le siguió, de manera prácticamente
instantánea, la caída de las dictaduras comunistas
en los países del Este de Europa, lo que vino a confirmar
muy claramente que se apoyaban en los tanques soviéticos
y no en la voluntad popular, por si alguien lo dudaba. Con esto
han sobrevenido otras consecuencias, como la desaparición
de la mayoría de los movimientos terroristas, un residuo
de la red internacional de terror que se alimentaba desde la
Unión Soviética y que ha ido desapareciendo a medida
que han desaparecido el soporte ruso y sus satélites,
o como la desaparición de un movimiento hace 20 años
pujante, la Teología de la Liberación. La verdad
es que cuesta creer ese retroceso espectacular en menos de una
década; algunos seguimos intentando comprender cómo
ocurrió, sobre todo teniendo en cuenta que esa forma de
pensamiento milenarista todavía sigue siendo real en algunos
países. En el caso de China -y estamos hablando del 20%
de la población de nuestro planeta- sigue existiendo una
dictadura comunista. Se han introducido reformas económicas
en los últimos años, pero en lo que respecta a
los derechos humanos sigue siendo una dictadura. A mí
me llama la atención que nuestros medios de comunicación
se "rasguen las vestiduras" con tantísimo dolor
cuando se ejecuta a un reo en una cárcel de EEUU y, sin
embargo, nunca transmitan informaciones sobre las ejecuciones
de millares de personas en China. El último informe de
Amnistía Internacional sobre la pena de muerte, publicado
hace cuatro o cinco meses, sostiene que el 60% de las ejecuciones
de todo el mundo se producen en este país, y, curiosamente,
una parte no despreciable de ellas es para comerciar después
con los órganos de los ejecutados. Reconozco que el tema
no es agradable, pero ustedes saben que no aparece mucha información
sobre eso y sí, en cambio, sobre la ejecución de
alguien en Florida o en Texas. Además, el comunismo sigue
existiendo en países como Cuba o Corea del Norte, y ejerce
influencia en países del continente americano, como pueden
ser los casos de Colombia o de Venezuela, así que no creo
que vayamos a ver su final en la primera década del siglo
que comienza -aunque particularmente me encantaría-. Los
durísimos golpes que ha recibido en estos últimos
tiempos no han amortiguado del todo la inestabilización
antidemocrática que provoca.
El tercer grupo lo seguirán
constituyendo los nacionalismos -por tanto, el trío ya
mencionado continuará en tiempos próximos-. Van
a ser otro instrumento peligroso para la democracia del siglo
XXI; de hecho, ya lo son en el marco de la Unión Europea.
En ello, en su persistencia y su florecimiento, convergen dos
causas que por supuesto admiten matizaciones según a qué
país nos refiramos. Por eso, sólo en algunos casos
podremos afirmar que se incrementa por temor hacia una globalización,
situación que ha tenido su paralelo a lo largo de la Historia
con el nazismo, por ejemplo, creado por quienes rechazan el progreso
industrial y creen en otra serie de cuestiones como la sangre
o el suelo. En otros, se desarrolla como refugio de marxismos
cálidos, como en el caso ya comentado del Este de Europa,
donde no deja de ser interesante que en países como Rumania,
y ya no digamos en la antigua Yugoslavia, los comunistas se hayan
convertido en feroces nacionalistas. Incluso a veces es gente
que ha pasado del comunismo al nacionalismo; Milosevich da fe
de ello, y como él, muchos otros que simplemente han cambiado
de signo de milenarismo. Además, en los países
que estaban tras el Telón de Acero todavía existen
contenciosos territoriales que por supuesto son carnaza para
los movimientos de carácter nacionalista. Rusia, por su
parte, también está experimentando una especie
de fervor nacionalista, ya que es un país que ha sufrido
la pérdida de territorios históricamente rusos.
Y el caso del nacionalismo vasco ni que decir tiene que sigue
suponiendo un problema, especialmente para España y Francia.
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