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AULA DE CULTURA VIRTUAL

PREVENCIÓN DEL CÁNCER UROLÓGICO

Dr. D. Ander Astobieta
Bilbao, 5 de mayo de 2003



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Por supuesto que, si queremos, podemos tomar vitaminas para evitar el cáncer de vejiga. En estos momentos, se habla sobre todo de las vitaminas C y E como provocadoras de la disminución de la incidencia del cáncer de vejiga. Lo mismo se dice de la vitamina A, pero no se ha demostrado. Claro que las tres aparecen en la dieta normal, así que tampoco es necesario tomar suplementos vitamínicos únicamente con la idea de disminuir el riesgo de cáncer. Ahora bien, por otra parte, sí se ha comprobado que hay una relación directa entre el consumo de grasas, entre el colesterol que éstas producen, y el cáncer de vejiga, por lo que su disminución drástica en nuestra dieta parece ser una medida razonable de prevención. Por tanto, comiendo sano y eliminando hábitos externos que nos puedan perjudicar vamos a conseguir, en conclusión, disminuir la incidencia tanto de este cáncer de vejiga como de cualquier otro cáncer. ¿Por qué? Porque estas medidas provocan una clara mejora de nuestra salud.

Asimismo, ¿beber líquidos influye o no influye? En principio, creo de sentido común pensar que sí, porque estamos asegurando que existen unos carcinógenos que se eliminan por la orina y que si ésta está muy concentrada los carcinógenos van a estar en contacto con la capa interna del "globo": es decir, que cuanto más concentrada esté y más tiempo permanezca en contacto mayor posibilidad habrá de alterar esta capa, este epitelio, para producir una displasia y el consiguiente fenómeno de la carcinogénesis. Por tanto, si bebemos mucho líquido orinaremos con más frecuencia y conseguiremos tener menos tiempo en contacto con la vejiga estos carcinógenos, con lo que, a la vez, estaremos disminuyendo el riesgo de padecer cáncer de vejiga. Por cierto que esto también se averiguó en Estados Unidos, e incluso se publicó un artículo al respecto en 1999, en una revista de mucho impacto, directriz en lo que respecta a temas médicos (esto significa que la información aparecida en dicho artículo está muy contrastada), la "New England Journal of Medicine". Fue el resultado del estudio de aproximadamente unas 47.000 personas durante un periodo de diez años, tras el cual se encontraron 252 casos de cáncer de vejiga. Cada dos años les sometían a un riguroso control sobre la dieta que llevaban e iban haciendo un historial médico. Además, les preguntaban por la frecuencia del consumo de un total de 22 tipos distintos de bebidas, para ver si había diferencias o no, y lo que encontraron fue que existía una evidente relación con la prevención del cáncer de vejiga.

No obstante, aunque está muy bien tomar agua o cualquier otro líquido, debemos beber una cantidad mínima para que este hecho sea significativo desde el punto de vista estadístico, para que haya una relación clara causa-consecuencia. Es decir, habrá que estimar oportuno beber cerca de dos litros y medio al día, por ejemplo. Si no se pueden tomar, esto ya es otro problema; sin embargo, aquel experimento demostró claramente que había una disminución significativa del riesgo de padecer cáncer de vejiga en los pacientes que bebían seis o más vasos diarios, frente a los que bebían sólo un vaso. Así las cosas, aunque en estos momentos no podemos decir si es mejor tomar dos, tres o cinco vasos, lo que sí está claro es que cuanta más agua pueda beber una persona, por ejemplo, mejor, por lo que acabo de explicar: esto produce mayor frecuencia miccional y menor tiempo de contacto de los carcinógenos vesicales con el epitelio de la vejiga. Es decir, que también el grado de consumo de este líquido influye en la incidencia general de este tipo de cáncer. Además, contamos con la ventaja de que es una medida preventiva barata y nada complicada, así que se puede adoptar con facilidad -otra cosa es que uno quiera hacerlo o no- y puede ayudarnos a reducir el cáncer de vejiga hasta un 50%.

Si analizamos la repercusión de otro tipo de sustancias, elementos, etc., parece ser que la soja, un compuesto también muy de moda actualmente, inhibe el crecimiento de los tumores vesicales, pero el problema es que la experimentación que se ha hecho es animal, con lo que tampoco podemos trasvasar los datos extraídos de experimentos con animales a los humanos. Claro que tiene la ventaja de que también es barata y no tiene efectos secundarios importantes, lo cual ya es mucho, porque si no podemos decir nada a favor, tampoco lo podemos decir en contra. Y en cuanto al selenio (ya saben que también se está poniendo de moda tener más o menos selenio en el organismo), un oligoelemento clave para la salud del ser humano por ser un antioxidante, imprescindible para los distintos procesos del organismo y para que funcione de forma adecuada el sistema inmunitario, se ha comprobado que posee un efecto antineoplásico en el cáncer de mama, de pulmón, de hígado y de intestino delgado, y parece ser que podría presentar algún tipo de papel preventivo en el cáncer vesical, y aunque en la actualidad no hay datos que nos digan qué suplementos de selenio van a ser efectivos para prevenir este tipo de tumor, lo cierto es que se están realizando estudios cuyos resultados estamos esperando.



 

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