<<<ANTERIOR / SIIGUIENTE>>>
¿No habrían entendido mucho mejor la cultura del Siglo de Oro si hubiera leído el "Prólogo" de los Entremeses en que Cervantes rememoraba cómo mejoró el teatro del Siglo XVI Lope de Rueda alargando las comedias, "que eran unos coloquios, como églogas, entre dos o tres pastores y alguna pastora; aderezábanlas y dilatábanlas con dos o tres entremeses, ya de negra, ya de rufián, ya de bobo y ya de vizcaíno: que todas estas cuatro figuras y otras muchas hacía el tal Lope con la mayor excelencia y propiedad que pudiera imaginarse", con excelencia y propiedad.
¿Y cómo vamos a casar las diatribas parlamentarias con la verdad objetiva de los hechos? Paseemos con don Quijote y el caballero del Verde Gabán cuando andan discutiendo de lo humano y lo divino y, sobre todo, de los hijos. Cervantes anima al caballero erasmista y le exhorta, "En resolución, todos los poetas antiguos escribieron en la lengua que mamaron en la leche, y no fueron a buscar las estranjeras para declarar la alteza de sus conceptos. Y, siendo esto así, razón sería se estendiese esta costumbre por todas las naciones, y que no se desestimase el poeta alemán porque escribe en su lengua, ni el castellano, ni aun el vizcaíno, que escribe en la suya". Claro que, semejante aseveración hecha en la transición de l siglo XVI al XVII, en plena discusión filológica sobre el orden de las lenguas, que llevaba abierta desde Nebrija, supera, desde un punto de vista intelectual, cualquiera otro reducido sentimiento. En fin, si se pierde el humor y predomina la paranoia, Cervantes debería ser desterrado, para siempre jamás, de tantos y tantos sitios, como de Daganzo.
Puedo ir dejando de lado el tema: ni sentía vascofobia, ni una vascofilia tan descolocada como la que pretendió Apráiz. Cervantes se limitó a sentir y ser un individuo más de su momento y sobre los vascos sentía de una manera y otra, sin mayor trascendencia, como de gallegos, manchegos, castellanos, españoles, ingleses, manufactureros o cortesanos, o cualquier otra clasificación que queramos hacer. A todos les aplicó los tópicos de la época.
Lástima, pues, que la ineducación lleve a semejantes dislates y que no se reconozca en el recuerdo cervantino a tantos personajes que llenaron su vida y su imaginación, cuyos apellidos, en extensa nómina, no creo que sean, por así decir, del valle de Alcudia. En su vida se cruzaron, en diferentes momentos y tanto vascos como navarros, que en ocasiones por el apellido es difícil discernir el origen, Domingo de Ipenarrieta, Gaspar de Ezpeleta, o la familia de Esteban de Garibay y Zamalloa -de Mondragón-; Gabriel Pérez del Barrio Angulo -de Orduña-; Diego de Haedo -de Frómista-; Antonio de Guevara, Francisco de Orduña, Pedro Ruiz -de Otalora-, Francisco López -de Vitoria-, Pedro de Isunza su superior en Andalucía y tan querido de Apraiz-, Sancho Bazán -de Sarralde-, Andrés de Cerio, Martín de Arriaga, Esteban de Ibarra, Juan de Amézqueta, o los escritores citados en "El Canto del Calíope" o en El Viaje del Parnaso, como Vergara, Galarza, Garay, Balmaseda, Oquina, Angulo, Ochoa, Jáuregui; en el "Donoso Escrutinio" de la biblioteca de El Quijote, se rescata por su calidad La Araucana de Alonso de Ercilla que era de Bermeo. Y no sigo, porque el tiempo corre.
Y como no tenemos nada que conmemorar de Cervantes y su época, olvidémonos de Eraso, Eguino y Zubiaurre, Gaztelu, Garnica e Idiaquez, que fueron contadores o secretarios reales y de Recalde, Oquendo, Legazpi, Elcano y no sé cuántos más
, que se limitaron a ser leales servidores de sus reyes (o no, como Lope de Aguirre, algo narcisista de más) y siento cierto ridículo por tener que decir estas cosas.
Cervantes y Garibay
Hace años sentí curiosidad por conocer en qué consistían la teoría y la metodología de la Historia en tiempos de Felipe II . Claro está, me encontré con Esteban de Garibay y Zamalloa (1533-1599) y con Caro Baroja y con Cervera Vera y con Jesús Moya-, por el que siento verdadera admiración, que no ha de rayar con la veneración beatificadora. Siempre inconclusos los trabajos, he seguido el rastro de Garibay en los Archivos de Simancas, en el Histórico Nacional y en el de Plantino, en Amberes. No voy a narrar su biografía, porque no es objeto de esta charla, pero sí querría citar algunos pormenores de su vida.
Nacido en Mondragón en 1533, y muerto en Madrid en 1599, sus grandes aportaciones a la Historiografía castellana del reinado de Felipe II son historias generales y obras de linaje regio o nobiliario: el Compendio Historial y las Semblanzas genealógicas de los Católicos Reyes de las Españas así como las aún manuscritas Grandezas de España: noticias de los títulos y casas ilustres de ella. Sus Memorias, publicadas por la Academia de la Historia en el Memorial Histórico Español en 1854 y recientemente reeditadas por Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco con edición de Jesús Moya, son un aluvión de informaciones de todo tipo. Por otro lado, debemos tener conciencia que Garibay era más conocido, estaba más "popularizado" en el siglo XIX que actualmente: adviértasela fecha de edición de sus Memorias., o el interés que despierta la fachada de su casa natal en la Ilustración Española de 1872.
Esteban de Garibay se casó dos veces, la primera en 1556 y la segunda en 1576. Tuvo 11 hijos legítimos, de los que llegaron a edad adulta sólo tres. Los demás, usando sus palabras, "hijos míos que no se lograron". Su último acto vital, antes de expirar lo registró el escribano de Madrid Francisco Testa. El 18 de octubre de 1599, pocas horas antes de su muerte, otorgaba codicilo en el que reconocía por hijo suyo legítimo de su primer matrimonio al franciscano fray Francisco de Garibay, y
"asimismo nombro por mi hija natural, habida de mujer soltera a doña Catalina de Garibay, que está casada y reside en la villa de Mondragón, y pido a la dicha doña Luisa de Montoya, mi mujer, y a mis hijos, la hagan el bien que pudieren".