a


AULA DE CULTURA VIRTUAL

ANTERIOR / SIGUIENTE


Transcripción de la conferencia de la diputada del Grupo Socialista y Presidenta de la Comisión de Control Parlamentario de RTVE


Hombre, la verdad es que, por otra parte, si hay algo a lo que también hemos contribuido es al mantenimiento del sistema que nos oprime, como ya adelantaba anteriormente, y por eso una de las tesis que se mantiene en el libro es que la rivalidad entre las mujeres ha sido fomentada precisamente por los hombres, que son los que han tenido y aún tienen el poder en dicho sistema. Me explico, porque creo que así queda esto dicho de manera un poco simplista y yo siempre procuro apoyarme en especialistas en estos asuntos: no hay un enfrentamiento entre las mujeres porque la naturaleza así lo ha decidido, sino que los hombres, cuando pactaron -estoy hablando de hace miles de años, claro está-, pactaron estar en una determinada situación y tener un determinado poder, y nosotras quedamos relegadas a otro ámbito en el que debíamos rivalizar por conseguir lo que nos daba el estatus, el reconocimiento, el apellido; en definitiva, por el hombre, que era quien nos proporcionaba todo esto. Entonces, ésta ha sido siempre una manera de entender que tenemos que competir entre nosotras para que al final sólo quede una, la elegida, y dicho enfrentamiento se ha ido manteniendo y reproduciendo a lo largo de los tiempos.

Por supuesto que también es cierto que hoy día vivimos en una sociedad en la que las mujeres vamos saliendo de la esfera privada y comenzamos a participar, a irrumpir, estemos donde estemos, en el mundo de los hombres, cosa que me encanta decir precisamente en un lugar como Bilbao, en el País Vasco, donde hay unas mujeres espléndidas, con una fuerza, una energía y una valentía impresionantes. ¿Qué consecuencias está trayendo dicha irrupción? Una serie de tensiones a las que no somos ajenas. Entonces, mi propósito a la hora de escribir este libro, en conclusión, era comprobar, partiendo de esa rivalidad histórica de la que les hablo, que las relaciones entre las propias mujeres también están contaminadas habitualmente por la devaluación existente entre nosotras. De hecho, nos miramos de arriba abajo, como midiéndonos, comparándonos, constantemente, y de la misma forma que existen una serie de guiños cómplices hay la costumbre de parangonarnos. Virginia Woolf solía decir que a los hombres los miramos en un espejo en el que los agrandamos; pues bien, nosotras mismas miramos, consciente o inconscientemente, a las mujeres en un espejo en el que las empequeñecemos. Es decir, que los sentimientos y las relaciones entre nosotras son ambivalentes, y me parece que es muy interesante tenerlo en cuenta, porque precisamente ahora que nos encontramos en el mundo exterior tenemos que competir no tanto por un hombre, sino por un trabajo bien remunerado al que tenemos derecho a acceder o incluso por el poder, ya que también podemos ser ambiciosas. Y para realizar todas esas ambiciones y muchas otras tenemos que competir, entonces, no sólo con hombres, sino también con mujeres, y no pasa nada porque compitamos entre nosotras siempre y cuando compitamos con lealtad, al igual que deben hacer los hombres cuando compitan bien entre ellos, bien con nosotras.

Eso quiere decir que debemos establecer unas reglas del juego que no permitan "clubes" restringidos que marquen quiénes pueden estar dentro y quiénes quedan excluidos, y por eso me parece absolutamente fundamental que nosotras podamos hablar con franqueza, que podamos manifestar nuestra rabia, que podamos transformar aquellos sentimientos que nos suelen convulsionar en palabras; en definitiva, que podamos verbalizar nuestros propios malestares. Sé que esta tarea resulta difícil de realizar porque habitualmente debemos hacer tantas cosas y tan bien que al final acabamos completamente agotadas, exhaustas, y conseguimos que se nos vea como a seres que pueden ser invadidos por los demás. Es decir, que tengamos una profesión y además debamos estar alerta en casa para ver qué sucede, quién tiene problemas o quién necesita asistencia urgentemente porque está enfermo, por ejemplo, realmente significa una ingente inversión de energía por parte de las mujeres. Pero debemos percatarnos de que ya va siendo hora de que dejemos de sentirnos seres para los demás y empecemos a sentirnos seres por nosotras mismas, con nuestra individualidad.

¿Qué ocurre? Que cuando empezamos a comportarnos de esta manera enseguida nos acusan de egoístas, uno de los calificativos más terribles (además del de mala) que se puede utilizar contra una mujer. Y cuando a una mujer se le dice «eres una egoísta» se le rompen los esquemas, porque si por una parte se le dice que debe ir más a lo suyo, por la otra, se supone que debe ser una persona entregada, con tiempo, energía y espacio para los demás; tres conceptos, estos últimos, que forman parte de nuestra propia vida y que condicionan los afectos. Por eso la generalidad de las mujeres -aunque generalizar siempre sea trivializar y conlleve poca matización y, por tanto, injusticias- acabamos sintiéndonos, ya digo, como seres invadidos por los demás que se olvidan de sí mismos o, en el mejor de los casos, culpables por no sacrificarnos por el prójimo. De hecho, el sentimiento de culpabilidad es uno de los problemas que más nos atañen; como por lo visto siempre debemos sacrificarnos por el prójimo, hecho sumamente etéreo, no existen límites, y lo que no tiene límites supone invasión. Entonces, opino que las mujeres debemos ser muy conscientes de esto último para que nuestro cuerpo y nuestra mente, que en definitiva son nuestros dos constitutivos, no protesten, porque si protestan nosotras mismas nos estamos haciendo mucho daño. ¿Y qué recomiendo para lograrlo? Que no tengamos miedo a trabajar para nosotras mismas, a intentar ser autónomas, ya que desde nuestra autonomía podemos generar mejores relaciones con las demás personas; mejores porque ya no se basarán en la dependencia.


ANTERIOR / SIGUIENTE

Enviar la noticia a un amigo

subir




info@diario-elcorreo.es

Pintor Losada 7
Teléfono: +34 1 944870100 / Fax: +34 1944870100
48004BILBAO