Inglaterra añade el tema colonial de las indias. Siempre había sido una lucha con respecto a quién tenía la hegemonía y, simplemente, les leo un folleto de 1598, en que se recomienda que los ingleses bien nacidos dejasen de comer pescado, sabiendo que los peces se habían hartado de sangre española después de la Gran Armada y, luego ya, se les recomienda que sí, que pueden comerlo, porque los peces ya han digerido al español y no transmiten la enfermedad venérea ni otros elementos nocivos que había en su carne, etc.
En fin, las citas son realmente curiosas y, por último, en todo este conglomerado que es donde se forman no hay que olvidarse de Francia, ya desde la última década del siglo XVI, con las guerras de religión, con la intervención de Felipe II en ese momento, se acusa, por ejemplo, el carácter español como vanidoso y falso. Esto se repetirá en el siglo XVIII: la consabida triple y vil herencia visigoda judía y serracena. Es curioso que se suprime la civilización romana, que también es la España romana.
En fin, realmente, no puedo dejar de leer lo que un viajero francés publica en 1604, que es una amalgama biológico racista que merece la pena recordarse: “La gran sequedad de los españoles, atemperada en nosotros por un humor moderado, y la dureza del cerebro que les hace despreciar el aire libre y los corrillos, les trae tantas incomodidades como la mala vista; está consumido el humo cristalino de la pupila y ofuscado por esa quemadura del cerebro, de suerte que no se ve otra cosa por las calles que gentes cargadas de gafas eternas, sostenidas en las orejas, a fin de que los chatos no sean excluidos; a ser sordos creo que también están sometidos, viéndose en cantidad lo que usan trompetillas o cerbatanas de plata y marfil; tienen la mayor parte de los dientes careados y, por consecuencia, el aliento fétido; no sé de dónde procede su causa…” En fin, sigue así, sin parar.
El español se ha convertido en una especie de muñeco al que se le atribuyen todas las maldades. Esto no impide que haya también una influencia cultural española real y que, por supuesto, la moda española se expande y la cultura española y, en fin, este núcleo que se forma en esos siglos parece que pasa un poco suavemente por el paso del siglo del XVII al XVIII y en el XVIII con los ilustrados franceses; con un Voltaire, con un Montesquieu vuelve a revivir. ¿Por qué? Pues por varias razones. El vecino, desde luego; España, en el siglo XVIII, a diferencia también de lo que nos decían, sigue siendo, no es potencia hegemónica, pero sigue siendo una primera potencia; tiene todos reinos de indias y se ha librado, por fin, de todas las posesiones europeas que son las que han quemado en gran medida el desarrollo y, luego, en estos ilustrados, lo que hacen es para no criticar directamente y no caer en la censura francesa contra Luis XIV y, luego, contra Luis XV. Utilizan a España como una posibilidad, un espejo que ha caído en decadencia y en el despotismo y que, por lo tanto, no hay que imitar.
Toda esta España negra con síndrome de Estocolmo, que decía Agustín Sánchez Vidal, es producto de unas circunstancias históricas y desde luego no fue rebatida por historiadores profesionales; que la historia profesional surgen muy tardíamente en el siglo XIX y el XX y Domínguez Ortiz, que trató mucho este tema, y se enfadaba mucho con lo de las dos Españas, señalaba que España acababa siendo un país como todos los demás. Tengo un pequeño dibujo de Maximo donde se ve a un especie de pensador, tipo Unamuno, paseando, que dice: “¿Y si resultase que España es un país como otro cualquiera, poblado, mayormente, por gentes del montón?” |