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D. Emilio de Diego

Presidente de la Asociación de Estudio de la Guerra de la Independencia

España, el infierno de Napoleón. La Guerra de la Independencia

En Bilbao, a 31 de marzo de 2008
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Emilio de Diego

Bueno, pero aquí no. Aquí, con esa propaganda a la que me refería antes, Fernando VII es la encarnación de todas las virtudes y sufre de la perfidia, del Anticristo, que es Napoleón, toda clase de vejaciones. Entonces, está ardiendo en deseos de volver a España. Bueno, pues para traerle a España es para lo que combaten los españoles; para traerle a España y para expulsar a los franceses. Ese no es el ritmo de los ingleses. La perspectiva de los españoles es una guerra más localizada, la perspectiva de los ingleses es una guerra en conjunto: hay que derrotar a Napoleón no sólo expulsarle de España. Por eso el ritmo es distinto. Que venga a Portugal, que sus tropas atraviesen cientos de kilómetros y, cuando lleguen aquí, los ingleses combaten apoyados en sus bases en el terreno, en las obras de fortificación defensiva. Y los franceses han tenido que atravesar cientos de kilómetros combatir durante cientos de kilómetros y cuando han llegado a Torres Vedras, no tienen más que hambre y miseria y ninguna capacidad militar para forzar el paso hacia Lisboa.

Con todo, la participación británica, cuando los británicos se deciden a salir de Portugal incorporarse alguna ofensiva en España, léase Talavera, léase por ejemplo Badajoz, serán verdaderamente eficaces. El ejército inglés combate mucho mejor abastecido que los demás ejércitos que actúan en la península, porque Wellington se preocupa primero de aprovisionarse desde Portugal y, segundo, de ir estableciendo por las líneas donde va a desarrollar su avance, los almacenes suficientes como para que sus tropas puedan comer y vestirse, porque este es el otro gran aspecto determinante de la guerra, los abastecimientos. Otro error de Napoleón. Napoleón había pensado que España era un país relativamente rico y este es un error imputable a una persona que debería manejar una información como la del censo de frutos y manufacturas de 1799 en España, que demostraba que en un año normal los españoles tenían que importar trigo. Claro, si en un país que no produce para la alimentación de su población en condiciones normales, usted introduce, primero, un ejército de decenas de miles de hombres y luego en algún momento hasta 340.000 soldados franceses, que llega a haber, que se tienen que mantener sobre el terreno. Además, en condiciones de guerra distorsionado el esquema productivo, con mano de obra muy reducida porque se han incorporado al ejército, con escasez de semillas, con la incertidumbre de saber qué va a ser de las cosechas que los campesinos no siembran.

El hambre es la gran catástrofe de la guerra de 1808 a 1814. Un hambre atroz que produce la mayor parte de las bajas y que determina, incluso, la capacidad operativa de todas las fuerzas en presencia. Un hambre que afecta a la producción civil española por supuesto, que tiene que sufrir las sensaciones del ejército regular español, de la guerrilla, de los ingleses y de todo el que pasa y, que por tanto, se especializa en ocultar lo poco que tiene y es resistirse. Pero que cuando se resiste y el soldado que pasa por allí o el guerrillero que tiene que aprovisionarse allí, no lo encuentra y está necesitado, recurrirá a un grado de violencia extraordinario y la respuesta será un grado de violencia también del otro lado. Una espiral que hará que la Guerra de la Independencia sea el conflicto más cruel que se había conocido hasta entonces. Pero no sólo pasa hambre la población civil, pasan hambre los soldados españoles. Los soldados españoles andan descalzados, mal vestidos, y con hambre toda la guerra. Pero los soldados franceses, también. Estos que vemos con uniformes tan brillantes en las películas, estos pasan un hambre atroz, atroz.

Y voy a ponerles un ejemplo significativo que, además, no por iconoclasta, va directamente contra uno de los mitos de la guerra: Cádiz. En el Cádiz sitiado por el mariscal Víctor desde febrero de 1810, la artillería francesa no alcanza la ciudad de Cádiz. No puede avanzar por la lengua de terreno que hay hasta Cádiz porque está abatido por los barcos británicos y por los pequeños barcos españoles. Tiene que situarse a la menor distancia que puede, pero la menor distancia que puede es desde unos fuertes al comienzo de la lengua de tierra que le permitan encañonarse con otro fuerte con Matagorda, con el de Puntales. En Cádiz cayeron durante el tiempo del sitio cuatro proyectiles franceses de los de la época, uno hizo un desperfecto en una iglesia, otro mató a una señora, otros dos no hicieron nada. Claro, "con las bombas que tiraban los fanfarrones se hacían las gaditanas tirabuzones". Sin duda ninguna. En Cádiz se estrenaron más de 90 obras de teatro en esos dos años; hubo prácticamente todos los días fiestas y divertimento; no faltaba nada. Alcalá Galiano en sus memorias nos dice "y los precios bajaron, había de todo, hasta nieve para hacer refresco". Con los barcos británicos abasteciendo la ciudad, los que pasaban hambre eran los soldados de Víctor, pero un hambre atroz. El hambre hizo que no pudiera reunirse nunca por parte del ejército francés una masa de maniobra de más de 50.000 hombres porque necesitaba para comer los suministros potenciales de un espacio tan enorme que un mayor número hubiera sido absolutamente imposible de mantener.

Por tanto, esta es otra, Francia llega a tener, Napoleón llega a tener hasta 340.000 soldados en el momento que más, pero nunca tuvo una masa de maniobra de más de 50 ó 55.000 hombres. Sí, ya sé que tenía que guarnecer algunos puntos, pero aparte de eso es que no había manera de poner en marcha una agrupación mayor porque no había qué comer. Y el desplazamiento continuo de tropas, del frente suroccidental al frente centro europeo, donde él tiene su gran ejército, el centro principal, 2.000 kilómetros a pie, tres meses de entonces, a 30 kilómetros al día, de 24 a 30, con una impedimenta de 30 quilos que lleva cada soldado. ¿Seis pares de botas? no hay almacenes para tanto: a pie, descalzos. Traer tropas a la península significa quedar en inferioridad frente a los rusos o los prusianos; sacar tropas de la península significa quedar en inferioridad frente a los angloportugueses o a los españoles.

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