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D. Emilio de Diego

Presidente de la Asociación de Estudio de la Guerra de la Independencia

España, el infierno de Napoleón. La Guerra de la Independencia

En Bilbao, a 31 de marzo de 2008
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Emilio de Diego

Es una guerra, además, muy heterogénea en el tiempo y en el espacio. Dentro de España, entre 1808 y 1814, hay temporadas de una mucha mayor actividad bélica que otras y, en cuanto al espacio, hay zonas o regiones de España donde la guerra va a durar tan sólo unos meses -el caso de Galicia, desde el mes de mayo de 1809 ya no hay franceses en Galicia-, va a durar lo que dure en Andalucía -en Andalucía no se presentarán los franceses hasta comienzos de 1810 y empezaran a evacuarlo en agosto de 1812 después ya no hay franceses en Andalucía- y en otras zonas de España, pues, la periodicidad también varía. En algunas va a durar prácticamente seis años, es el caso de las provincias vascongadas, de Navarra, del eje entre Madrid e Irún, porque son zonas estratégicamente de importancia permanente y de ocupación permanente.

Luego, cuando hablaos de conflicto de 1808 a 1814, hablamos en cuanto a la participación económica, la prestación de contingentes humanos etc, de todas las regiones de España. Pero, quienes padecen, quienes sufren durante todo ese sexenio el conflicto son unas zonas de España y no otras. Claro, ¡qué decir de la Meseta norte cuando Portugal será uno de los objetivos permanentes de Napoleón! Pues claro, es evidente que en la Castilla Norte vamos a tener una guerra que también dura prácticamente los seis años y en la Castilla sur pues en una gran parte de ella también y en dirección a Extremadura a Badajoz a la otra llave de la frontera, pues también. Pero esto no significa, repito, que sea una guerra que tenga el menor asomo de homogeneidad o de equilibrio, ni temporal ni espacial, durante esa etapa que discurre de 1808 a 1814.

Bueno, dadas estas pinceladas, podríamos, incluso, hacer una afirmación, también previa, que seguramente no estamos muy acostumbrados a oír. Con todo eso, la Guerra de la Independencia , lo más seguro es que fue una guerra inesperada. No sé si hay guerras esperadas, pero esta fue una guerra inesperada. Inesperada, sobre todo, para Napoleón, por qué, si resulta que has conseguido tener en tu mano a Carlos IV y a Fernando VII, a los representantes del antiguo régimen en su máxima jerarquía, les has hecho que te entreguen y depositen la soberanía española, la parte de soberanía que les correspondería dentro del derecho tradicional político española, pero la soberanía representada en la corona de España, has proclamado rey de España a un hermano tuyo, le ha aceptado una asamblea de notables españoles en Bayona, las instituciones del antiguo régimen han quedado paralizadas prácticamente, muchas de ellas han quedado paralizadas por los propios españoles porque las autoridades que ejercían el poder habían sido nombradas por Godoy -y Godoy es el enemigo público número uno-, es decir, si se ha desarticulado todo el entramado político institucional del antiguo régimen, ¿quién va a organizar una resistencia contra este proyecto francés.

¿Y el ejército español? Bueno, el ejército español tiene unos 100.000 hombres en plantilla. Como casi siempre, la plantilla poco tiene que ver con la realidad. Puede que no llegaran a 80.000 y los 15.000 ó 16.000 más preparados están en Alemania y en Dinamarca, combatiendo precisamente a las órdenes de Napoleón en virtud del tratado de Fontaineblau. De manera que en España quedan poco más de 60.000 hombres, que están desplegados de una manera escasamente práctica para una posible resistencia frente a los franceses. ¿Por qué? Porque el enemigo ha sido Inglaterra. ¿Dónde están las tropas españoles? Pues en el campo de Gibraltar, el general Castaños. ¿Dónde están? En algunos otros puntos de la costa, particularmente en Galicia. Por ahí están desperdigadas, diríamos, más que desplegadas, las tropas de ese ejército español de 1808. Ese ejército, que tiene escasos medios, mal instruido, desperdigado por la península, va a ser un ejército capaz de enfrentarse al ejército francés.

¿Qué es lo que se puede producir, a lo sumo, en España, ante la tentativa napoleónica de instaurar a su hermano en Madrid? Pues un levantamiento popular, una insurrección como la del Dos de Mayo: se aplasta y se acabó. En alguna otra ciudad puede surgir un pequeño episodio: se liquida y terminado. Ese es el proyecto, la concepción napoleónica en la primavera de 1808.

Con lo que no cuenta Napoleón es con que, precisamente, va a ser el pueblo español capaz de organizarse, capaz de darse esas instituciones políticas y capaz de darse esas instituciones militares, que van a generar un esfuerzo de guerra suficiente como para acabar derrotándole. ¿Por sí solos? No, no. Entonces, tendríamos que valorar qué es lo que han hecho las fuerzas regulares españoles que llevan el peso fundamental de la guerra desde 1808-1814. Pues cosechar una serie de derrotas espantosas. Podríamos decir que el ejército español, entre 1808 y 1814, fue de derrota en derrota hasta la victoria final. Repasen ustedes, hagan mención de Bailén, Tamames, Los Arapiles, Vitoria; bueno, y otras tres o cuatro de menor entidad que estas. Bien, casi todas ellas, si ustedes eluden Bailen, Tamames, han sido ganadas por los ingleses, los angloportugueses, con pequeña colaboración española, un poco más en Vitoria. Pero en el resto, en los Arapiles, hubo 200 heridos españoles y fue más bien de una manera anecdótica, no hubo participación española en Arapiles. Talavera, la batalla de Talavera, que es un triunfo discutible de las armas aliadas, está protagonizada fundamentalmente por los angloportugueses. Y, a partir de ahí, derrotas tras derrotas tras derrotas, desarticulación de un ejército de otro y otro.

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