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D. Emilio de Diego

Presidente de la Asociación de Estudio de la Guerra de la Independencia

España, el infierno de Napoleón. La Guerra de la Independencia

En Bilbao, a 31 de marzo de 2008
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Emilio de Diego

De ahí en adelante, pues, esos órganos del poder nuevo, de la soberanía popular, que han surgiendo como alternativa a la paralización institucional y al rechazo a los proyectos de Napoleón, y esos órganos son las juntas, juntas locales, juntas provinciales que intitulan supremas y soberanas, y que se apresuran a declarar la guerra a Napoleón. Claro, que una cosa es declararla y otra es poder hacerla. Pero muy pronto van a demostrar que la pueden hacer, lo demuestran en Cataluña con los primeros encuentros con el Bruc. Dos encuentros de no gran dimensión, pero que tienen la significación de ser enfrentamientos armados pioneros, en los que partidas irregulares españolas, consiguen hacer retroceder a los franceses en alguna pequeña maniobra que están realizando. No es el caso de extendernos en ello. Y, finalmente culminan en el otro hito de la guerra del que ya no pasaré para volver desde aquí a las claves del conflicto, pero ya situándonos en ello.

Si el Dos de Mayo era el paso de los conflictos privados a la insurrección política y a la insurrección nacional, Bailén, en julio de 1808, es la demostración de que los españoles no son sólo capaces de mover una insurrección que hace proclamas más o menos grandilocuentes, que declara la guerra a Napoleón. No; son capaces de hacerla y son capaces de batir a un cuerpo del ejército francés, y son capaces de demostrar a Europa que Napoleón se ha metido en un avispero cuyas dimensiones no había calculado en principio. Ese es el significado de Bailén: una llamada auténtica a la conciencia de Europa a través de la demostración de la capacidad española para hacer la guerra y no sólo manifiestos.

Bueno, pues vamos a ver cómo fue esa guerra. Esa guerra es un conflicto enormemente complejo. Lo es en muchos órdenes. Les haré un pequeño repaso. Hablar de la Guerra de la Independencia , si no puntualizamos un poco, nos lleva, cuando menos, a la confusión, porque es un conflicto, que me atrevo a denominar, de enorme complejidad. Primero, lo es desde el punto de vista estrictamente militar. Es una guerra a la vez tradicional y moderna. ¿Por qué es tradicional y moderna? Porque se sigue haciendo por el ejercito regular, conforme a las pautas de lo que son los tratados militares anteriores. Bien, pero es que no es sólo eso. Es que, a la vez, es una guerra en la que comienzan a intervenir elementos en una dimensión que hasta entonces no habían sido aplicados en ninguna otra. Por ejemplo, la propaganda. Es decir, comienza a jugar eso que es definitivo en las guerras y eso es verdaderamente moderno. No es que surja en 1808 -toda guerra pasa por una fase previa de ideologización radical y de propaganda-, pero, claro, las dimensiones, el alcance y los efectos es lo que varía y en 1808. Es cuando toma la categoría de verdaderamente determinante. Es un conflicto tradicional y moderno. En ese sentido, regular e irregular. Me refería a que combaten unidades en orden cerrado con las mismas tácticas, con los mismos criterios estratégicos, con los mismos manuales, que fueran tradicionales en los ejércitos del siglo XVIII, sí, pero, aquí, además, va a ver un componente de guerra irregular; eso que llamamos la guerrilla, de la que hablaremos un poco más adelante, que resulta definitivo para el resultado final, para el balance final de la guerra.

Es una guerra dinámica y estática; de grandes movimientos, con desplazamientos de unidades de decenas o de cientos de kilómetros, con territorios que cambian de mano multitud de veces a lo largo del conflicto; y es a la vez una guerra estática, con guerras de sitios de ciudades, algunas de las cuales han entrado en el ámbito más allá incluso de la propia historia para convertirse en leyenda: Zaragoza o Gerona y otras menos conocidas, Ciudad Rodrigo, Badajoz, el propio San Sebastián, etc, etc.

Es una guerra nacional e internacional. Es una guerra nacional porque desde el Dos de Mayo ha surgido una semilla que enraizará en el nacimiento de una nación. No es que antes no haya una nación española; no. Ahora lo que hay es una nación política como sujeto de la soberanía, sujeto de una soberanía que va a culminar en la confección de un nuevo marco jurídico político, que será la constitución de Cádiz, pero que ya está aquí desde el principio. La nación como sujeto de la soberanía política. Nacional. Una guerra nacional en ese sentido. Nacional también porque participan todos los españoles, todas las regiones, todas las autonomías, todos los espacios que queramos señalar y, lo veremos, nacional porque se desarrolla en el marco de toda la España peninsular y aun en cierta medida en América. Pero ciñámonos acá, a este espacio nuestro europeo.

Y también internacional ¿por qué? Internacional porque si no nos asomamos a lo que está pasando fuera y a la incidencia que va tener el conflicto más allá de nuestras fronteras y, a su vez, a la incidencia que tiene acá lo que está ocurriendo al otro lado de los Pirineos, no entenderemos nada. ¿Por qué digo qué es internacional? Mire usted, para empezar, es una guerra internacional porque en la península van a combatir no sólo el ejército napoleónico multiforme y heterogéneo, sino que va a combatir, además, con los españoles, con los ingleses, con los portugueses, con una alianza que va a tratar de hacerle frente, y, finalmente, le va a tirar después de seis años de conflicto. Es una guerra nacional e internacional, cuyas repercusiones obligarán al movimiento de tropas de un extremo a otro de Europa, colocando al emperador en inferioridad, cuando su doctrina política siempre ha sido la superioridad. Es una guerra sólo comprensible desde esta doble perspectiva.

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