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D. Juan Manuel de Prada

Escritor y ganador del Premio Biblioteca Breve 2007

Los riesgos de la memoria histórica. ¿Es mejor olvidar?

En Bilbao, a 19 de marzo de 2007
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Bien, esta frase de Ribot, el psicólogo francés de finales del XIX y principios del XX, "el olvido no es una enfermedad de la memoria, sino una condición para su salud y supervivencia", es una frase que a mí me hizo reflexionar mucho; y que mientras estuve documentando la novela llegué a la conclusión de que, en efecto, no sólo en la conciencia individual, sino también en la conciencia colectiva, el olvido actúa; y a veces actúa benéficamente. Quizá un caso, digamos ejemplar o canónico, podría ser lo que ocurre en Francia, precisamente a la conclusión de la segunda guerra mundial. Francia, como ustedes saben, era una nación extraordinariamente poderosa desde el punto de vista militar en el momento en el que Hitler lanza la ofensiva contra Francia. Francia dispone de más material bélico que el ejército alemán. Aunque nos parezca increíble, tenía más carros de combate que el ejército alemán, tenía un gran ejército, tenía, naturalmente, una historia detrás que respaldaba su condición de potencia, tenía una sociedad que había alcanzado unos niveles de comodidad de prosperidad extraordinarios y tenía una cultura que sin duda alguna era la cultura más rica de Occidente y por extensión podríamos decir del orbe entero. Francia era, pues, quizá, el primer país en aquel momento, en todos los ámbitos, o en casi todos los ámbitos.

Sin embargo, Francia se rinde, se rinde de manera indecorosa, sin apenas prestar resistencia al invasor. La conquista de Francia apenas dura dos semanas. Las tácticas militares que durante la primera guerra mundial habían dado un resultado tan extraordinario y que habían propiciado que finalmente Francia derrotará a Alemania, se vienen abajo. Los héroes de la Primera Guerra Mundial ya no son los héroes de entonces; el ejército francés se colapsa, pero no sólo el ejército, sino también la sociedad. Quizá esto sea lo más duro, durante cuatro años Francia va a vivir bajo la ocupación alemana, como saben ustedes, después del armisticio. Ese armisticio que firma el general Petain para salvar el honor de Francia, según algunos, según otros para entregar a Francia, pues se va a establecer una línea de demarcación. Habrá una Francia "libre", que va a ser la del régimen títere de Vichy, y una Francia ocupada, bajo dominio directo del III Reich, convertida en una provincia, digámoslo así, del III Reich.

Lo que ocurre durante esos cuatro años, quizá sea uno de los episodios más oscuros de la historia. De repente, una nación libre se entrega a la esclavitud y, salvo contadas excepciones, se entrega gozosamente a la esclavitud, porque luego, con el paso del tiempo, hemos ido descubriendo que la resistencia francesa, que ciertamente existió, no existió en la magnitud que imaginábamos, o que la mitología histórica quiso que existiera. La dura durísima realidad es que, durante aquellos años sombríos, Francia y los franceses mayoritariamente aceptaron el dominio alemán, e incluso lo aceptaron en algunos casos gustosamente, hasta convertirse en cómplices de los ocupantes. Esta triste realidad, pues, como digo, tuvo sus excepciones, sus heroicas excepciones por parte de una parte minoritaria del pueblo francés y, luego, eso sí, a medida que la guerra cambia de curso, a partir del año 43, empieza a haber, digamos, lo que se llamó los resistentes de última hora. Es decir, aquellos que ya ven que el curso de la guerra ha cambiado y que, inmediatamente, cambian de bando para hacerse perdonar lo que han estado haciendo durante tres años. Pero, realmente, hubo muchos episodios de ignominia, de ignominia colectiva, de cesión, de rendición; ya no militar, sino, sobre todo social y moral, al invasor. Y eso es así, desgraciadamente.

Bien, después de estos años sombríos, Francia es liberada en el año 44 e, inmediatamente, comienza la depuración, es decir, se entroniza un gobierno provisional, a cuyo mando está el general de Gaulle. Pero al mismo tiempo hay unos grupos indiscriminados, sobre todo de comunistas, que se encargar de llevar a cabo la depuración. Las primeras semanas son terroríficas, se instauran tribunales populares, se asesina a la gente sin juicio, se la tortura, se la somete a todo tipo de vejaciones, luego esto, inmediatamente, empieza a regularse. Pero, claro, el general de Gaulle, muy sabiamente, se da cuenta de una cosa. Dice "si yo permito que se siga haciendo justicia con los colaboracionistas, va a llegar un momento en que esto va a ser la destrucción de la nación francesa, porque, claro, la sociedad francesa ha sido mayoritariamente colaboracionista; entonces, esto hay que pararlo". Ahí, creo yo, que, de manera muy sabia, el general de Gaulle establece una amnistía para los colaboracionistas y, de tal manera, que sólo aquellas personas que han perpetrado delitos de sangre van a ser condenadas.

Y, digamos, que lo que ha sido la colaboración habitual desde la célebre colaboración horizontal, que se denominaba irónicamente a la que se prestaban aquellas mujeres que, bueno, habían entregado sus favores al invasor, hasta todo lo que sería el mercado negro del estraperlo, sobre todos estos delitos o formas de colaboración se corre un piadoso velo, porque se piensa que, de lo contrario, la nación francesa, como digo, se destruiría. Se dieron cuenta que era la mitad de Francia contra la otra mitad o quizá una parte exigua de Francia contra la parte más numerosa, se decide correr, como digo, un velo de olvido.

Claro, quizá el problema de Francia es que nunca se atrevió a descorrer ese velo y, al final, esa mentira, es decir, ese mito de la Francia resistente, de la Francia que no había cedido en ningún momento ante el invasor, que había estado durante cuatro años haciendo su ocupación imposible: ese mito cristalizó. Sobre ese mito se construyó una gran mitología sobre la resistencia, esa resistencia que había sido exigua. Hay que decir, además, que esa resistencia no existió durante el primer año y medio de ocupación, pues, durante año y medio, no hubo ni un solo atentado contra los ocupantes, contra los alemanes. A partir del invierno del año 41, cuando Hitler lanza la Operación Barbarroja, de invasión de la Unión Soviética, es cuando empieza a haber pequeños atentados, al principio llevados a cabo por comunistas, que, por cierto, hasta ese momento habían sido los principales aliados de los ocupantes, los que habían justificado intelectualmente la ocupación alemana. A partir de ese momento empieza a haber una tímida resistencia. En los últimos meses, sobre todo, en los meses previos al desembarco de Normandía, los actos de sabotaje y los atentados de la resistencia son más numerosos. Pero sobre esos actos más o menos numerosos de los últimos meses se construyó un mito que abarcaba todos los años de ocupación y ese mito de forma, digamos, con absoluta falta de pudor se fue agrandando, agrandando, hasta que, realmente, la resistencia se convirtió en uno de los iconos sociales y morales de la Francia de la segunda mitad del siglo XX.

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