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D. Javier Marías, escritor

Presentación del último volúmen de la trilogía 'Tu rostro mañana'

En Bilbao, a 8 de octubre de 2007
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Félix Linares: Parece que hemos tratado hasta ahora la novela en general como profunda, seria, transcendente. Lo es, pero también está atravesada por cierto humor que Javier Marías va desperdigando por las páginas. Esto del complejo K-M ¿te lo has inventado tú o viene de algún sitio? Porque la verdad es que me ha parecido un gran hallazgo.

Javier Marías: Sí, bueno, yo no sé hasta que punto debo mostrar la tramolla, yo no sé hasta qué punto los novelistas deben decir..., es una pregunta que me recuerda a una cosa que sucedió cuando publiqué hace ya 15 años mi novela, quizá más conocida, Corazón tan blanco. Entonces ahí había también el Narrador que era un intérprete de Naciones Unidas, que se dedicaba a traducir en Naciones Unidas y había una escena bastante cómica, yo creo, en la cual tenía que interpretar lo que decían en un encuentro de alto nivel una alto cargo británica y un muy alto cargo español, que la gente en aquel tiempo tendió a identificar con Margaret Thatcher y con Felipe González, pues porque eran los del momento supongo y, bueno, porque tampoco hay muchas "altas cargas", altos cargos, británicas. Entonces, ahí, en esa escena, había un intérprete que se lo llamaba en la novela un "intérprete red", es decir, un segundo intérprete que era una mujer -con la que, de hecho, el Narrador acaba casándose-, para controlar lo que está traduciendo el traductor. Esto es lo adecuado porque, claro, un traductor que de pronto sea malo o que sea un irresponsable, o que sea un infiltrado, puede desatar un conflicto internacional diciendo que Margaret Thatcher ha dicho una cosa que no ha dicho y que Felipe González le ha contestado una impertinencia, entonces. Bueno se llamaba un "intérprete red" y, entonces, recuerdo, que cuando el libro empezó a traducirse a otras lenguas, una de las consultas de los traductores a otras lenguas que me hacían continuamente: "¿sabes cómo se dice esto de 'intérprete red' en el lenguaje, digamos, internacional de los traductores y de los intérpretes de Naciones Unidas? Es que no se dice, es inventada esa figura. Yo recuerdo haber hablado con Eduardo Mendoza -Eduardo Mendoza que es muy amigo mío, y que él sí fue intérprete de Naciones Unidas durante varios años- y me acuerdo que me dijo "esto no existe, es muy verosímil, porque, la verdad, es que debería existir un 'intérprete red', 'red' en el sentido circense, que confirme que, en fin, que el traductor principal está traduciendo lo que debe, pero lo cierto es que no existe, no lo hay, esa figura no la hay, pero todo el mundo creyó que la había porque a todo el mundo le parecía razonable que la hubiera.

Entonces, bueno, aquí, esto me recuerda un poco a lo mismo, en la novela, en este tercer volumen sobre todo se habla del complejo o de la hermandad K-M, o Kennedy Mansfield, que consistiría en el horror narrativo que puede asaltarnos ante la idea de terminar una vida de manera tan llamativa o tan escandalosa que, por así decir, se superponga al conjunto de esa vida, hasta el punto casi de borrar todo lo que se ha hecho con anterioridad. El ejemplo de Kennedy es claro porque al Presidente Kennedy la gente mayor lo recordamos un poco, y sabemos algo de lo que hizo como Presidente de Estados Unidos, pero lo que sin duda sabe todo el mundo y lo primero que le viene a la cabeza a todo el mundo es cómo fue asesinado en Dallas. Eso lo sabe todo el mundo y, es más, si hubiera muerto exactamente a la misma edad -creo que tenía cuarenta y tantos años, un hombre joven-, si hubiera muerto exactamente a la misma edad, en el mismo viaje a Dallas, pero en vez de por disparos porque le hubiera dado un infarto, no estaría tan recordado por esa muerte y, a lo mejor, incluso, se recordaba más de lo que hizo, de lo que proyecto, etc. Pero hay casos, hay muertes, que son tan llamativas, que casi borran todo lo demás y hay personas que temen eso mucho, temen por así decir que eso pueda constituirse en un borrón de tal calibre que, en cierto sentido, anule casi todo lo hecho anteriormente.

Y esto no solamente para personas públicas o personas famosas, también yo recuerdo que en la otra novela mía de hace años Mañana en la batalla de piensa en mí, había unos primeros párrafos que hablaba de las muertes ridículas. Por ejemplo, se decía, imagínense morir atragantado por una espina de pescado, o morir en el barbero, -cuando había barberos- con media cara afeitada y la otra media sin afeitar; hay una serie de elementos de muertes ridículas, o que son vistas como ridículas, que también pueden marcar eso. Yo recuerdo, hay un escritor por ejemplo francés no muy conocido porque murió muy joven, murió con 20, 21 años, pero era una gran promesa de la literatura francesa que murió por una indigestión de marisco con 20 años y, entonces, bueno, escribió pocos libros, pero dos libros en un escritor muy precoz probablemente de lo que lo fui yo, y son dos libros, además, muy apreciables, pero, claro, fueron dos, y lo primero que se recuerda siempre en Francia, donde es más conocido "ah sí, que murió por la intoxicación de marisco" y en realidad es lo principal, entonces, ese horror narrativo de decir ¡ojo! Los finales pueden arruinar el resto. Cómo se termina algo puede emborronar, en unos casos emborronar -claro, también se da lo contrario- todo lo demás. Quizá hay personas -y eso explica, quizá, muchos de los horribles crímenes y absurdos y gratuitos que se producen a veces-, también hay quien puede pensar, "bueno, mi vida es gris, es oscura, pero voy a hacer una cosa bien gorda y terminarla y ser recordado por esto". Entonces, también hay quien lejos de temer eso, busca eso el borrón, lo llamativo, para que por los menos le recuerden por su muerte y por lo que hizo.

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