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D. José Ángel García de Cortázar

Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Cantabria

Memoria histórica, memoria heroica: en el 800 aniversario del 'Cantar de Mío Cid'

En Bilbao, a 15 de enero de 2007
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Recordemos algunos datos. En el poema abundan las referencias encomiásticas y afectivas a Castilla y al temple de sus gentes. Esas referencias se producen por ponderación de lo castellano y no por contraposición a lo leonés. Ni el rey del poema es un leonés taimado que se opone al fiel vasallo castellano ni los infantes de Carrión formaban parte de una nobleza leonesa. Sus posesiones se situaban entre los ríos Cea y Pisuerga, territorio que, desde comienzos del siglo XI, había constituido una especie de bisagra entre León y Castilla y que volvió a ser disputado por los dos reinos en los años de Alfonso VIII.

En cambio, es evidente que, por sus contenidos, el Cantar de Mío Cid compartió sentimientos con otras creaciones que, entre los años 1170 y 1210, contribuyeron a construir la memoria de Castilla como cabeza de los reinos hispánicos y capitana de su lucha contra los musulmanes. Estas creaciones se generaron principalmente en la zona oriental del reino, tuvieron por impulsores a monjes de unos cuantos monasterios y no desdeñaron el apoyo que ocasionalmente recibieron desde el reino de Navarra.

¿Y cuáles fueron los elementos sustantivos de esa memoria histórica relativa a Castilla que se construyó en los años 1170 a 1210? El profesor Javier Peña nos los ha recordado recientemente. Fueron: los jueces Nuño Rasura y Laín Calvo, el conde Fernán González y el Cid Campeador.

El primer polo de articulación de memoria histórica fueron los jueces de Castilla. La leyenda de los jueces de Castilla sostenía, según versiones, que, bien hacia el año 840, bien hacia el 925, los castellanos, enojados por el maltrato que recibían en la corte del rey de León, "eligieron a dos caballeros, no de los más poderosos sino de los más ecuánimes, y los hicieron jueces para que apaciguasen con sus decisiones los desacuerdos y los motivos de querella en su tierra". Uno de los jueces se llamaba Nuño Rasura y, seguimos en la leyenda, uno de sus nietos sería el conde Fernán González. El otro juez fue Laín Calvo y un descendiente suyo sería Rodrigo Díaz de Vivar "el Campeador", cuya hija Cristina se había casado con Ramiro, señor de Monzón, padre de García Ramírez "el Restaurador" del reino de Navarra en 1134.

Según Georges Martin, que la ha estudiado a fondo, la leyenda de los jueces de Castilla nació hacia 1180 en Navarra porque ese reino necesitaba hacerse con una memoria histórica. La monarquía navarra había desaparecido en 1076 y había sido restaurada por un miembro de una rama bastarda en 1134. En estas condiciones, tenía necesidad de demostrar la nobleza de sus ancestros y la legitimidad de sus derechos a ocupar el trono. Con la invención de aquella memoria, los descendientes de García Ramírez "el Restaurador" se equiparaban con los descendientes legítimos del mismo tronco, esto es, con los herederos de Fernando I, hijo de Sancho el Mayor y fundador en 1037 de la dinastía "navarra" en León y Castilla. De esa forma, mientras Nuño Rasura, a través de Fernán González, era la cabeza del linaje de los reyes de Castilla, su compañero Laín Calvo, a través del Cid y de su hija Cristina, casada con el padre de García Ramírez "el Restaurador", se convertía en el ancestro de los reyes de Navarra.

Un segundo polo de articulación de memoria histórica fue el conde Fernán González. La aparición del conde Fernán González (gobernante del condado de Castilla entre 931 y 970) en la cronística del reino de León y Castilla había sido muy modesta hasta 1180. Por aquella fecha, un monje del priorato cluniacense de Santa María de Nájera le abrió las puertas en su Crónica Najerense . En ella, su autor propuso por primera vez la genealogía que vinculaba a Fernán González con el juez Nuño Rasura y, además, recogió la opinión de que el conde "había sacado a los castellanos del yugo de la dominación de León". La aparición de Fernán González en aquella crónica era un indicio claro de que, entre los años 1180 y 1200, se estaba consagrando la memoria del conde como fundador de la patria castellana y adalid de su independencia respecto a León.

En efecto, por los mismos días y más allá de los párrafos que la Crónica Najerense le dedicó, la figura del conde Fernán González se agigantaba en los escriptorios de los monasterios de Arlanza, Silos y San Millán de la Cogolla. En cada uno de ellos los monjes pusieron a su nombre unos cuantos documentos que, haciéndolos pasar falsamente por diplomas del siglo X, elaboraron en el tramo final del siglo XII. El hecho era signo inequívoco del prestigio que el conde estaba adquiriendo en la memoria colectiva. La tarea de falsificación a su nombre fue especialmente asidua en Arlanza y San Millán.

El escriptorio de este último monasterio nos ha dejado un testimonio precioso al respecto: el llamado documento de los "Votos de San Millán". Elaborado hacia 1200, el texto pretendía que, en el año 934, el conde Fernán González había querido mostrar su agradecimiento al ermitaño de época visigoda San Millán, que, en el curso de una batalla contra los musulmanes, había aparecido en el cielo montado en un caballo blanco animando a los guerreros castellanos. Como prueba de gratitud, el conde había dispuesto que los vecinos de todas las villas y aldeas comprendidas entre el mar Cantábrico y Somosierra y los ríos Carrión y Arga abonaran un censo anual al monasterio que conservaba los restos de aquel santo protector, antes ermitaño, ahora soldado.

El documento de los "Votos" tiene, además, para nuestra particular historia de creación de memoria en la Castilla de finales del siglo XII, otro aliciente. En la batalla a que hace referencia, probablemente, la de Simancas del año 939, Fernán González, con sus castellanos y sus alaveses, peleó al lado de Ramiro II, rey de los leoneses, a quienes, por su parte, ayudó un segundo jinete celestial, Santiago. El dato cerraba uno de los círculos de la memoria castellana en torno a 1200: la unión de Castilla y León contra los musulmanes era bendecida y apoyada por Dios, aunque en cada reino a través de su respectivo patrón celestial.

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