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05-10-2008
País Vasco, un alma solidaria
El CORREO presenta los cinco proyectos sociales galardonados en la 1ª edición de su programa de apoyo a los colectivos más desfavorecidos
PREVENCIÓN. Thomas Holdbrook, coordinador del programa. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
El sida no es un mal xenófobo

La Comisión Ciudadana AntiSida de Bizkaia forma agentes de salud en cada comunidad nacional de inmigrantes

Thomas Holdbrook reconoce que la salud no constituye una prioridad para los extranjeros, especialmente de origen africano, que ellos llegan a Europa en busca de trabajo y todo lo demás queda en un segundo plano. «Están sanos, son hombres jóvenes, fuertes y duros, porque, si no es así, resultaría imposible realizar un viaje tan largo y duro». Pero incluso los espíritus más recios sufren flaquezas. «Cuando se instalan aquí, empiezan a tontear con chicas y, si no toman precauciones, pueden sufrir las consecuencias». Él, como coordinador del Programa de Inmigrantes de la Comisión Ciudadana Anti-Sida de Bizkaia, es el responsable de un proyecto destinado a la atención socio-sanitaria de la población foránea que incluye aspectos físicos, psicológicos y sociales, merecedor de una de las ayudas de ‘PaísVasco, un alma solidaria’. El programa impulsa la formación de agentes de salud para comunidades de expatriados. «Siempre he aconsejado a las ONG que cuenten con representantes de cada colectivo porque se convierten en referentes para todos», apunta. «Ellos llegan hasta donde nosotros no podemos y nosotros no esperamos a que vengan», alega y explica que, cada semana, abandonan el local donde atienden y buscan en la calle a los posibles beneficiarios. Los miembros de la Comisión se acercan hasta los corrillos que copan las aceras de San Francisco y les ofrecen información sobre la pandemia y otras enfermedades de transmisión sexual. También les propone participar en sus cursos para, posteriormente, instruir a los suyos en los peligros y problemas que acarrea bajar la guardia ante el posible contagio. «No hay grandes diferencias entre uno y otro origen o por su adscripción religiosa, aunque es evidente que, cuanto más pobre, estará peor informado y el sida no discrimina por origen, riqueza ni color de la piel».

El educador admite que los recién llegados del continente negro no hablan de un drama que diezma sus países de origen, especialmente en la región más meridional. No expone las razones de este tácito pacto de silencio, pero sugiere que pueden deberse a las probables dificultades para encontrar trabajo si se menciona la posibilidad de ser siquiera portador. «Nada diferente de lo que ocurre con los autóctonos».

La formación se desarrolla en módulos de quince días con participación de médicos especializados y desde el año 2000 ha permitido la capacitación de setenta agentes. Tan sólo recientemente han llegado mujeres para aprender. Si bien es cierto que aún la inmensa mayoría de los inmigrantes procedentes de países subsaharianos son hombres, en los últimos años se han incorporado mujeres, quizás acuciadas por la necesidad económica, ya que abundan las que están solteras. Su presencia en las aulas resulta fundamental porque, tal y como reconoce Holdbrook, para los varones resulta muy difícil llegar hasta ellas. «Sobre todo, en el caso de las magrebíes ».

Su divulgación no alcanza a los menores, generalmente provenientes del norte de África, que pululan por la calle, pero el experto considera que su actitud ante el sida es similar a la que tienen los jóvenes nativos de su edad y tampoco no establece diferencias por cuestiones de educación. «Aunque los vascos conocen los riesgos, son tan imprudentes los unos como los otros», lamenta. «Los chavales son chavales en todas partes y su responsabilidad ante la enfermedad tampoco varía».

Un barrio abierto a todos

La asociación trabaja en la acogida de los inmigrantes que se asientan en Alza, populosa área de la periferia de San Sebastián
EXULTANTE. Un grupo de niños disfruta de su tiempo libre en una de las colonias de verano organizadas por Berpiztu. / BERPIZTU


El barrio de Altza es empinadísimo, sinuoso como una culebra y, por qué no decirlo, un tanto agobiante cuando no se conoce a nadie. Se encuentra en la zona este de San Sebastián, donde antaño se construía a diestro y siniestro para dar cabida a las oleadas migratorias de Castilla, Extremadura y Andalucía. El caos urbanístico es la marca de la casa. «Aquí se colocó todo aquello que la ciudad necesitaba para su desarrollo pero no cabía en la urbe. Es decir, a los inmigrantes y el vertedero municipal», explica Álvaro Fernández, coordinador de la Asociación de Iniciativa Social Berpiztu, un colectivo que lleva 22 años luchando por el bienestar de una comunidad que nunca lo ha tenido fácil. Y no piensan tirar la toalla.

Ahora se plantean otro reto: favorecer la integración de los nuevos inmigrantes que, desde hace un par de años, están poblando este territorio. «Es un proyecto muy reciente, modesto pero de mucho calado». Se les ve atando cabos para arrancar a mediados de mes y dar continuidad a la iniciativa. «Nuestro propósito no es más que animarles a participar en nuestras actividades sociales, lúdicas y educativas. Que se sientan igual que los demás. Parece fácil pero exige mucho trabajo previo: hay que recabar información de Cruz Roja, de los servicios sociales del Ayuntamiento y de los centros escolares. Sólo así te vas haciendo una composición de lugar».

Voluntarios inmigrantes

Los recién llegados vienen principalmente de Latinoamérica, aunque también se hacen notar los colectivos del Magreb, Europa del Este y el África negra. En la actualidad, el barrio cuenta con unos 21.500 vecinos y tiene una densidad de 4.175 hab./km2, una de las más elevadas de San Sebastián. No es un barrio que se pueda permitir grandes lujos pero, eso sí, los hay que regalan día a día lo más valioso de su patrimonio. «Lo mejor que tenemos es nuestro cariño. Nunca dejaremos de apoyar al que lo pasa mal. ¡Estas personas nos necesitan!», subraya Joserra Isasa, responsable del proyecto de juventud de Berpiztu. Predican con el ejemplo y, poco a poco, se están abriendo camino: ya han reclutado a varios voluntarios de origen extranjero que facilitan la comunicación con los nuevos vecinos de Altza.

La asociación quiere evitar a toda costa la marginación y desarraigo; no olvidan «los errores del pasado, cuando la avalancha migratoria de los 60» y están convencidos de que el futuro no les pillará desprevenidos. Álvaro Fernández conoce la experiencia de varios barrios de Barcelona y tiene buenos reflejos: «De lo que se trata es de intuir cuanto antes las necesidades y actuar en consecuencia, ahora estamos tanteando el terreno y ayudándoles a echar raíces; es importante que se familiaricen con los recursos municipales, las infraestructuras y sus derechos». Y, cómo no, se vuelcan en los más pequeños, el eslabón más frágil, «donde resulta tan fácil dejar huella ».

En Berpiztu son sumamente cuidadosos, no imponen nada, «cada chaval es libre de venir cuando quiera, bien todos los días o una vez al mes». Aunque, todo hay que decirlo, no les hace falta darse publicidad: en las colonias que organizaron el pasado verano, un 6% de los niños eran hijos de inmigrantes. O sea, dieciocho de 300. Una proporción que no tardará en aumentar, «pues esto no es más que el principio, ¡apenas llevamos año y medio con este tema!». Tiempo suficiente para calar entre la gente. «Todavía me acuerdo de la expresión de aquel crío cubano. Se le veía tan, tan feliz...».

Los progresos son agigantados: ya sea con excursiones, actividades deportivas, juegos o talleres de teatro, «todos ellos dan un salto que luego les permite desenvolverse mucho mejor, se sienten más libres». Fuera del colegio o instituto, no hay roles ni pautas rígidas de comportamiento: los chavales ganan en espontaneidad y, en menos de tres meses, los miedos y angustias se quedan en el baúl de los recuerdos. El acento, los gestos, las comidas y el paisaje de su tierra de adopción se convierten en parte de su vida y, un buen día, descubren que sus mejores amigos se llaman Ainhoa, Koldo o Urko. Todo esto genera una confianza inmensa que siempre repercute positivamente en el rendimiento escolar; cuantas menos preocupaciones tenga el menor, más energía podrá invertir en los estudios.

Y un dato importante: nadie queda fuera de estos programas educativos o de ocio por razones económicas. Si la familia no se puede permitir pagar la cuota anual (50 euros), «la propia asociación le ofrece una beca».

Viaje hacia una nueva vida

El grupo diocesano asesora a aquellos reclusos de Basauri y Nanclares de Oca que se plantean la reinserción y un futuro libre de drogas y violencia

LIBERTAD. Guillermo Ayuso, director de Bidesari. / IGNACIO PÉREZ
Siempre hay un momento, más omenos crítico, en el que nos proponemos un cambio de rumbo, el giro de 180 grados hacia otro destino, radicalmente alejado del que nos conduce nuestra trayectoria natural. Ese propósito puede surgir en la cárcel y apuntar hacia un horizonte en libertad y sin drogas. «Cuando un recluso toma voluntariamente la decisión de abandonar el hábito, nosotros los ayudamos en un itinerario que ha de conducirlo, con garantías, al exterior», explica Guillermo Ayuso, director de Bidesari. Surgida en el seno de la Pastoral Penitenciaria de la diócesis bilbaína, este grupo asiste a los presos en Basauri y Nanclares de Oca y uno de sus fines pretende la reinserción. Su programa, recompensado en la primera edición de ‘País Vasco, un alma solidaria’, parte de ese ánimo y se concreta en entrevistas individualizadas a partir de las cuales se elabora un plan personalizado. «El plan atiende sus tiempos de condena y la perspectiva de solicitar una salida, por ejemplo».

El proceso terapéutico corre en paralelo con el que ofrecen los profesionales y voluntarios de esta agrupación, que atiende específicamente la vertiente educativa. No creen posible una reinserción que sólo atienda la cuestión sanitaria porque la vida de los aspirantes se encuentra muy desestructurada y ha de replantearla para afrontar ese reto. Nadie regala una nueva existencia. En Bidesari les advierten de que han de responsabilizarse de su futuro, comprometerse en el respeto y la confidencialidad de las reuniones, de obligada asistencia, y no sirven coartadas ni lamentaciones. «No vale eso de que no me hacen, no me sacáis o nadie me da nada. No podemos tirar de ellos, sino que hande asumir el protagonismo de supropia recuperación, aunque los acompañemos».

Pero las buenas intenciones están salpicadas por escollos duros y numerosos. Ayudo admite que la cárcel no es el mejor ambiente para conseguir la reinserción. «Es un lugar hostil», señala. Y reconoce que su decisión tiene un enorme valor porque apostan fuerte en un medio en el que abundan las disputas y peleas con otros internos y las relaciones con los funcionarios, a menudo, son complicadas. En cualquier caso, allí se inicia un recorrido que incluye reforzar la autoestima, asumir habilidades sociales o reconocer que la violencia no es la mejor manera de resolver pendencias. «No son agresivos con nosotros y suelen explicar que en la prisión no hay otra manera de resolver los problemas».

Los agentes de la entidad también han de luchar contra la desesperanza que desbarata también muchos de los logros o la falta de formación que complica el desenvolvimiento más allá de los barrotes. «Muchos han delinquido muy jóvenes y han ido acumulando condenas por lo que su vida laboral es muy escasa y solemos intentar que acudan a cursos, que se reciclen o retomen estudios».

La parte del león corresponde a su proyecto personal, a cómo replantear los contactos con la familia, a menudo, inexistentes, aunque, en algunos casos, resultan fundamentales como apoyo. También han de asumir que hay viejas relaciones tan contraproducentes que no deben retomarse, o lo complejo y esencial que resulta construir una nueva red social, quizás otras formas de ocio, y, sobre todo, afrontar los fracasos sin derrumbarse. «Hay que buscar un nuevo sentido a la vida y eso, a los 40 años, por ejemplo, es complicado».

Recursos

Para preparar esa nueva fase, Bidesari dispone, entre otros recursos, de Topaleku, un centro de ocio, y organiza estancias de fin de semana con una periodicidad mensual en la que participan voluntarios. Roberto Vidal, responsable de esta área, explica que la participación desinteresada cumple una doble función. Por un lado, colabora con los educadores en tareas de animación y acompañamiento, por otra, supone un espacio de participación ciudadana. «Es la más importante porque supone una manera de que la gente de la calle, normal y corriente, pueda colaborar con quienes se hallan en prisión y modificar positivamente el ámbito social en el que vive».

La diferente condición de una y otra prisión condiciona también la respuesta. La de Basauri es preventiva y prevalece la población joven, más afectada por la cocaína como toxicomanía predominante, mientras que el centro penitenciario de Nanclares se destina al cumplimiento de condena. Según explican, los primeros son muy impulsivos, con poca experiencia, llenos de miedos y reticencias a entrar, mientras que para muchos de los segundos, con más años de consumo, tal vez con un bagaje de rehabilitaciones inconclusas y escaso apoyo exterior, la ocasión puede ser la primera o, acaso, la última.

Los mayores también surcan el ciberespacio

El proyecto ‘¿Te atreves?’ pretende acercar los efectos positivos de la informática y del mundo de internet a los más veteranos

FORMACIÓN. Voluntarios de Cáritas imparten clases de informática a los mayores. / FERNANDO GÓMEZ

Primera lección: hay que vencer el miedo. Si, tras apretar la tecla incorrecta, la información ofrecida por la pantalla se desvanece misteriosamente, no hay que temer por el futuro del ordenador. «¡A ver si lo voy a romper! Es verdad que a los ancianos les agobia utilizar los nuevos aparatos, pero también es cierto que sienten las mismas preocupaciones que padecimos cualquiera de nosotros cuando nos encontramos inicialmente con una de estas máquinas», asegura Olga Delgado, responsable del programa de mayores de Cáritas Diocesana de Bilbao.

La entidad cuenta con un centro de día, ubicado en pleno corazón del Casco Viejo bilbaíno, que atiende amayores de 60 años en condiciones de vulnerabilidad. «Vivimos en la sociedad de la información, con un ritmo muy rápido y los ancianos, por las dificultades para seguir su evolución, se van alejando de este mundo», advierte Delgado. Entre sus próximos objetivos se encuentra el acercamiento de las nuevas tecnologías a los más veteranos.

‘¿Te atreves?’ es una oferta destinada a cubrir ese creciente abismo digital y ha obtenido una de las ayudas concedidas por ‘País Vasco, un alma solidaria’. En su taller de informática, recientemente instalado, los alumnos ya se esfuerzan con los rudimentos del sistema operativo.. Tras aprender a controlar el evasivo ratón, han comenzado a trabajar con un sencillo procesador de textos. «Nos falta el equipamiento necesario, aún no contamos con acceso a internet », confiesa Lorena Martínez, educadora social.

Ahora bien, además de vencer este temor al desastre involuntario, han de superar otras reticencias. «Ven estos recursos como una herramienta de trabajo destinada a los más jóvenes, pero no como un instrumento para su ocio o el aprendizaje. Han oído o leído artículos sobre su importancia, pero se sienten ajenos de sus prestaciones como si fuera algo que no va con ellos».

Cuando han tenido oportunidad de navegar por la Red, se han sentido sorprendidos por el caudal de información que proporcionan las websites. «No entienden cómo puede acoger tantos datos e imágenes». Además de descubrir el caudal de conocimientos que proporciona el ordenador, los responsables de la institución destacan su valor para estimular aficiones, realizar ejercicios de estimulación o fomentar las aptitudes cognitivas. «Siempre respondiendo a sus necesidades», apuntan y señalan que algunos ya se sienten tentados por la oferta múltiple de sus páginas virtuales. «Nos piden que les busquemos información, sobre todo cuando preparamos una salida».

Los habituales de Egunon Etxea también elaboran un periódico en el que testimonian sus actividades y que se distribuye en otros lugares de atención amayores. El acceso a la información cibernética, las excursiones o la puesta en marcha de un coro son actividades que pretenden dar respuesta a las necesidades de un colectivo que también sufre la marginación. «Lo que más padecen es la soledad porque son personas que, desgraciadamente, han sufrido muchos baches», indican.

La mayor parte de los individuos que frecuentan sus locales son vecinos del barrio, aunque no se hacen distingos en función de la procedencia, según explican sus responsables. «Carecen de relaciones sociales », lamentan. Según explican, se trata de personas que han sufrido importantes baches y arrostran dificultades tan graves como enfermedades mentales o adicciones de larga duración en un ambiente de penuria. «Hay quien nunca ha ido al médico y su salud se halla quebrantada».

Activos como el que más

La asociación ayalesa dispone de un centro ocupacional en el que prepara a los enfermos psíquicos para integrarse en el mundo laboral

SINTONÍA. Un educador social estrecha la mano de un enfermo psíquico que trabaja en el centro ocupacional. /JOSÉ MONTES
Tienen su sede en Llodio y sus siglas parecen un conjuro mágico: ASASAM (Asociación Ayalesa de Familiares y Enfermos Psíquicos). Ciertamente algo de eso tiene: cuando se pasea por sus dependencias, se respira un ambiente muy puro, tranquilo, que inspira todo lo bueno que cada uno se pueda imaginar y, de verdad, entran ganas de quedarse charlando hasta la noche con cualquiera de los trabajadores que se desviven por Iñigo, José Luis,María Jesús, Iñaki... y un largo etcétera de afectados que encuentran aquí un lugar para compartir, hacer amigos, aprender muchas cosas y trabajar. Pocos sitios habrá donde la gente disfruta tantísimo con un mono de trabajo, la cabeza gacha y una bisagra a medio montar en la mano.

Desde 2001, ASASAM cuenta con un centro ocupacional que les ofrece la oportunidad de ejercitar sus habilidades de cara a una futura inserción en el mercado laboral. Es el primer peldaño de un programa más amplio que incluye contactos con empresas y un seguimiento constante, una vez que la persona se convierte en un asalariado más. «En la actualidad, hay unos 20 usuarios en el taller ocupacional y otros tantos en cursos, centros especiales de empleo o incluso firmas ordinarias», explica la psicóloga Oihane Larrazabal. La integración en el mundo del trabajo es una realidad que alegra la vida de muchos afectados, empeñados en ganar un salario con su propio esfuerzo como cualquier hijo de vecino; no sólo los discapacitados mentales sino también los enfermos psíquicos pueden aportar su granito de arena al PIB.

En ASASAM, les preparan poco a poco: tienen un horario de 9.00 a 13.00 horas y dos descansos. Esta jornada incluye una actividad manufacturera que se completa con periodos de formación sobre prevención de riesgos laborales y temas de actualidad como la convivencia intercultural. «Se les enseñan habilidades sociales para relacionarse en un contexto donde hay personas de otros países. Se les dice cómo hay que pedir las cosas, se intercambian impresiones... Todo esto les ayuda mucho». Si tienen que codearse con rumanos o ecuatorianos, tomar un café y reír juntos los chistes, no está de más que tengan algunas nociones sobre cómo comportarse. Igual que cualquiera en su primer viaje al extranjero.

María Jesús, una madre

¿Todo este despliegue de recursos sólo se enfoca hacia una posible salida laboral? Claro que no. La psicóloga Josune Larreategi, fundadora del centro ocupacional, recuerda que «este espacio cumple en sí mismo con un objetivo, porque no todos los usuarios se encuentran en condiciones de trabajar fuera de ASASAM». En algunos casos, el trato con otras personas, un horario fijo y la rutina de una tarea mecánica bastan para aliviar a los enfermos. Y es que hay momentos de lucidez que hacen daño. Esto lo sabe muy bien María Jesús, una mujer de mirada serena que habla con el corazón.

«Tengo 42 años y no quiero que me vean como un bicho raro, como si no sirviera para nada. Por eso vengo aquí. Me siento útil. Además, mientras trabajo con las bisagras, no pienso en cosas malas. Es que yo tengo dos hijos. Y si estuvieran conmigo de continuo, sería la mujer más feliz del mundo... ¡Ser madre en este mundo es mucho! Yo comparto un piso con una chica... Pero luego, cuando les veo, siempre me digo lo mismo: ‘Dios mío, tienes todo lo que quieres, ¿qué más puedes desear?’ Me alegra tanto que se encuentren bien atendidos, creciendo y estudiando...»

–Deben estar muy orgullosos de usted, María Jesús.

–Ay, sí. ¿Sabe que el lunes nos dieron un premio? Vine de Bilbao más contenta y más emocionada... Casi no dormí. Aquello era como un sueño. Me metí en la cama y no podía dejar de pensar en ello. Era feliz.Muy feliz, porque el premio también es mío.Me lo he ganado a pulso. Día a día. Es lo que me dicen en ASASAM. Y es verdad. Yo sé que es verdad.

Un jurado con compromiso cívico

Mikel Ruiz, Teresa Infante, Jokin Bildarratz, José Ignacio Eguizábal, Ángel Toña, Alfonso Dubois, Luis Fernando Consuegra, José Ángel Cuerda.
La iniciativa País Vasco, un alma solidaria ha contado con un jurado integrado por un panel de personalidades de acreditado prestigio en el ámbito de la solidaridad. El jurado, integrado también por dos representantes de EL CORREO, Carmen Manrique, directora de Marketing, y Pedro Ontoso, subdirector del diario, ha adoptado su última decisión tras un trabajo previo realizado por Leyre Atxa, consultora especializada en el mundo de las ONG. Estas son algunas de sus reflexiones sobre la primera edición de este programa y las actuaciones en favor de los sectores más desfavorecidos.



Mikel Ruiz


DIRECTOR DE CÁRITAS DE BILBAO

«Supone un estímulo para seguir en la labor y también una oportunidad para que el medio de comunicación y las entidades se conozcan mejor y puedan colaborar en la manera de presentar lo social desde otra óptica, con una voluntad de transformar la realidad injusta».

Teresa Infante
PRESIDENTA DEL COMITÉ VASCO DE UNICEF

«En Unicef valoramos muy positivamente iniciativas como ‘Alma Solidaria’. Los medios de comunicación disponen de un instrumento inmejorable para ejercer un papel de movilización social a favor de los más desfavorecidos, no sólo dando a conocer a la opinión pública acciones como los proyectos y organizaciones presentados en estos premios, sino también comprometiéndose en la consecución de un mundo más próspero y justo».

Jokin Bildarratz
PRESIDENTE DE EUDEL

«La experiencia ha sido muy gratificante. En EUDEL entendimos que debíamos apoyar en nombre de todos los ayuntamientos una iniciativa que estimula los esfuerzos de las ONGs que trabajan aquí. Y como su presidente, al haber podido tomar parte de un jurado que tenía entre manos una decisión complicada, pero que nos ha servido de estímulo para aprender de esa gente con ganas de hacer cosas desinteresadamente por los más desfavorecidos. Gracias y ánimo en vuestra labor diaria. Os necesitamos ».

José Ignacio Eguizábal
DIRECTOR DE ALBOAN

«El valor de difusión de otra manera de entender la sociedad, incluso de que EL CORREO introduzca en su identidad el valor de la solidaridad, lo que significa un reto tanto para el diario como para las organizaciones ya que han de ofrecer alternativas de interés desde el punto de vista periodístico ».

Ángel Toña
PRESIDENTE DE FIARE

«Estoy favorablemente sorprendido por la respuesta obtenida, la carga emotiva del acto organizado por EL CORREO, por el número y la calidad de los proyectos presentados, lo que demuestra el gran potencial de iniciativa solidaria de este país».

Alfonso Dubois
PREMIO PERSONA VASCA COOPERANTE

«Cuando uno tiene la oportunidad de participar en un acto como el celebrado por EL CORREO, inevitablemente se siente cercano a esas instituciones y su emoción por un trabajo al fin reconocido y que espero siga siendo divulgado por el periódico».

Luis Fernando Consuegra
VICECONSEJERO DE ASUNTOS SOCIALES

«La iniciativa País Vasco, un alma solidaria es una ventana para comprobar y difundir esa enorme riqueza que es la capacidad transformadora del compromiso cívico, porque los testimonios presentados por las entidades demuestran cómo puede mejorar e, incluso, transformar la vida de las gentes».

José Ángel Cuerda
EX ALCALDE DE VITORIA

«La convocatoria de EL CORREO de los premios País Vasco, un alma solidaria sólo puede entenderse desde el compromiso de este medio de comunicación por potenciar el poder solidario para avanzar hacia una sociedad en la que prime la equidad, el respeto, la cooperación y la igualdad. Junto, o frente, a los poderes político y económico, la solidaridad es la herramienta básica para trabajar fraternalmente por la dignidad de todos los seres humanos. Tengo plena confianza en que Alma solidaria será siempre una constante en las páginas y en la trayectoria mediática de EL CORREO y de todo

su grupo».

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