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18-05-2008
«La solidaridad no se puede delegar»
Cree que instituciones y entidades sociales deben complementarse en la lucha contra la exclusión
El consejero del Gobierno vasco, Javier Madrazo.
El consejero de Vivienda y Asuntos Sociales destaca la existencia de instituciones autonómicas pioneras en el ámbito del voluntariado, el bienestar social y la cooperación internacional al desarrollo. «Estamos desarrollando planes que concreten esas leyes», indica Javier Madrazo y señala que la población de Euskadi es modélica en el plano solidario por el tejido propiciado por las entidades sociales y el compromiso con numerosas causas justas. A ese respecto, considera que el programa ‘País Vasco, un alma solidaria’, organizado por EL CORREO con el patrocinio de la Asociación de Municipios Vascos, Caja Laboral y el Gobierno Vasco, viene a reforzar una situación positiva. «Pero, hay que avanzar mucho más», advierte.

–¿La fama solidaria de la sociedad vascas se encuentra justificada?

–El nivel de asociacionismo nos sitúa a la cabeza del Estado en el compromiso. También la inversión pública, con ese horizonte del 0,7% del presupuesto para el 2012, y las leyes pioneras en el campo del bienestar público, los servicios sociales y el voluntariado, normas que apuestan por reforzarlo cuantitativa y cualitativamente. No es una visión autocomplaciente, aunque su dimensión dentro del conjunto de la sociedad no deja de ser minoritaria.

–Tal vez porque un amplio sector de esa sociedad piensa que los problemas de la exclusión han de ser asumidos por la clase política que ha elegido y gestiona sus impuestos.

–Quizás algunos lo vean así, y evidentemente las instituciones tienen una misión que cumplir en la lucha contra las desigualdades y en la consecución de un mundo mejor. Pero las personas, por el hecho de serlo, tienen obligaciones sociales públicas ligadas al compromiso ético de dar sentido a una vida y no ser ajeno a lo que pasa en el mundo. La solidaridad es un compromiso ineludible que no se puede delegar. Las personas adquirimos nuestro sentido en un contexto social y, sin él, no podemos desarrollarnos. Nos concierne porque nuestra felicidad también tiene que ver con la felicidad de los demás y en un contexto injusto no podemos serlo si no es trabajando para que otros lo sean.

–¿Dónde acaba la intervención pública y comienza la participación social?

–No hay limites definidos, sino que se trata de planos complementarios, y, por tanto, ambos resultan necesarios. Las instituciones y la sociedad juegan cada uno su papel, distinto, aunque el trabajo de las entidades no es eficaz sin el apoyo oficial. Lo mismo ocurre a la inversa, porque, sin ellas, la política oficial sería generalista, o quedaría en un plano formal, de los procedimientos, pero sin un efecto directo en la realidad. Para conseguir ese fin, se necesita un acompañamiento social. Creo que todos tenemos que asumir la responsabilidad de luchar por un mundo mejor y más justo. Nos compete a la sociedad y a la Administración, y también a los medios de comunicación.

–EL CORREO se ha comprometido ahora con un programa de dotación económica.

–Yo no lo desligo de la concienciación. Los medios juegan un papel político, además de dar información, influyen con su línea editorial, no son neutrales. Ese papel lo tienen que jugar asimismo en el ámbito social como agentes activos para dotarnos de un mayor compromiso social. Aquí se inserta esta iniciativa de incentivar la solidaridad con proyectos, de animar a las entidades para que se apliquen. Tiene el efecto de fomentar las buenas prácticas. Lo importante es que el proyecto no sea puntual y aislado, sino que adquiera continuidad en el tiempo, que sea estructural.

El Cuarto Mundo

–¿Cuáles son los ámbitos que precisan mayor esfuerzo?

–Hay mucho por hacer, tenemos que proponernos metas superiores, y llegar a áreas de intervención adonde las instituciones hoy no llegamos. Hablo de las necesidades de la tercera edad y por evitar la exclusión social, ese denominado Cuarto Mundo que tenemos al lado. Tampoco hemos de olvidar la intervención en el sector del medio ambiente, para que sea sano y sostenible, o a favor de la infancia vulnerable, en el deporte o el tiempo libre. Nos referimos a muchas cosas que se pueden hacer y donde todo el mundo puede aportar su granito de arena.

–¿El impulso de la cooperación internacional al desarrollo no genera mayor imagen y más réditos políticos que la intervención social local?

–No los contrapondría. Los dos son necesarios. Existen muchas necesidades dentro y fuera de Euskadi. Para ser eficaces en el Sur hay que sensibilizar aquí, y para que el trabajo de los cooperantes resulte positivo se precisa la sensibilidad para con esas realidades y así canalizar fondos hacia los programas que allí se ponen en práctica. En cualquier caso, aquí tenemos también duras realidades de exclusión.

–¿De qué hablamos cuando nos referimos al Cuarto Mundo? Según un informe reciente del Barómetro Social del Estado, en nuestra Comunidad, el 17,3% de la población no llega a fin de mes y un 29,5 vive al día. ¿Quiere decir eso que la mitad de la población se encuentra en una situación de riesgo?

–Todas las estadísticas son interpretables. Sin entrar en porcentajes, es cierto que existe un sector en situación de dificultad, caso de los mayores, con necesidades materiales y de soledad, que precisan de acompañamiento porque no tienen familia o los han abandonado a su suerte. Me refiero a viudas con escasos recursos, sectores que han quedado descolgados del tren del desarrollo, acaso por fracasos personales, víctimas del desempleo, familias monoparentales que sufren estrecheces, los sin techo, quienes sufren drogodependencias o alcoholismo. El campo es inmenso y todo el mundo puede aportar algo para combatir estos problemas.

–Luego, no aludimos a un fenómeno que sólo se puede abordar con fondos

–No, yo veo personas felices que atienden comedores sociales, individuos que ceden su tiempo a comunidades terapéuticas donde realizan talleres o cualquier otra tarea concreta de apoyo, a jóvenes que dedican su tiempo a visitar enfermos o ancianos. Esa gente ha optado por dejar, durante un rato, de contemplar la televisión o la partida en el bar, y se hallan prestando su servicio esencial.

–La inmigración es un fenómeno creciente. ¿Corremos el riesgo de generar bolsas de exclusión económica e, incluso, física?

–Estamos planificando recursos sociales para evitar la formación de guetos, la base donde tienen lugar los estallidos sociales. Propiciamos la inserción laboral, queremos regularizar su situación, que se ganen la vida honradamente, que no vivan de ayudas sociales.
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