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Artículos de la Convocatoria
01-06-2008
El voluntariado invisible
El acompañamiento de personas mayores que se encuentran solas es una forma de solidaridad muy necesaria, pero poco estimada aún por la sociedad
Voluntarias de Cruz Roja visitan a ancianos.
No hay ambulancias ni se trata de ningún tipo de emergencia que requiera premura y sirenas, pero pocas labores de Cruz Roja acumulan tan elevado número de colaboradores, y en el ámbito de la intervención social constituyen la más nutrida. El Centro Pausoka de Bilbao, entidad perteneciente a esta gran organización solidaria, ofrece diversos recursos para las personas mayores y acaba de cumplir quince años de funcionamiento en la capital vizcaína. Sin embargo, aún hoy, su principal función es aquella que motivó su creación: proporcionar acompañamiento para quien precisa de una visita, una presencia amiga que rompa el habitual aislamiento y el confinamiento entre las paredes del hogar. En una populosa ciudad, muchos vecinos viven sin apenas contacto con la realidad circundante y apenas saben lo que ocurre a su alrededor más allá de lo que escuchan y ven por la televisión. «Hay gente anciana que está o se siente sola tras haber perdido su red social por fallecimiento o cambio de domicilio», explica Elsa López, responsable de este servicio. «A menudo, nuestros voluntarios son la única visita que reciben a lo largo de la semana, aparte de la ayuda que concede el ayuntamiento de lunes a viernes». Hay situaciones que se sobrellevan, pero también dramas íntimos en los que nadie repara. «Podemos ser el único nexo de unión del individuo con el entorno », señala.

El valor del tiempo

En las oficinas de Pausoka también se facilita información sobre la Ley de Dependencia y medidas asistenciales, centros de día y hogares de jubilados, incluso se ofrece el préstamo gratuito e indefinido de camas articuladas o sillas de ruedas. El pasado año, 280 personas acudieron a domicilios particulares y residencias para visitar a los beneficiarios, compartieron charla, quizás jugaron una partida o dieron un paseo. «Cuando llega el buen tiempo, mucha gente nos lo solicita», apunta Elsa. Aunque reciben casos desde los servicios sociales de base, buena parte de sus usuarios llegan a través de la información boca a boca, en un goteo de demandas. La gestora reconoce la falta de sensibilización sobre estas carencias. «Es un voluntariado invisible », admite, y lamenta la falta de conciencia sobre la soledad de los mayores. «La mayor satisfacción nos llega desde los usuarios y sus familias, sin duda alguna. El colectivo de la tercera edad ha estado siempre apartado y poco valorado ». Aunque Cruz Roja intenta fomentar periódicamente el conocimiento de sus problemas, reconoce que la opinión pública no parece atender esta demanda como precisa. «Creo que siempre la ha relegado frente a otras necesidades ». Formas de participación social tan solidarias como esta modalidad del tercer sector se encuentran entre los objetivos del programa ‘Alma Solidaria’, la iniciativa de EL CORREO en colaboración con la Consejería de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno vasco, la Asociación de Municipios Vascos- Eudel y Caja Laboral. En opinión de Elsa López, los apoyos económicos son importantes, pero los humanos resultan ineludibles. «Cuantos más casos atendamos, más recursos humanos precisaremos», indica. En su opinión, hay cabida para una atención mayor de la que otorgan en la actualidad. «Por supuesto, no se acaba donde llegamos. Tardamos en atender a muchos beneficiarios y dependeos de las temporadas altas y bajas del voluntariado ». En cualquier caso, pocas ONG pueden hacer gala de contar con tal volumen de colaboradores. Organizado en coordinadoras de zona, se autogestionan con el apoyo de los profesionales. El proyecto cuenta con jóvenes, generalmente estudiantes de Psicología o Trabajo Social, que prestan su tiempo para llevar a cabo actividades de estimulación cognitiva, pero la gran mayoría del equipo de Pausoka está formado por voluntarios que superan los cincuenta y cinco años, jubilados o prejubilados, y numerosas amas de casa. «Nosotros estamos abiertos a todos, pero reconocemos que este perfil resulta especialmente atractivo, supone una garantía de calidad», admite la gestora. La disponibilidad de tiempo, la madurez que requiere afrontar complejas problemáticas y la facilidad para la comunicación de quien ha experimentado similares vivencias favorecen la relación. «No se asustan ante los retos», alega López, que lamenta la actitud de muchas personas dispuestas a ceder sus horas libres por los demás, pero reticentes ante el temor de no ser válidos para ningún empeño. «Hay quien piensa que no vale para temas más dinámicos; pues bien, aquí tiene una oportunidad». También acuden hasta Pausoka personas que solicitan acompañamiento y se encuentran que su solicitud se convierte en requerimiento. «A veces les decimos: ¿por qué no lo das tú? ¿Por qué no vas a ver a otras personas que no pueden desplazarse? Es una estupenda manera de aportar su buena voluntad y sentirse útiles».
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